Praga estrena vestido y turistas

Artículo publicado el 15 de Mayo de 2007
Artículo publicado el 15 de Mayo de 2007
La afluencia de turistas a la capital checa alcanzó su plenitud en 1999, después de experimentar un boom tras la caída del Telón de Acero en 1991. A algunos no les satisface ver en lo que se ha convertido la ciudad.

“Marzo y abril son el inicio de la temporada alta”, nos comenta Martina, al tiempo que muestra piezas de cristal de Bohemia a unos clientes alemanes entrados en edad que le sonríen. La joven vendedora de 30 años trabaja en Blue Praha, una cadena de establecimientos de recuerdos que se ha hecho con las abarrotadas calles de la capital y con el aeropuerto, con un total de 9 tiendas. Martina se trasladó a Praga en busca de un “empleo decente” después de titularse en Economía y Negocios.

Praga obtiene la no desdeñable cantidad del 18% de su PIB gracias al turismo. Con esto, provoca una migración masiva de su población más joven hacia las ciudades. Sin embargo, una vez en el mundo del turismo, con el sonido del dinero constante, les absorbe, es muy difícil cambiar. “Hace ahora cinco años que llevo trabajando a jornada completa, pero realmente no me apetece quedarme aquí para siempre”.

Cara nueva

Al paisaje de Praga se le hizo un lavado de cara cuando la ciudad experimentó un boom económico en 1991 después de la caída del Telón de Acero, retirando el polvo de los imponentes edificios e iglesias que lucen una exquisita decoración. Se desvelaban intrincados detalles de la siniestra vida de Kafka en el Museo Franz Kafka, al sur del Metro Malostranska. Monumentos conmemorativos comunistas, tales como el hombre que desaparece gradualmente de Olbram Zoubek (2002), o la reconstrucción de la Sinagoga de Smíchov, en Praga 5 (2003), muestran cómo la ciudad se ha embellecido aprovechando su propia Historia. Sin embargo, ¿se trata sólo de golosinas visuales para los turistas?

Pavel Seknicka, profesor universitario de Economía en la Universidad Karlova de Praga, la mayor universidad checa, habla favorablemente de cómo su ciudad natal ha crecido y florecido en los últimos años. “Las viejas fábricas de cerveza ubicadas en el centro que dejaron de funcionar durante muchos años se han reinventado como atracciones turísticas. Los ingresos los cosechan sólo del bolsillo del visitante”.

A algunos importantes nombres de la escena arquitectónica no les hace gracia esta tendencia retrospectiva de invertir dinero en viejos edificios y consideran un error todos estos esfuerzos. David Cerny, escultor provocador y extraordinario de 39 años, ve la supuesta arquitectura experimental –como por ejemplo el bloque de cemento torcido que es la Dancing House, construido en 1992- como una mera fachada. Cerny se queja de que el Magistrat, o Gobierno local, no se atreva con ninguno de los valientes nuevos movimientos arquitectónicos.

“En este momento sólo se habla de la nueva Biblioteca Nacional en el lugar en el que solía estar el monumento a Stalin (destruido en 1962)”, nos explica Cerny. “Jan Kaplicki ganó el concurso, pero muchísima gente empezó a protestar porque era demasiado moderno y no encajaba en el entorno. Es un edificio adecuado y sería fabuloso si lo construyeran”.

Objetivo de inversores

No obstante, no sólo los edificios atrevidos desde un punto de vista arquitectónico están cambiando la escena del cemento en Praga. Seknicka aclara cómo los grandes inversores –la UE, empresarios privados de la vecina Alemania y Austria y los lejanos de EE UU y Japón– están rascándose los bolsillos para financiar la reestructuración arquitectónica de la ciudad.

“Los turistas se quedan una media de tres días en la ciudad”, añade Seknicka. “De esta forma el dinero que se saca a menudo va a parar a proyectos que promoverán excursiones a un plazo más largo. Se ofrecerán a los turistas y a la gente de negocios más entretenimiento y actividades, además de los paseos usuales a través de los barrios de la ciudad”. Con este objetivo, están en construcción diversos centros de conferencias, mientras la preferencia por tiendas de lujo como las de Hugo Boss, Swaroski y compañía está colonizando las calles del centro, atrayendo a más gente de negocios. La anciana dama que es Praga tiene un nuevo traje de diseño.

Ciudadanos contra tramposos

Resumiendo, cada uno ha echado una mano para volver a vestir Praga. Por supuesto, este hecho ha tenido un impacto en los habitantes de la ciudad. Algunos ven la invasión turística y el maquillaje como un fenómeno positivo que hace la ciudad más multicultural y abierta.

Roberto es un expatriado suizo que ha estado viviendo en Praga al menos durante diez años. Entre el 50% y el 80% de sus ingresos provienen de su pequeño puesto de comida rápida para los turistas. Valora a los amables forasteros no sólo como una fuente de ingresos, sino también como embajadores de su cultura. En consecuencia, “muchos extranjeros vienen a estudiar o a establecerse en Praga y contribuyen a hacer de la ciudad un lugar más animado”.

Demasiadas excursiones

Otras personas no pueden soportar el hecho de tener que dar codazos para abrirse paso entre los ríos de turistas para llegar a su puesto de trabajo. Los alquileres y los precios de la propiedad han aumentado, en particular después de que la República Checa se adhiriera a la UE. “Recuerdo haber visitado una casa que quería comprar hace cuatro años”, nos cuenta Roberto, “entonces costaba 4 millones de coronas (140.000 euros); hoy en día el precio se ha doblado”. Explica además cómo a los extranjeros no se les permitía comprar propiedades en la República Checa antes de 2004 a no ser que tuvieran una empresa establecida en el país. Hoy en día, el interés de los extranjeros está disparando los precios.

Eva, abogada de 28 años que trabaja en un gabinete cercano al centro, también refunfuña por la subida de los precios. “Mi tío, que lleva viviendo aquí más de 25 años, ya no puede ir al bar que antes frecuentaba porque no puede permitirse sus elevados precios”. Eva afirma que incluso los eventos culturales se han adaptado al gusto y al presupuesto del turista, y de esta manera han hecho inaccesibles las actividades de ocio cotidianas de la gente que sigue viviendo en Praga. Éste es también el punto de vista de Michal, estudiante de Derecho, para quien los esfuerzos gubernamentales para preservar la cultura checa son sólo "una fachada destinada a hacer dinero".