Presidenciales 2012 en Francia: Sarkozy aún no está KO

Artículo publicado el 4 de Mayo de 2012
Artículo publicado el 4 de Mayo de 2012
Al día siguiente del debate presidencial–y con toda la mala fe– “no hay nada decidido”. Este podría ser el nuevo eslogan de la UMP (Unión por un Movimiento Popular). En cualquier caso es lo que más se viene repitiendo en estos días intermedios entre la primera y la segunda vuelta de las elecciones galas. No hay pesimismo declarado en las filas del partido mayoritario, unido tras su dirigente.
La batalla entre dirigentes de partidos minoritarios solo tendrá lugar si Sarkozy pierde en esta segunda vuelta, el 6 de mayo. Y en ese sentido, desde luego, no hay nada decidido.

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Todo esto nada tiene que ver con el reciente apoyo de Valéry Giscard d’Estaing al canditato saliente. Su apoyo no es gran cosa, sobre todo después de la fanfarronería del asunto “Lady Didi” (Giscard d’Estaing afirmó en sus memorias que tuvo una aventura amorosa con Lady Di). Sin embargo, Marine Le Pen y el Frente Nacional sí tiene más peso. Con el 18% de los votos en la primera vuelta, la hija ha conseguido incluso más que su padre. Él se contentó con regalar a Chirac un segundo mandato y una resaca monumental a varias decenas de millones de electores. Tras una segunda vuelta nada más se supo. Marine, sin embargo, apunta maneras.

Claro que el alcance ideológico es más o menos igual de limitado que el del padre, pero a nivel de calendario electoral, su horizonte está mucho más despejado, y eso Marine lo sabe: si la UMP implosiona, el gran partido de la derecha francesa... será el suyo. Y por eso ahí sigue, sin quitar ojo a las urnas. El ojo izquierdo lo tiene en la segunda vuelta presidencial, el derecho en las próximas legislativas. Un estrabismo de tradición familiar que se explica fácilmente si imaginamos el siguiente guión: si Sarkozy pierde sus acólitos (Jean-François Copé, Presidente del partido y Xavier Bertrand, actual Ministro de Trabajo) se enfrentarán para obtener la plaza vacante con vistas ya a los comicios de 2017, provocando de paso la desunión de la UMP y propiciando que el FN ocupe esa plaza vacante. Sin embargo, con una pequeña condición: que el FN se imponga (más allá de Hénin-Beaumont, ciudad del norte de Francia, tradicionalmente de extrema izquierda y en la que el FN estuvo a punto de ser mayoría en 2008), es decir, que sea capaz de ganar las elecciones legislativas.

Sarkozy, solo contra todos

En resumidas cuentas, en el gabinete del FN apenas sí cuentan con la victoria de Sarkozy (quedaría por saber si sus votantes siguen interesados por quién ganará). Es más, no la esperan. Ocurre un poco lo mismo con François Bayrou. El ex tercer hombre, hoy quinto, el poeta del centro, el ni sí ni no de la política francesa, el “made in France” de Béarn que (todavía) no ha pedido el voto para ninguno de los dos. Los pocos elegidos de su partido, el Modem (Movimiento Democrático) se inclinan más bien por la derecha. Sus electores están indecisos. Y él tiene la mente puesta en el centro: con un Hollande arrastrado hacia la izquierda por Mélenchon y una derecha radicalizada por el FN, matemáticamente, el centro debería ser más amplio.

Una apuesta como cualquier otra pero cuyo fundamento se basa en una de cosa: que Sarkozy no se haga el outsider vencedor, que Mireille Mathieu no vuelva a cantar en la Concorde y sobre todo que Enrico Macias no vuelva a ponerse a berrear en un concierto a favor de Sarkozy. En realidad, en cualquiera de los tres casos, nada está decidido. Normalmente Sarkozy es un buen candidato. En aguas turbias es excelente. El “verdadero trabajo” es una pequeña frase maravillosa y provocadora. Separadora a más no poder. Chorreante de populismo en tiempos de crisis. Que quede claro, Sarkozy hila hasta el extremo: tras el “verdadero trabajo” se perfila el “verdadero francés”. Arte grandioso propio del Panthéon del sarkozismo sin complejos cuyo frontis rezaría la máxima “A los verdaderos trabajadores, la Patria agradecida”. Que si el Trabajo, que si la Patria… Vaya, Pétain está muy presente últimamente.

Haciendo balance

Entonces, ¿realmente puede ganar Sarkozy la batalla del 6 de mayo? Las juventudes de la UMP del distrito parisino número 16, impecablemente peinadas al salir del metro a pesar del viento, no tienen ninguna duda sobre ello. ¿Y si todas esas máquinas tienen razón y Sarkozy divide lo bastante como para reinar? ¿Y si los votantes del FN piensan más en su porvenir que en el de Marine Le Pen y se ponen de acuerdo masivamente para dar su voto al “candidato saliente”? ¿Y si Hollande se ha puesto el traje de presidente demasiado pronto? ¿Y si el rojo obrero se vuelve demasiado blanco? O peor aún, ¿y si el estilo populista se vuelve el estilo del pueblo? Una vez más: “no hay nada decidido”. El candidato del poder adquisitivo lleva ya 5 años “limpiando violentamente” a su antojo y, haga lo que haga, no deja de estar siempre en ventaja.

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Los trabajadores (no los de verdad, sino los otros) solo podrán culparse a ellos mismos: el dolor de cabeza siempre es debido a lo que hicimos la víspera. En otras palabras, la resaca del 7 de mayo debe evitarse el día 6, en la intimidad de la cabina electoral (aunque en Twitter sea noticia desde las 15h). En caso contrario, las personas dependientes, los franceses de origen extranjero, los profesores enfadados, los médicos enfadados, los universitarios enfadados, los estudiantes enfadados, los parados enfadados, los magistrados enfadados, los jubilados enfadados, los marineros de SeaFrance enfadados, los pescadores enfadados, los agricultores enfadados, los obreros metalúrgicos enfadados, los operarios que trabajan en el sector del automóvil enfadados y las fabricantes de sujetadores enfadadas siempre podrán aprovecharse del espacio Schengen (antes de que Sarkozy lo vuelva a negociar) y emigrar a Rumanía. Encontrarán romaníes, cierto, pero allí la oposición de izquierdas acaba de ganarle la partida a la derecha.

Fotos: portada(cc) vectorportal/flickr; Texto : Mitin (cc) Gueorgui/flickr; Portada Nouvel Obs (cc) Philippe Martin/flickr ; Vídeo (cc) stylpy1/YouTube