Prostitutas y turistas: un paseo por el distrito Józsefváros de Budapest

Artículo publicado el 10 de Febrero de 2010
Artículo publicado el 10 de Febrero de 2010

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En plena recesión, la gran reurbanización sigue coleando pero, en realidad, son las iniciativas a pequeña escala las que preservan la integridad de Józsefváros, el distrito más tristemente célebre de Budapest

El paseo Corvin, pieza central del proyecto Corvin-Szigony que se lleva a cabo en la capital húngara y valorado en 405 millones de euros, está prácticamente terminado. Esta regeneración urbana, la mayor de toda Europa Central, es la mejor baza en manos del concejo municipal de Józsefváros para relanzar la zona y atraer más comercio y turismo. “Se ha diseñado una nueva ciudad con pisos, tiendas, oficinas y garajes subterráneos”, explica el concejal de Turismo, Zentai Oszkár. “Estamos trabajando para recuperar la buena reputación de Józsefváros”.

El Octavo

Conocido simplemente como el Octavo, Józsefváros se convirtió en sinónimo de criminales, prostitutas, drogas y gitanos, alojados en edificios venidos a menos que muchos ya consideraban antiquísimos incluso antes de que el levantamiento de 1956 les pasara factura. “Los estereotipos eran ciertos en los años 80 y 90”, declara Zentai. “Sin embargo, hoy en día, Józsefváros es una de las zonas más seguras de Budapest. Instalar un sistema de cámaras de seguridad en la calle fue uno de los grandes éxitos del ayuntamiento, pues contribuyó a que las prostitutas desaparecieran de las calles”.

Foto: ©habeebee/ FlickrAndrás Szabó, miembro de la HPIPA (Asociación por la Protección de los Intereses de las Prostitutas Húngaras) se muestra de acuerdo con Zentai: “Ya no es en absoluto algo tan habitual como antes”. No obstante, apunta que “ahora la prostitución suele ejercerse en pisos”. El hecho de que un problema desaparezca de nuestra vista no significa que haya llegado a su fin y la recesión sigue afectando a la prostitución. “Tienen menos clientes, los precios han bajado y los clientes quieren más por el mismo precio”, explica András. “Las trabajadoras del sexo húngaras son prácticamente las más baratas [de Europa], en parte debido a la competencia: las llegadas de países vecinos y más pobres (como Ucrania y Rumania) son incluso más baratas que las húngaras”.

Una encuesta financiada por la UE y realizada por Tampep en 2009 reveló que en Hungría el 25% de las prostitutas emigraron desde países de Europa Central y del Este. Según esta encuesta, la media europea de inmigrantes entre este colectivo es del 50%. Como consecuencia, las prostitutas locales se encuentran en una situación más desesperada que nunca, a la vez que la gentrificación o aburguesamiento de la zona las obligan a permanecer bajo el radar. La labor de la HPIPA consiste en asegurarse de que las ciudadanas marginalizadas no pasen del todo desapercibidas. “Nuestra misión se basa en proporcionarles información legal y sanitaria, así como informar a la población y a determinadas asociaciones de la situación de las prostitutas húngaras”, explica András.

Tesoros ocultos

Gyuri Baglyas, antiguo residente del Octavo y licenciado en Política Social, también se ocupa de concienciar a la gente. A sus 28 años, es el fundador de Beyond Budapest Sightseeing (‘Más allá del Turismo en Budapest’), una compañía que organiza visitas turísticas por el distrito, incluidos sus patios desmoronados. El descubrimiento sociocultural de Gyuri destaca la importancia de cada piedra, desde magníficos edificios históricos como el Palacio Festetics hasta otros más modestos que protegen la diversidad étnica del parlamento romaní que es Józsefváros. Como él mismo declara: “En Józsefváros, si ves un sendero debes explorarlo, pues todos los tesoros del Octavo están ocultos”.

Pero la escala del proyecto Corvin-Szigony ha generado polémica debido, entre otras cosas, al reemplazo y renovación sistemático de 2.500 apartamentos (algunos propiedad del municipio, otros de propiedad privada). Incluso hay quien se pregunta si los ciudadanos de clase baja han sido obligados a abandonar la zona, incluidos los residentes romaníes, víctimas habituales de discriminaciones. “En absoluto”, insiste Zentai Oszkár. “La mayor parte de quienes vivían en el paseo Corvin recibieron pisos mejores dentro del distrito. El aumento de precios de estas propiedades inmobiliarias benefician a todos los propietarios de viviendas”. El mismo Gyuri se muestra pragmático: “Lo siento por todos los lugares y casas antiguas y maravillosas, pero la ciudad tiene que cambiar a largo plazo. ¿Debería compadecerme por la gente que ha tenido que abandonar sus casas o contraponer a esto todos los posibles beneficios procedentes del cambio? Se trata de una intervención necesaria”.

Foto: ©Alex JacksonLa contribución de Gyuri a este cambio es más sutil, pero arremete, sin embargo, de forma más precisa contra “los antiguos estereotipos”. El punto culminante de nuestra mañana con Gyuri llega con la visita a la casa de Kis Kálmán y Kis Kálmánné Éva, una pareja de ancianos romaníes. Mientras Kis Kálmánné Éva sirve té dulce, su marido, antiguo violinista principal en un conjunto musical gitano, comienza a tocar melodías con una destreza y belleza de las que sus largas y tatuadas manos parecen incapaces. Se muestran dispuestos a contestar a cualquier pregunta sobre la cultura romaní. “Estamos ansiosos por conocer a gente de todas partes del mundo”, proclama Éva. “Nos sentimos orgullosos de nuestra cultura y queremos hablarles a otros de ella, del mismo modo que debemos transmitirla a nuestros nietos. Pero también queremos aprender”.

Con esto, se evidencia la contribución de Gyuri al futuro del Octavo: el entendimiento mutuo. Mediante la interacción con sus gentes y edificios, Gyuri promueve un intercambio cultural, erosiona prejuicios y conduce al Octavo hacia adelante. El proyecto Corvin-Szigony logrará sin duda la prosperidad económica, pero quienes más contribuyen al bienestar social y personal son los individuos.

Fotos: ©habeebee / Flickr