Por qué el grupo turco Kim Ki O no triunfa en Europa

Artículo publicado el 1 de Septiembre de 2009
Artículo publicado el 1 de Septiembre de 2009
La élite del pop sueco les adora, pero la burocracia de la UE impide a Ekin Sanac y Berna Göl que triunfen en Europa. En Estambul, la música es un puente inestable entre oriente y occidente. Primera parte de un reportaje especial, ganador sueco del premio de periodismo joven 2009

Estambul es la única ciudad del mundo que abarca dos continentes. Las guías la describen como una ciudad de contrastes, en la cual se yuxtaponen mezquitas centenarias y discotecas a la última. Los más conservadores y los más liberales se suben a los mismos tranvías. Por un lado no le faltan razón a las guías, el estrecho del Bósforo concretiza la división entre oriente y occidente. Pero la vía marítima no supone una barrera: miles de personas la usan a diario para desplazarse al trabajo. Viajar de Asia a Europa, de Kadiköy a Karaköy, sale por 1,30 liras turcas, unos 60 céntimos aproximadamente. Resulta mucho más difícil cruzar la frontera en dirección opuesta, hacia el resto de Europa.

(Foto: ©Clara Bergström)

Visado, compañeros de cartel y petición de mano 

“¿¡Vamos a perdernos el concierto francés también!?” Dice preocupada Ekin Sanac al abrir la puerta. El suspiro de Berna Göl se pierde en el eco de las paredes de mármol del vestíbulo. Nos encontramos en Göztepe, un barrio tranquilo del lado asiático. Es martes por la tarde y Ekin y Berna se reúnen para el último ensayo antes de su concierto del jueves en una sala de estar de tonos caoba. El concierto del jueves supone el ensayo general previo a su gira europea con el músico independiente sueco Jens Lekman. Los suspiros de ambas se deben a un correo electrónico del organizador del concierto.

Han surgido complicaciones con su visado para la gira, y no es la primera vez. Ahora que han encontrado el modo de entrar en Francia, de repente es ilegal que aparezcan sobre el escenario. A efectos legales constituye trabajo remunerado y según su visado son turistas. Ya han cancelado su actuación en Suiza. “¿No podemos aducir que no es necesario ganar dinero?” Exclama Berna, encendiendo un cigarrillo en la mesa. Suena como si fuese a Ekin a quien tratase de convencer, pero es consciente que la burocracia es más complicada que eso.

(Foto: ©Clara Bergström)

Cinco minutos después se están riendo de nuevo. La nicotina ha surtido su efecto tranquilizador. Ekin y Berna beben té en vasos con forma de tulipán y me ofrecen bombones del compromiso de Ekin. Aun así están contentas, les basta tener la mínima oportunidad de ir. Faltan dos semanas. Primero hay un concierto en casa, de teloneras de Lekman, supone una oportunidad de convencerle de que ha tomado la decisión correcta al invitarlas a que se sumasen a la gira. “Es más difícil encontrar un buen compañero de cartel que pareja para el matrimonio. Somos opuestos, pero nos entendemos de un modo especial”, dice Ekin, que es tranquila y taciturna, pero no especialmente tímida. 

“La única razón sensata para casarse es poder juntar las colecciones de música”

Se siente más cómoda escribiendo que hablando y se gana la vida como editora de una revista cultural. Está a gusto en Göztepe y no le gusta el caos del lado europeo. Este verano se ha ido de casa de sus padres por primera vez. Su novio Baris y ella han decidido casarse. “La única razón sensata para casarse es poder juntar las colecciones de música”, dice Berna. Se crió en el lado europeo y ahora está viviendo con su hermano mayor después de su regreso hace unas semanas de Holanda, donde estuvo en un intercambio estudiantil. Fue allí donde rompió con su novio. Habla mucho y se compenetra mucho con lo que dice, bromea y gesticula cuando no le bastan las palabras.

Kim Ki O 

Ambas se conocieron a los once años en el colegio internacional estadounidense de Estambul. Sus padres les animaban a estudiar. Alguien que diese la nota para el colegio privado estadounidense no podía dejar pasar la oportunidad. El entorno del colegio era creativo, pero jerárquico. Se les enseñaba pensamiento crítico a la vez que se le exigía llevar uniforme como es debido. Las estudiantes inglesas de la escuela les abrieron el mundo de la música pop occidental. Los discos eran difíciles de encontrar, pero sus esfuerzos se vieron recompensados. Llevar zapatos Doc Martens y estar al día de los grupos más actuales les supuso amigos nuevos, mayores que ellas, y acudir a fiestas. Pero en clase se les consideraba cada vez más raras, rebeldes que no comían carne ni llevaban maquillaje. Después de los exámenes, Ekin y Berna perdieron el contacto.

Hace aproximadamente dos años, las dos comenzaron a encontrarse en varias discotecas y conciertos. Ekin le preguntó a Berna si le gustaría montar un grupo musical de chicas con ella. A las pocas semanas habían reunido todo el equipo necesario. Ekin ya había convencido a sus padres de que los ensayos en la sala de estar no molestarían a los vecinos más que el constante visionado de películas de su padre. Así nació Kim Ki O. Sus canciones pop melancólicas suponían un atajo a Europa, a la vez que rebelaban una actitud hacia Europa. Escribir canciones en turco es todo un reto, pero a Ekin y Berna les parece importante intentarlo en serio. La gramática presenta dificultades. La combinación de multitud de casos gramaticales y una serie de reglas dificulta la división silábica de las palabras. Para muchos las letras tratan solo de corazones rotos. Pero las relaciones pueden presentarse bajo muchas guisas. Kim Ki O juega con las palabras de un modo que transmite pareceres que son normalmente difíciles de articular.

El estado deprimente de la política turca

“Nuestras madres agradecen poder llevar una vida tan libre, pero que para nosotras va a ser peor”

Berna me pregunta si he visto la película de Marjane Satrapis, Persépolis, piensa que el país se encuentra en una situación similar a la del Irán previo a 1979. Se extiende la paranoia, de poco sirve el sufragio. Sus padres tienen la sensación de que algo va a pasar. Nadie sabe qué. “Nuestras madres suelen decir que están agradecidas de poder llevar una vida tan libre, pero que para nosotras va a ser peor”. Al hablar de política, voces esperanzadas dan paso a voces quedas, precavidas. Se vuelven muy vagas, como si los hechos solo llevasen a la frustración. Las preguntas relativas a problemas específicos son recibidas con silencios y encogimiento de hombros. Están bien informadas, pero falta la esperanza. Puede que salga a luz entre amigos tras unos tragos del tradicional licor de anís…

No te pierdas la segunda parte en la que las chicas discuten la situación política en Turquía, consideran a la UE como solución y llevan a cabo su último concierto antes de, si el visado lo permite, dirigirse a Europa.

*El presente artículo ganó el Premio Joven Periodista Europeo 2009 correspondiente a Suecia.