¿Por qué siguen votando a Berlusconi los italianos?

Article published on 27 de Febrero de 2006
Article published on 27 de Febrero de 2006

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Silvio Berlusconi es uno de los presidentes europeos más controvertidos; sus enemigos le ven como un peligro para la democracia. Aún así, tiene la posibilidad de volver a ganar unas elecciones en 2006.

El "Cavaliere", tal y como llaman a Silvio Berlusconi en Italia, se encuentra últimamente en el punto de mira. El documental de Sabina Guzzantis ¡Viva Zapatero! en el que se retrata cómo los medios de comunicación y la política se entrelazan, así como el programa de TV Rockpolitik del cantante Adriano Celentano han llamado la atención del público.

Perjurio y desviación de impuestos

A Berlusconi se le reprocha que haya concentrado en su mano el poder político, el económico y el mediático. El hombre más rico de Italia mantuvo tras su entrada en la política el control sobre Mediaset, una de las empresas más grandes del país. A parte de esto, la señal de alarma se enciende cada dos por tres en el país con los conflictos entre Berlusconi y la Justicia. La lista de acusaciones es larga: va desde el perjurio, pasando por la evasión de impuestos, la falsificación contable y la financiación ilegal de su partido político, hasta una posible relación con la mafia. No obstante, Berlusconi siempre ha salido airoso creando leyes a su medida que le protegen frente a sus posibles responsabilidades jurídicas.

Así pues, las elecciones de 2001 fueron ganadas por el Polo de las Libertades, una coalición de centro-derecha bajo su liderazgo. De acuerdo con encuestas recientes de La Stampa, el partido Forza Italia de Berlusconi sería el más votado con un 22,6 por ciento de los votos; en coalición obtendría un 47,9 por ciento. mientras que el centro izquierda obtendía el 49,9 de los sufragios.

El salvador de Italia

Sería simplista calificar a los seguidores de Berlusconi como ciudadanos dependientes y sin ningun sentido de la responsabilidad política. El fenómeno del "berlusconismo" tiene sus raíces en la Italia de la Primera República. Entre la posguerra y los años noventa, la democracia del país estuvo bloqueada y un cambio de poder entre el gobierno y la oposición era algo excepcional, puesto que las coaliciones de democristianos con otros impedían la entrada al poder del Partido Comunista, el único partido antisistémico del país. El clientelismo ejercitado durante décadas llevó a que los políticos sólo persiguieran fines personales.

Cuando se destapó a principios de los noventa el escándalo de la Tangentopoli, que relacionaba a toda la clase política con corrupción, soborno y ocultación de fondos, el empresario Berlusconi hizo suya la oportunidad que se le presentó y llenó el vacío político con su partido Forza Italia. Que no tuviera en ese momento ninguna experiencia previa en la política se le reconoció más como una virtud que como un defecto. El novato político se presentó como el típico autodidacta cuyo éxito se debía sólo al sudor de su frente. Berlusconi apareció como el salvador.

El 45% de las amas de casa votaron a Berlusconi

La receta del éxito de Berlusconi es la "completa arbitrariedad de su programa político", sostiene Michael Braun, representante de la Fundación Friedrich-Ebert afín a la socialdemocracia alemana en Roma. Dicho éxito se orienta "en primera instancia por los deseos de los votantes y no por las necesidades políticas". Berlusconi despierta con polémicas intermitentes el miedo irracional hacia la "amenaza comunista" que proviene de la izquierda democrática. Con ello, se gana los votos de los conservadores. Su programa político tiene componentes neoliberales: el principio de la libertad de mercado, la privatización de empresas estatales así como la simplificación del sistema impositivo. Así cuenta con los votos de empresarios, comerciantes y artesanos.

Pero tampoco los parados o pensionistas se quedan fuera. "Un millón de puestos de trabajo nuevos" llegó a prometer en 1994, y "525 euros de pensión mínima" fue lo que prometió este jefe de gobierno en su programa político de 2001. Por eso, el 57 por cien de los parados dio su voto a la coalición de centro-derecha y entre los mayores de 65 años Forza Italia ganó con un 40 por ciento de los sufragios. Por último, Berlusconi logra entrar en el espacio del género femenino, sobre todo de las amas de casa. En 2001 Forza Italia se llevó el 45 por cien de sus votos.

Timar al Estado

Aunque las promesas de Berlusconi sean tentadoras, hay que preguntarse por qué el conflicto de intereses entre medios de comunicación y poder así como las acusaciones de corrupción no han espantado a sus votantes. Desde el punto de vista de muchos seguidores de Berlusoni, no es tan deplorable meter la mano en la caja de un Estado estafador. No les molesta que el Jefe de Gobierno siga sus propios intereses, siempre que prometa que también considerará los intereses de los ciudadanos.

No obstante, no todos los que votaron a Berlusconi se limitan a taparse la nariz. El balance del éxito del gobierno no ha sido tan positivo como para dejarlos a todos satisfechos. Pero también causa resignación. De momento, la izquierda actúa sin unidad y no tiene ninguna alternativa presentable o creíble al actual primer ministro. El escándalo de los bancos, en el que algunos políticos de la izquierda se han visto envueltos, ha mermado la popularidad de la oposición, favoreciendo a Berlusconi sin contemplaciones. Por ello, muchos de los italianos seguirán votándole: "¿A quién vamos a votar si no?".