Por qué no voy a rezar por París

Artículo publicado el 19 de Noviembre de 2015
Artículo publicado el 19 de Noviembre de 2015

[OPINIÓN] Con motivo de los atentados de París del pasado viernes 13 de noviembre, pero sobre todo después de que la etiqueta #PrayForParis haya inundado las redes sociales, un francés expresa su desacuerdo y resentimiento de cara a la religión.

Desde los atentados de París del pasado viernes estoy conmocionado, trastornado, y triste, como todos, o casi todos. Pero no voy a rezar por París.

En primer lugar, porque en mi opinión, el rezo es algo inseparable de la religión y del hecho de creer en un dios, y como yo no creo en ningún dios o fuerza sobrenatural, no me voy a poner a rezar. En segundo lugar, porque creo que las religiones son responsables, aunque sea en una pequeña parte, de lo que sucedió el pasado viernes. La espiritualidad es un enfoque individual respetable y cada persona es libre de escoger su camino y creer o no en Jesús, Alá, Jehová, Buda, o en cualquier otro. Sin embargo, la religión es otra cosa. En las principales religiones, existen textos sagrados que no podemos cuestionar, porque se trata de la palabra de Dios, lo que acaba provocando intolerancia, obligatoriamente y como podemos constatar, de forma más o menos violenta, a lo largo de la historia: Cuando más poder tiene una religión en un país, más intolerante se muestra con aquellos que no siguen sus preceptos. Me gustaría creer en la sinceridad de los dignatarios musulmanes, cristianos o judíos, cuando nos explican que la religión es algo diferente, pero no estoy de acuerdo. Por desgracia, señores, también se trata de religión: Manifestantes contra el matromonio para todos o contra el aborto que se redimen del cristianismo y llegan incluso a matar a médicos que realizan abortos, tarados terroristas que creen que siguen el Islam, colonos judíos que rechazan compartir su territorio con los árabes o budistas birmanos que persiguen a la minoría musulmana... Todas las grandes religiones predican, ante todo, el amor al prójimo, pero todas imponen condiciones. Sin duda millones de personas en todo el mundo siguen los predicados de los textos sagrados, y practican el bien gracias a ellos, pero siempre habrá imbéciles que los interpretarán a su manera o que los seguirán al pie de la letra.

Además, tras los atentados de enero, los mismos dignatarios religiosos, después de haber expresado su indignación hacia tales actos odiosos y llamado a rezar por las víctimas, repitieron durante las siguientes semanas que la blasfemia podría herir a los practicantes de las respectivas religiones: En algún lugar, estos infieles corrían el riesgo... No sé si mi opinión contiene alguna verdad, lo dudo, pero generalmente quien duda, contrariamente a quien cree, no recurre a la violencia para defender sus dudas.

Así que lloro por París, pienso en París, y querría poder abrazar a los allegados de las víctimas con la mayor empatía y ternura posibles, pero no, no rezo.