¡Por un pacto de crecimiento y desarrollo!

Artículo publicado el 15 de Diciembre de 2003
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Artículo publicado el 15 de Diciembre de 2003

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La expresión de fuerza de los carolingios de París y Berlín no es suficiente. Es necesario crear competencia entre las economías europeas, enfocando el nuevo pacto más sobre los medios que sobre fines abstractos.

Érase una vez la cagnotte de un gobierno francés que hacía gala hace ahora dos años, de un avance fiscal extraordinario.

Éranse una vez los últimos de la clase, que mendigaban a los propios contribuyentes tasas una tantum y sacrificios ante el altar del Pacto de Estabilidad, del Euro.

Y sin embargo, las cagnottes de las que se han beneficiado algunos (más bien pocos) ciudadanos europeos y los sacrificios que han afligido las vidas de muchos otros no han servido de nada: la economía europea renquea... y la política no logra encontrar una salida, una solución innovadora, un mundo posible.

Crecimiento chino de USA

Por una parte, los objetivos fijados en Lisboa sobre la plena ocupación se asemejan cada vez más a los objetivos milenarios y milenaristas contenidos en los acuerdos FAO. Así como los países en vías de desarrollo parecen destinados a un futuro de hambre pese a los caminos empedrados de buenas intenciones por toda suerte de agencias ONU, las perspectivas de crecimiento ocupacional de la Unión Europea rebus sic stantibus se reflejan en una parábola plana: crecimiento cero. Es decir, para niveles estratosféricos y sin vislumbre alguno de imprevistos boom económicos: ¡los boom imprevistos no se improvisan!

Desde otro punto de vista, el crecimiento de la riqueza total de la Unión parece ser cada vez más estático. El Eurostat advierte: las perspectivas de crecimiento del PIB de la Unión Europea no superan la ridícula cifra ¡del 1%! Un dato muy elocuente al ser comparado con las actuaciones del último trimestre de la economía USA que, gracias a algunas medidas de Welfare tomadas por la administración Bush y al enésimo recorte de tasas por parte de la Reserva Federal, ha sufrido un crecimiento al ritmo chino ¡del 7%!

De seguir así bastará una década para asistir a una superación, si no duplicación, de la economía europea no sólo por parte de los Estados Unidos sino probablemente también de la misma China.

¡Cortamos el Welfare!

Y pensar que es precisamente en la política común y en la integración económica en lo que, desde finales de los años 50, los dirigentes europeos han invertido, porque como nos ha sido explicado por Schuman y sus apóstoles- la Unión Europea se creará sobre la base de la solidaridad de hecho. Podían darse dos tipos de respuestas a la emergencia impuesta por esta situación.

La primera respuesta es la adoptada por Francia y Alemania, con el asentimiento tácito de la presidencia italiana. En una palabra, se ha renunciado al respeto de un Pacto de Estabilidad, habiéndose demostrado inadecuado para los retos de la economía global, un Pacto de Estabilidad que ha garantizado la estabilidad de los índices de inflación (no así de los precios) sacrificando la ocupación, las perspectivas de crecimiento y por tanto de vida de la economía europea y de la vida personal de millones de europeos.

Y Francia y Alemania han actuado de forma unilateral, rompiendo el pacto comunitario, al menos en una parte de sus políticas económicas, incapaces de adoptar aquellas reformas estructurales sobre gasto social y previdente que por sí solos pueden garantizar un crecimiento más equitativo y equilibrado.

La segunda respuesta es aquella no expresada hasta el momento, ni por los carolingios ni por los virtuosos. Es decir, se podía abandonar un Pacto de Estabilidad que el mismo Presidente de la Comisión, Prodi, ha calificado de estupidez, para proponer un nuevo Pacto esta vez, de crecimiento y desarrollo. Un pacto que, lejos de renacionalizar las políticas económicas hubiese creado una forma de competencia entre las soluciones económicas que en cada país se hubieran revelado como las más eficaces, en la creación de puestos de trabajo, en la realización de grandes obras infraestructurales, en mejorar las perspectivas de crecimiento globales, un pacto más atento a los medios (es decir, a las necesarias reformas de los sistemas de Welfare), a las políticas económicas efectivas de cada uno de los países que al fin abstracto de la estabilidad de los precios. Porque ocurre sobre todo en economía que los medios prefiguran los fines.

Esta segunda respuesta queda como una hipótesis razonable, digna quizás de algún debate para lograr superar la crisis cada vez más profunda de la economía europea. Porque errar es humano. Pero nadie pretende que perseverar sea sólo europeo.