Portugal entre dos frentes: dinamismo y tradición

Artículo publicado el 5 de Noviembre de 2009
Artículo publicado el 5 de Noviembre de 2009
Durante mi último viaje al 'país', a Évora, me di cuenta de que el desarrollo económico de la región portuguesa del Alentejo es sintomático de toda la Europa del sur. ¿Cómo combinar innovación y tradición?

El Alentejo se resume, de manera general, en magníficos paisajes cuyo espacio y tiempo evocan más el Estado de Nevada que el continente europeo. He vuelto a Évora, ciudad central de esta región portuguesa; una localidad de 40.000 habitantes, patrimonio de la UNESCO. Aquí, igual que en el pueblo más pequeño de la región, “la vida transcurre a otro ritmo, un ritmo completamente diferente al de Lisboa”, me explica Renata Marques, mi prima. Es la joven jefa de gabinete en el Governo Civil, el órgano representante del gobierno central en cada distrito del país. Un ritmo diferente pero una calidad de vida que parece realmente extraordinaria; de ahí que mi prima decidiera instalarse aquí.

Wifi en el parque

En el campus de la ciudad hay numerosos carteles que anuncian seminarios reconocidos sobre nanotecnologías, bioquímica o modelos geográficos… Incluso hay wifi en los parques municipales. Resulta chocante la manera en la que cohabitan la modernidad y las huellas del pasado, así como la presencia ineludible de los ancianos del lugar (alrededor de un 23% de la población total). Ellos han vivido y trabajado en un contexto socioeconómico tradicional: estamos hablando de la época de las famosas y grandes explotaciones agrícolas, la ganadería y la silvicultura, sin olvidar la omnipresencia de un partido comunista cuyo eslogan de campaña habla por sí solo: 'Comércio Tradicional Vivo'.

“Así es Évora”, sonríe Renata Marques. Una región de contradicciones. Surcando el Alentejo central, este contraste puede observarse en muchos otros lugares; la sensación de encontrarse en un lugar remotísimo donde, sin embargo, surgen iniciativas dinámicas que pondrían verde de envidia a más de una ciudad del norte de Europa. La Ajamentejo, la asociación de jóvenes del Alentejo nacida en 2007, difunde y coordina todas las iniciativas que la juventud alentejana quiere desarrollar para promover su región (creación de una página web y de un webzine, difusión de eventos culturales y educativos, etc.). A otro nivel, la Adral (la agencia de desarrollo regional del Alentejo) busca formas de reaccionar ante la falta de espíritu empresarial que caracteriza a la región. Supervisa un programa de concesión de becas de proyectos y de formaciones en colaboración con instituciones universitarias, empresas y actores públicos, para garantizar la viabilidad en el sector privado de las iniciativas de los jóvenes diplomados.

Propiedad de Suecia, paisajes de Calabria

Para Évora y el Alentejo, el gran desafío consiste en conciliar un potencial en aumento con la desaparición o el estancamiento de viejas estructuras. Elecciones a las que se enfrentan otras regiones del sur de Europa en su desarrollo socioeconómico en este principio del siglo XXI… No se trata únicamente de volver a subir por la pendiente, ¡sino de coger en marcha el tren de alta velocidad! Para ello, es necesario deshacerse de los elementos que paralizan todo el proceso: se trata de las estructuras de mentalidad mafiosa (en el sur de Italia, por ejemplo) o de la corrupción (en Grecia). Más aún, la herencia de una relación de fuerzas desequilibrada entre una burguesía débil, una importante aristocracia propietaria y cortesana (más que nobleza industrial) y un clero poderoso (desde los siglos XVIII y XIX, con el nacimiento de los Estados modernos).

Las tecnologías del futuro, las mismas que se encuentran en las universidades, tienen un potencial importante… Sobre todo teniendo en cuenta que el Alentejo cuenta con proyectos fotovoltaicos que se sitúan entre los más importantes del mundo (Amareleja y próximamente Moura). También hay un proyecto de desarrollo turístico local y regional que va por el buen camino con, además, necesidades de personal altamente calificado y variado, como economistas, arqueólogos, grafistas, responsables de comunicación, historiadores del arte o comerciales. Pero, ¿hasta dónde soportará el desarrollo local esta paradoja entre innovación y tradición?