Puertas abiertas en Gran Bretaña, Irlanda y Suecia

Artículo publicado el 19 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 19 de Septiembre de 2005

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¿Qué ocurre en los tres países que han abierto las puertas a la inmigración proveniente de los nuevos Estados miembro?

La fuga de cerebros provenientes del este tiene un culpable. Mejor dicho, tres: Irlanda, Suecia y Gran Bretaña: los únicos países miembros de la vieja Europa que han abierto las puertas a la inmigración de 10 Estados que, desde el 1 de mayo de 2004, son miembros de la UE.

¿Fuga de cerebros o sólo emigración?

¿Cuáles son los resultados? Según un informe del European Citizen Action Service, publicado el pasado 10 de agosto, desde 2004 el aumento del flujo migratorio de Europa oriental parece casi una invasión: 175.000 nuevos trabajadores registrados en Gran Bretaña, 85.000 nuevas altas en la seguridad social en Irlanda y casi 22.000 permisos de residencia expedidos en Suecia. Pero, ¿Quiénes son los nuevos invasores? El identikit que perfila el informe es claro: jóvenes de edad comprendida entre dieciocho y treinta y cuatro años, sobre todo hombres. Sin embargo, a través de los datos del estudio mencionado, todavía no es posible determinar si se trata de una fuga de cerebros, es decir, si el nuevo flujo está compuesto en su mayoría de fuerza de trabajo altamente especializada. Lo que es cierto es que del 3% al 5% de los jóvenes del este que han conseguido un certificado de formación de postgrado dejan el propio país. Estas cifras se explican también por el hecho de que otros países europeos han preferido aplicar un periodo de transición durante el cual las fronteras permanecerán cerradas.

La racionalidad de los economistas

¿Qué es lo que ha impulsado a estos países, que no brillan por su euroentusiamo, a abrirse a los que -hasta hace pocos años- vivían al otro lado del telón de acero? El informe evidencia que, ya desde 1999, Irlanda empleaba a trabajadores provenientes de la Europa oriental. El gusto por la mano de obra a bajo precio no es una novedad para el país de la Guinness.

En Suecia, en cambio, un sondeo efectuado en 2004 por el Eurobarómetro revelaba la anuencia de la opinión pública hacia los recién llegados, hasta el punto de ampliar el acceso a los subsidios sociales nacionales también a ellos. En cuanto a Gran Bretaña, los datos del Home Office hablan claro. Londres abre las puertas a los europeos del este debido a la falta de oferta en ciertos sectores del mercado de trabajo: camareros, obreros, y demás. Entre los profesionales hay carencia de dentistas.

El miedo de la gente

¿Cuál es la reacción de la gente de a pie? ¿Hasta qué punto la racionalidad (y la conveniencia) económica de la apertura de fronteras es aceptada, por ejemplo, por la población británica? 175.000 recién llegados darían miedo a cualquiera, sobre todo a quien se asustó de los 5.000 ó 10.000 previstos en un principio por el gobierno inglés antes de la ampliación.

En realidad, los nuevos "emigrantes instruidos" no tienen intención de quitarle el trabajo a nadie: quieren sencillamente formarse en el extranjero y luego volver a casa. Eszter, húngara, asistente en el área de mercadotecnia de una sociedad de apuestas online, ha llegado a Londres hace cinco semanas con una licenciatura en Administración de empresas de la Budapest University of Economics and Public Administration bajo el brazo. "Me quedaré aquí durante uno o dos años y luego regresaré a Hungría. Esta experiencia impactará en mi currículum", explica.

A menudo, las expectativas no son tan altas, como en el caso de Jozef y Silvia: casados, eslovacos, él con una licenciatura en arquitectura de interiores, ella con otra en mercadotecnia. Ambos trabajan en Dublín: él como arquitecto y diseñador gráfico y ella como agente de ventas de una multinacional. "Tenemos un trabajo acorde con nuestro grado de educación, lo que nuestro país no podía garantizarnos", admiten. "Pero queremos volver a Eslovaquia: espero que los salarios sea mejores cuando regresemos", confía Jozef. A lo que Silvia añade que estaría dispuesta a sacrificar parte de sus emolumentos si pudiera volver: siempre que fuera "algo interesante".

Lo mismo dice Bernadett, de Budapest, con una licenciatura en economía, unas prácticas en Bruselas -en el Parlamento Europeo- y que ahora se halla en Lund, Suecia, asistiendo a un prestigioso máster en economía medioambiental. "Me iré de aquí cuando acabe el máster para volver a Hungría. Quiero encontrar un trabajo que me guste en mi país a cualquier precio".

Británicos, irlandeses y suecos pueden dormir tranquilos. La inmigración del este parece ser temporal o “de paso”. El balance tendrá que hacerse dentro de cinco o diez años. Cuando los jóvenes cerebros del este hayan cedido el puesto a un nuevo impulso migratorio. Proveniente de quién sabe dónde.