Practico el sexo para pagarme los estudios

Artículo publicado el 8 de Noviembre de 2007
Artículo publicado el 8 de Noviembre de 2007

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Investigaciones realizadas en los países de la UE revelan que muchas estudiantes universitarias se prostituyen para pagarse los estudios. Un fenómeno extendido y en expansión continua.

“Me acosté con más de cuarenta hombres en dos meses. Estaba en mi primer año en la facultad y ganaba cerca de mil libras a la semana. Con mi anterior trabajo por horas no ganaba lo suficiente, en cambio, ahora tengo más tiempo para estudiar y divertirme”, declaró una estudiante inglesa a la revista estudiantil Varsity. Y como ella, muchas otras chicas. Todas matriculadas en la prestigiosa Universidad de Cambridge, que según una reciente investigación llevada a cabo por la publicación británica mencionada, en lugar de hacer de canguro o vender sus apuntes a los compañeros de clase, prefieren ponerse ligueros y lencería de encaje para llegar a fin de mes.

Chicas en venta

Estudiar sale caro. No es nuevo. Si a las tasas universitarias añadimos el alquiler del piso, los gastos semanales y los viajes para regresar de vez en cuando a casa, los bolsillos de los estudiantes se quedan secos. Muchos se las apañan con trabajos esporádicos: como camareros, dependientas, teleoperadores y, en el mejor de los casos, dando clases particulares. Sin embargo, no a todos les apetece sacrificar las últimas horas del día por unas pocas decenas de euros. ¿Por qué no vender su cuerpo, virtualmente o no, para ganarse la vida? Ya un estudio realizado por el sindicato estudiantil Sud-Etudiant que se publicó en octubre de 2006 en el diario francés Le Figaro, mostraba que un pequeño ejército de unos 40.000 chicos entre los 19 y los 25 años (en su mayoría mujeres) vendía su cuerpo para pagarse los estudios. Un fenómeno que no es sólo francés, sino que se extiende como una mancha de aceite también a otros países de la UE como Polonia o el Reino Unido, donde para acceder a la universidad hace falta ser casi millonario. En Inglaterra, según un sondeo entre 130 estudiantes realizado por la prestigiosa Kingston University, un joven de cada diez admitía conocer a chicas estudiantes que trabajaban en clubs nocturnos o como acompañantes. El motivo desencadenante es siempre el dinero. Basta recordar que la tasa de matriculación para acceder a la Universidad en el Reino Unido cuesta alrededor de 4.500 euros al año.

Diario de una webcamgirl

También en Italia parece que el fenómeno esté bastante difundido. El año pasado, en el campus de la Universidad de Calabria (Unical), se destapó un entramado de chicas Erasmus que recibían a otros estudiantes en sus alojamientos para practicar el sexo a cambio de dinero. Pero no siempre se trata de auténtica prostitución. Muchas veces es suficiente una sencilla webcam y conectarse a un sitio Web de mirones dispuestos a pagar hasta 150 euros (70 para la agencia y 80 para la chica) por diez minutos de conversación con una joven en ropa interior. “Llego a ganar 3.000 euros al mes por pasar unas pocas horas al día sentada cómodamente delante de mi PC”, declaró Morgana, estudiante de 22 años en ciencias políticas en la Universidad La Sapienza de Roma en una entrevista concedida al portal StudentiMagazine. Sólo hay que escribir en la barra del navegador la dirección www.ragazzeinvendita.com para darse cuenta de inmediato que el fenómeno está mucho más extendido de lo que se piensa. Un mundo virtual donde jóvenes “webcamgirls”, algunas de ellas estudiantes, se dejan ver, hablan de sí mismas y se filman a cambio de dinero abundante. Como Helen, que incluso ha escrito un libro, Diario di una webcamgirl (ed. Mursia), donde habla de su vida, de sus elecciones y de su vida en la Web.

Hay quien prefiere el anonimato y se limita a vender por Internet su lencería íntima usada a los amantes del fetichismo. “¿Quieres las braguitas que llevo puestas? Serán tuyas sólo por 13 euros”, escribe una estudiante de 18 años en un portal de ropa vintage de Milán. Si además, junto con el tanga y un sujetador, desean recibir también fotos con la lencería puesta, sólo hay que pagar un poco más. Pero nada de citas, precisan con claridad las anunciantes. Todo debe permanecer rigurosamente virtual.