¿Por qué hacer una práctica en el Parlamento Europeo?

Artículo publicado el 20 de Enero de 2009
Artículo publicado el 20 de Enero de 2009

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¿Quiere vivir Europa al día a día? Nada mejor que una práctica en el Parlamento de Bruselas, en sus laberintos, hemiciclo y comedor. Bueno, con la condición de negociar bien el salario y horarios…

Digamos las cosas como son (o mejor, como no son): el prototipo de practicante en el Parlamento Europeo (PE) no existe. En efecto, los practicantes oficiales del PE, seleccionados por un procedimiento oficial muy riguroso, se cruzan y frecuentan con los practicantes de los grupos políticos a los que se añaden los practicantes reclutados directamente por los diputados europeos, y eso de manera totalmente independiente. Así, son numerosas las vías y los obstáculos para convertirse en practicante en el (o del) PE y, cuando al fin se penetra por la primera vez los corredores de esta honorable institución, se siente a la vez orgullo y temor, curiosidad y responsabilidad, prisa y respeto.

Un islote de actividad

Islote de actividad

Alexandre Glogowski / flickrTal cual un niño en vacaciones sobre una isla exótica, se constata rápidamente y con sorpresa que el Parlamento constituye un mundo perfectamente autónomo. Parecido a un pequeño pueblo, el microcosmos parlamentario ofrece todo el cotidiano necesario, incluso más que eso: en un espacio de comodidad y lujo se encuentran peluqueros, correos, tres bancos, centro de información de la ciudad de Bruselas, supermercado, varios estancos, centros deportivos súper-equipados, garaje de cuatro pisos, sandwichería y cantina.

Sin embargo, ser pasante en el PE constituye un cierto peligro, o por lo menos tentación de integrarse exclusivamente en el ‘círculo europeo’ y privarse así, más o menos voluntariamente, de todo contacto con el mundo exterior. En efecto, las redes de practicantes y funcionarios europeos funcionan muy bien, con su centro en la Plaza de Luxemburgo y sus múltiples cafés, pero estos no inician ninguna interacción o proyecto común con el mundo estudiantil por ejemplo, lo que crea arrepentimiento en un buen número de practicantes. Para evitar esto se creó la EPSA (European Parliament Stagiaires Association), una asociación que se dice abierta al exterior y cuyo presidente, Alejandro Jiménez García, afirmó que desea “un acercamiento y una integración de los practicantes en la ciudad de Bruselas, especialmente la estudiantil, para evitar un aislamiento y un elitismo sectario”.

Tensiones y ventajas

Anyhoo / flickrEn cuanto al trabajo efectivo de los practicantes en el PE, es difícil trazar algunas líneas principales, ya que a cada practicante le son confiadas tareas diversas y singulares (síntesis, informes, enmiendas, trabajos preparatorios, artículos…) lo que depende antes que nada del jefe de la práctica, del servicio, de la decisión e incluso del país de origen. Es por eso que EPSA aboga por el tratamiento igualitario, especialmente en términos de remuneración (los diputados acuerdan o no una remuneración de manera completamente discrecional, y son numerosos los practicantes no pagados). Finalmente, son los horarios irregulares que presentan un aspecto algo más exigente, ya que algunos practicantes soportan mal los desplazamientos a Estrasburgo para la sesión plenaria e incluso jornadas de trabajo que a veces se acaban a las 8 de la noche.

Nuevos conocimientos, un medio internacional e intelectualmente estimulante, contactos profesionales, diversidad de puntos de vista, apasionantes debates contradictorios y democracia en práctica en la cotidianidad, ahí están solo algunas de las ventajas excepcionales que son ofrecidas en las prácticas del PE. Ser practicante en el Parlamento lleva a escuchar, medir los pulsos mismos de la Unión Europea. Unas veces grita y se acelera, otra susurra o tartamudea, pero siempre bate, a través de las ideas de los partidos, la acción de los diputados, el trabajo minucioso de los asistentes, el rigor del cuerpo funcionarios, sin olvidar la vitalidad de los becarios.