¿Por qué el Estado Islámico ataca el patrimonio cultural? 

Artículo publicado el 18 de Junio de 2015
Artículo publicado el 18 de Junio de 2015

Desde hace unos años, todos los días oímos hablar del Estado Islámico y de la amenaza que supone para Oriente Medio y para el mundo en general. Después de la crueldad con la que han actuado en contra de las poblaciones locales y los periodistas extranjeros, el mundo se enfrenta a otro tipo de barbarie: la violencia cultural. 

Una oda a la ignorancia

El Estado Islámico (EI) es una organización terrorista que tiene como objetivo crear un califato, es decir, una nación gobernada por un califa. Este último es "la máxima autoridad entre los fieles (…), el encargado de mantener la unidad del mundo islámico, garantizar su defensa y su extensión, preservar el dogma contra toda innovación y gobernar el imperio".

Era importante definir el término 'califa', puesto que en esa definición se encuentran los fundamentos mismos del Estado Islámico. De hecho, el EI no solo está tratando de asegurar su expansión, sino que lucha con todas sus fuerzas para impedir cualquier innovación, revalorizando incluso el arcaísmo. Busca borrar toda huella de cultura y de conocimiento, ya que rechaza todas las que no correspondan a una lectura fundamentalista del Corán, esas que forman parte de una socidad que el EI desprecia.

Por último, destruyendo monumentos históricos como Palmira, DAESH (el acrónimo en árabe de Estado Islámico), quiere asentar su autoridad en Irak y Siria mediante la erradicación de sus respectivas identidades culturales.  

La toma de Palmira, una catástrofe mucho más que cultural

"Este ataque es mucho más que una tragedia cultural. Es también una cuestión de seguridad, porque alimenta el sectarismo, el extremismo violento y el conflicto en Irak". Estas fueron las palabras de la directora general de la UNESCO, Irina Bokova, después de la destrucción del Museo de Mosul, en Irak. Y no se equivoca, ya que la destrucción de ese inestimable patrimonio sirve a los intereses del EI a muchos niveles. En primer lugar, es una herramienta de terror y de manipulación dirigida a las poblaciones locales. De este modo, a través de un vídeo colgado por la organización terrorista en Internet, podemos ver a un hombre perteneciente al EI decir: "musulmanes, estas reliquias que veis detrás de mí son los ídolos que se veneraban en lugar de Alá hace siglos". Indirectamente quiere decir: "si creeis en un solo y único Dios, debería indignaros que tales lugares de culto consagrados a otros ídolos estén presentes en tierras musulmanas". Todo esto se hace para volver a los orígenes del Islam, al momento en el que el profeta Mahoma destruyó esculturas de ídolos veneradas por personas consideradas herejes.

Por otro lado, la destrucción e invasión de estos lugares de culto milenarios permiten a DAESH robar y vender obras de incalculable valor en el mercado negro. De hecho, esto permite al grupo terrorista financiarse y aprovecharse de las múltiples riquezas culturales de la región. Evidentemente, ellos no llegarían a vender las piezas más conocidas -aunque querrían-, por lo que se conforman con mosaicos y otras estatuillas que pueden ser mucho más fáciles de colocar en el mercado negro.

Según una encuesta realizada por el periódico británico The Guardian, el saqueo de la región de Al-Nabuk en Siria habría reportado al Estado Islámico más de 28 millones de euros. 

La cultura mesopotámica en peligro

Observando el inexorable avance del Estado Islámico, surgen varias preguntas acerca de cómo sería posible restaurar y proteger la cultura mesopotámica o si una intervención militar podría acabar con estas atrocidades, entre otras.

En primer lugar, hay que evaluar los estragos provocados por los saqueos y destrucciones perpetradas por los terroristas. Sin embargo, es muy difícil acceder a zonas todavía en guerra y bajo la influencia del EI. Para hacerlo, Philippe Lalliot, embajador de Francia ante la UNESCO, baraja la posibilidad de utilizar imágenes de satélite que permitan compararlas con imágenes tomadas unos años antes, lo que permitirá hacer un inventario bastante preciso para emprender una misión de rehabilitación.

Pero más allá de la rehabilitación de obras culturales ya deterioradas ¿cómo proteger las que todavía están intactas?

Una intervención militar directa (es decir, un envío de fuerzas armadas) de la coalición liderada por Estados Unidos no está en el orden del día. Eso no impide que países como Francia o Reino Unido estén, de alguna manera, en primera línea. De hecho, los franceses ya han enviado fuerzas especiales, así como armas punteras para ayudar e instruir al ejército kurdo en la utilización de esas armas.

Además, esa misma coalición ya ha efectuado bombardeos para debilitar al Estado Islámico. Y eso parece que está dando sus frutos, ya que Barack Obama declaró recientemente que esos bombardeos provocaron bajas importantes en las tropas armadas del EI que se pueden cifrar en unos 1.000 muertos al mes. Sin embargo, ¿cómo impedir que el patrimonio cultural mesopotámico sea utilizado por los terroristas de DAESH como escudo frente a esos bombardeos? Se trata de una cuestión espinosa, entre tantas otras, a la que los principaless responsables políticos del mundo tendrían que responder para evitar la desaparición de uno de los más bellos patrimonios culturales del mundo.