¿Por qué se ha situado Austria a la "derecha" en la crisis de los refugiados?

Artículo publicado el 28 de Julio de 2015
Artículo publicado el 28 de Julio de 2015

En Austria, los relojes funcionan algo diferente. Según la percepción de algunos, en esta región alpina todo sucede más despacio, y las esferas de la política y la sociedad no son una excepción. Junto con Hungría, Austria es el único país que no va a participar en el reparto de 40.000 refugiados que actualmente se encuentran en Grecia e Italia por parte de la UE.

Ya sea por las catastróficas circunstancias que está teniendo a lo largo de los muros de la fortaleza de Europa o por una creciente conciencia en las redes sociales, incluso el ciudadano medio tiene que tomarse enserio los problemas relacionados con los refugiados, la inmigración y la integración. Aunque Austria no se opone a la Convención de Dublín (una postura de la que sí se ha acusado a Hungría recientemente), su sistema de asilo político ha sido criticado por no ser ni oportuno ni humanitario.

Condiciones precarias

Ni en el pasado ni tampoco en la actualidad, Austria puede estar orgulloso del trato que ha dado a los inmigrantes. ¿Cómo es la situación de los refugiados en esta parte del mundo hoy en día? Mientras el Gobierno más o menos discute sin éxito las cuotas regionales para la reubicación de refugiados, las condiciones de vida de muchos solicitantes de asilo (por ejemplo, en "ciudades" de tiendas de campaña) ya han generado críticas. Estas condiciones precarias no sólo afectan a sus circunstancias externas, sino a la falta de apoyo psicológico durante el largo proceso que supone obtener una respuesta de asilo positiva, el cual deja mucho que desear. 

En Austria (así como en otros países de la UE), la muy controvertida Convención de Dublin determina qué país es responsable de cada refugiado. Sólo después de esta aclaración entran en juego los Convenios de Ginebra, que deciden si a un individuo se le garantiza el asilo o la protección subsidiaria. Está ampliamente reconocido que los solicitantes de asilo pueden esperar años por una decisión, lo que supone una auténtica pesadilla emocional. Además, desde mediados de junio que no se tramita en Austria ninguna solicitud de asilo -según la agencia alemana de noticias Tegsschau, el Ministro del Interior austríaco, Johanna Mikl-Leitner, dijo que Austria dejaría de aceptar nuevas solicitudes y a centrarse en su lugar en repatriaciones y deportaciones.

El Acuerdo sobre Integración y el Plan Nacional de Acción para la Integración, ambos acuerdos promovidos por el Ministerio Federal del Interior, aseguran que la principal responsabilidad para la integración reside en el propio inmigrante. Por tanto, el llamado Acuerdo para la Integración no parece estar basado en el consenso mutuo, sino en la expectativa de un cierto nivel de éxito. Los inmigrantes deben conseguir un Nivel B1 de alemán en dos años, o de lo contrario se enfrentan a la amenza de perder su apoyo económico. La posibilidad de una coexistencia entre varios estilos de vida y culturas sólo es mencionada por el Ministerio esporádicamente. La asimilación lingüística sigue siendo su principal preocupación.

Austria y "los otros" a lo largo del tiempo

Históricamente hablando, el aislamiento respecto a la UE no es una novedad para Austria. La Monarquía de los Habsburgo, una familia real austríaca que reinó desde la Edad Media hasta el sigo XX y que se jactaba de su diversidad nacional y religiosa, ni siquiera garantizaba a sus ciudadanos libertad para viajar. Más tarde, la Segunda Guerra Mundial propició nuevos niveles de racismo misantrópico, y no sólo en Austria. Después de 1960, la república experimentó un nuevo flujo de inmigrantes -principalmente de los Balcanes y Turquía- que fueron contratados como trabajadores invitados.

Más tarde, en 1991 tuvo lugar la primera catástrofe comparada con la actual crisis de refugiados desde la Segunda Guerra Mundial: La separación de Yugoslavia y la guerra entre los antiguos estados miembros envió a más de 10.000 refugiados a Austria, donde más de la mitad se asentó y se quedó.

Al mismo tiempo, los años 90 supusieron el inicio de un movimiento muy diferente: El partido Libertad para los Austríacos, conocido en los medios locales y extranjeros por su orientación política a la derecha, experimentó un rápido crecimiento. En particular, el nombre Jörg Haider tuvo que ver con el ascenso del partido, ya que bajo su mando el partido alcanzó un acuerdo de coalición con los conservadores Partido de la Gente Austríaca.

Hoy en día, el líder del partido Heinz-Christian Strache, que anteriormente había tenido lazos con los círculos de la extrema derecha, disfruta de su popularidad entre la clase trabajadora. Uno de los asuntos más importantes para Strache es el "tema de los extranjeros". Tras prometer estrictos controles a la inmigración y haciendo bandera de la islamofobia, Strache ha querido retratar a su partido como el salvador de la patria. 

Alternativas a demandas excesivas

La cuestión, sin embargo, sigue siendo cómo afrontar los retos mencionados arriba. Quizás necesiten ser analizados desde un nueva perspectiva, desde la cual la política y la sociedad puedan actuar. Esto requeriría un replanteamiento de las barreras geográficas, sin miedo a ser abrumados por los inmigrantes. Al fin y al cabo, la historia de los estados-nación es joven: Antes, incontables imperios y dinastías fueron desmenuzados y tomados por otros reinos, un desarrollo que fue el que construyó la historia.

La inmigración es, por una parte, el movimiento de ciudadanos, pero por otra también la mezcla de lo que antes fueron culturas extranjeras y que supone uno de los principales aspectos de su desarrollo. Que Austria y la Unión Europea quieran mirar con lupa quién entra y quién sale de la fortaleza de Europa no es nada excepcional. Pero ¿no ha llegado ya el momento de que se reestructuren los sistemas básicos a través de la inmigración, en lugar de permitir que sean las guerras quienes determinen los cambios históricos?

Dejando a un lado el discurso político, cientos de refugiados intentan escapar de sus circunstancias cada día. Aunque sólo sea en términos legales, no se recomienda quedarse en Austria como refugiado, porque los políticos responsables se mueven en círculos con mucha charla y poca acción, mientras las vallas publicitarias anuncian que sólo Heinz-Christian Strach habla "nuestra" lengua. La sociedad civil se involucra poco a poco: Por ejemplo, plataformas en internet como "Refugees Welcome" ofrecen a los refugiados habitaciones en apartamentos compartidos o incluso viviendas privadas durante varios meses. Por desgracia, lo que la mayoría de eventos solidarios necesitan para triunfar es, además de Facebook, una gran crisis de refugiados para poner el foco en este asunto.

Las demostraciones de radicales como la del Bundestag en Berlín el 21 de junio, también son comunes en Austria, aunque en este país el compromiso activo con los refugiados es más bien limitado. Quizás se deba al partido Libertad para los Austríacos, o al hecho de que la sociedad civil se ha habituado al ritmo de los políticos. De una u otra forma, siempre parecemos quedarnos atrás, una y otra vez. Conclusión: Sí, los relojes en Austria funcionan distinto, pero no de una forma positiva. Siguen marcando la hora a un ritmo lento y mientras, en el país siguen actuando más tímidamente de lo necesario. Muy mal. Los recursos habrían estado allí, pero ¿quién quiere compartirlos?