¿Por qué priorizar las tragedias?

Artículo publicado el 28 de Abril de 2015
Artículo publicado el 28 de Abril de 2015

Este año 2015 nos ha sorprendido con los impactantes ataques del Estado Islámico (ISIS) y todos sus afiliados. Mientras que algunos de estos sucesos nos han impactado considerablemente, otros no lo han hecho tanto. La última tragedia tuvo lugar en la Universidad de Garissa (Kenia) a principios de este mes. No obstante, la prensa anunció la noticia casi un día después y no antes.

Las tragedias de Charlie Hebdo, en Francia, y el Museo Nacional de El Bardo, en Túnez, llegaron rápidamente a nuestros oídos. A pesar de que casi 150 estudiantes fueron masacrados bajo el pretexto del fundamentalismo religioso, no nos sentimos tan identificados con esta historia. ¿Por qué actuamos con esa incoherencia ante las tragedias?

El 7 de enero, dos terroristas irrumpieron en las oficinas del semanario Charlie Hebdo en París, asesinando a 12 personas entre las que se encontraban muchos altos cargos de la revista. Poco después, la cobertura mediática de este suceso se volvió exagerada. Miles de personas expresaron su conmoción y solidaridad a través de distintas redes. Se vieron numerosas fotos de perfil con el lema Je suis Charlie, manifestaciones por la paz en casi todas las capitales europeas, líderes políticos unidos a favor de la libertad de expresión (entre ellos seis presidentes africanos), etc. 

El 18 de marzo, fuimos testigos de algo parecido, aunque a menor escala. Tres terroristas ligados al Estado Islámico irrumpieron en el Museo Nacional de El Bardo en Túnez y asesinaron a 33 turistas, de los cuales la mayoría eran occidentales.

El 2 de abril, un grupo radical relacionado con Al Shabaab asesinó a 147 estudiantes de la Universidad de Garissa. Previamente, el grupo hizo una separación municiosa de los estudiantes musulmanes y cristianos encerrando a estos últimos en un reducido espacio para así poder masacrarles con facilidad y provocar un baño de sangre.

Sin embargo, en los medios de comunicación occidentales, así como en el conjunto de su sociedad, esta noticia parece haber sido tan sólo un eco. Esta vez no hubo líderes políticos, ni manifestaciones de paz, y tampoco nadie sufrió una gran conmoción. La única conmemoración que se compartió en las redes sociales fueron imágenes horripilantes de cadáveres esparcidos por el suelo de uno de los edificios del campus. Imaginemos que asesinan a 150 estudiantes en una universidad europea... ¿Llegaríamos hasta el extremo de deshumanizar la tragedia?

Hace pocos años, en un artículo muy interesante titulado The hierarchy of death se exponían las razones por las que tenemos una reacción mayor ante unas tragedias que ante otras: la proximidad y la calidad de la información.

La Proximidad

Esto es bastante sencillo; por regla general, mostramos más interés y nos sentimos más identificados con la información que está cerca de nosotros. Lógicamente, cuando sucede algo en nuestro país o en alguno de nuestros países vecinos, solemos prestarle más atención que cuando ocurre en algún lugar lejano, en lugares con una cultura diferente y en sociedades que no tienen mucho que ver con la nuestra.

La calidad de la información

Cuando sucede algo en un país occidental, los medios de comunicación mandan rápidamente eviados especiales y corresponsales para que cubran la noticia, ofreciendo así una cantidad ilimitada de información sobre la misma. Sin embargo, en países como Kenia, Nigeria y Siria donde el peligro es mayor y los recursos escasean, es mucho más complicado obtener información "sobre el terreno". A pesar de los intentos, muchas veces los periodistas se encuentran en un lugar seguro y restringido, por lo que solo obtienen información filtrada.

Sin ninguna duda, la proximidad y la calidad de la información influyen bastante cuando decidimos hablar más de Charlie Hebdo que de la Universidad de Garissa. Sin embargo, esto no debería ser en ningún caso la razón para priorizar tragedias.

Muchas personas tienen una imagen preestablecida de África y ven un continente devastado por la guerra y estancado por el hambre, la miseria y la violencia. Muchos piensan que esto queda tan lejos de nuestro mundo que no nos afectará, pero el terrorismo es una realidad global. Al deshumanizar una tragedia por motivos de raza o de religión, solo le estamos haciendo un favor a Al Shabaab, al ISIS y a Boko Haram.

En un mundo globalizado, absolutamente todo esta interrelacionado e interconectado de una forma u otra. Puede que haya llegado el momento de dejar de creer que una persona del otro lado del mundo no es nuestra vecina. Todos estos son asuntos globales, ya sucedan en París, en Túnez o en Garissa.