Próxima parada, Zagreb: de viaje con los Verdes Europeos

Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2012
Artículo publicado el 5 de Diciembre de 2012
Primera parada: Zagreb. Comienza en la capital croata el viaje junto a los Verdes Europeos, que habían partido desde Bruselas —una parte de ellos desde Atenas—, donde se celebró su último consejo.
El partido ha elegido el ritmo lento del ferrocarril para descubrir el lado verde de la Europa oriental y la marcha del tren como banda sonora de esta aventura: primera etapa de un viaje que atraviesa todas las capitales del este europeo, entra en los pueblos y, a pesar del fuerte crujido de los raíles, escucha el latido de las ciudades y extrae la historia de una parte del continente. La pluma de Sara Bicchierini, periodista italiana y “abrumada por historias de segunda clase”, relata la travesía.

Son las 8:36 h de la mañana. Puntual como nunca, el tren nocturno 499Mónaco-Zagreb llega silbando a su destino. Antes del alba, ha dejado atrás las verdes campiñas eslovenas, se ha despedido de Liubliana y se ha dirigido hacia el sudeste. Un viaje en tren que ha visto el esplendor y la caída del imperio austro-húngaro y el surgimiento de los conflictos interétnicos de hace 20 años.

Los frondosos bosques del país vistos desde el tren.

En la estación de Zagreb, el partido croata de los Verdes está celebrando una rueda de prensa. Los representantes señalan a las vías semidesiertas y los signos del tiempo visibles en los vagones. Desde el final de la guerra, nadie se ha ocupado de estos trenes, aseguran. A ningún político le ha importado mejorar el estado de las vías férreas croatas y yo, abrumada por historias de segunda clase, con un billete InterRail en la mochila, les escucho en silencio.

“Nuestras vías férreas eran las primeras de Europa en cuanto a calidad”, me explica orgullosa Vlasta Toth, copresidente de los Verdes. “Ahora están en unas condiciones penosas y, para hacer caja, el Estado las está vendiendo. No se privatizan solo las máquinas sino también las infraestructuras”. Las inversiones públicas de los últimos años se han concentrado sobre todo en la construcción de autopistas: más de 1.200 kilómetros de asfalto para un país relativamente pequeño —apenas 56.000 kilómetros cuadrados, cerca de la quinta parte de Italia—. Una obra que facilita los desplazamientos, cierto, pero que aleja a Croacia del futuro sostenible y del impacto cero hacia el que la Unión Europea parece tender.

El viaje en tren de los Verdes sobre un mapa.

Así, entre recortes, negligencia y escasa promoción, el número de pasajeros de los ferrocarriles croatas ha descendido en más de 23 millones en dos años, pasando de los 73,5 millones de 2009 a los 50 de 2011. Las mercancías, mientras tanto, continúan siendo transportadas por camiones y furgonetas, mucho más contaminantes que el tren. Solo el 12% de los productos en Croacia se desplaza por las vías férreas: poco, demasiado poco, respecto al 75% que viaja sobre neumáticos. Los efectos de los tijeretazos a los costes se hacen sentir también en las líneas que unen el país con los estados vecinos: Serbia, Eslovenia, Bosnia-Herzegovina y Hungría. 56 conexiones internacionales debían parecer demasiadas a la compañía nacional ferroviaria de Croacia, ya que este verano han propuesto recortar 46. Después, quizá influenciados por peticiones como la de World Carfree Network, han pasado a 32. Pero nada es seguro todavía.

No te olvides de leer nuestro dossier: Zagreb la Rebelde.

Me pregunto qué impacto tendrán medidas como estas sobre el turismo, que parece ser el sector económico más emergente, o sobre el mundo laboral en general. Mientras la tasa de desempleo es del 18%, la empresa nacional ferroviaria ha anunciado que la reorganización conllevará 2.700 despidos de aquí a finales de 2012. Lo difícil que es encontrar un trabajo me lo confirma Iva, de 19 años, que acaba de terminar sus estudios en Zagreb: “Muchos jóvenes dejan el país para huir del paro. A menudo van a buscar fortuna en Canadá, donde la comunidad croata está bien integrada. También yo me lo estoy pensando. Aquí, en Croacia, la única esperanza es trabajar en verano, cuando llegan los turistas, y por un sueldo que a menudo no supera las 3.000 kunas —400 euros (N. de R.)—. Aunque para nosotros estar cerca de la familia es importante, el resto del año vivimos divididos entre las ganas de seguir aquí y la necesidad de partir”.

La capital croata amanecía lluviosa.

Solo a principios de diciembre sabremos, por ejemplo, cuántos trenes de la histórica línea Rijeka (Fiume en italiano)-Liubliana serán eliminados. Y a partir de ahí nos quedará un poco más claro el destino de los estudiantes que están lejos de casa, de las parejas que están más allá de la frontera y de los viajeros ambientalistas que cada día se desplazan por esta ruta.

Fotos: © Sara Bicchierini.