Putin, ¿Icono de la demagogia de la derecha? 

Artículo publicado el 4 de Mayo de 2015
Artículo publicado el 4 de Mayo de 2015

De Le Pen a Salvini las nuevas derechas europeas miran hacie el Este. ¿Se trata de analogías ideológicas o de intereses comunes?

Hace apenas 20 años, o quizá algo más, un escenario de este tipo habría parecido no solo extraño sino, de alguna forma, totalmente incompatible con la realidad, sobre todo en países como Francia o Italia. Sin embargo, hoy asistimos a la creación y reforzamiento de una conexión muy particular entre las ideas europeas y Rusia, a través de la dura y discutible figura política de Vladimir Putin, en el poder desde el año 2000 ininterrumpidamente. El mandatario ha alternado el papel de presidente con el de primer ministro y llevado a cabo reformas como la de 2008 con el fin de mantenerse en el poder a pesar de llegar al final de su segunda legislatura.

El apoyo financiero

Como relata el periódico The Guardian, desde 2009 el Kremlin ha apoyado activamente a partidos de extrema derecha como el Jobbik en Hungría, el Partido de la Gente en Eslovaquia, a un partido nacionalista en Bulgaria y hasta al movimiento “Anti-EU Attack”. Todo ello solamente en la Europa del Este. En el corazón de Europa, el Frente Nacional de Marine Le Pen, que en los últimos días ha fracasado en su asalto a la Administración permaneciendo en la oposición en todas las circunscripciones, ha recibido una relevante cantidad de financiación por parte de Rusia.

El banco checo ruso de Moscú, como el propio Frente Nacional ha reconocido, ha financiado al partido con 9,4 millones de euros mientras que Le Pen habría recibido personalmente 2 millones de una compañía desconocida con sede legal en Chipre. Como contaba en 2013 el New York Times, algunos plutócratas rusos han tenido, y tienen aún, un papel clave en el particular sistema bancario de la isla, colapsado en 2013.

En Italia, por su parte, Matteo Salvini de la Liga Norte, actualmente en el centro de la atención mediática por su estilo comunicativo extremadamente demagógico, ha visitado ya Moscú y ha prometido volver a hacerlo pronto. La razón de esta apertura política sería la siguiente: “Putin es un aliado en la lucha contra el terrorismo y necesitamos tener a los rusos como amigos para el comercio, los negocios y para todo lo demás”, como ha afirmado Salvini.

El principal motivo que une las intenciones de estos partidos a la política exterior rusa es la común aversión hacia la Unión Europea, vista por un lado como la causa de la crisis económica y de la mala gestión de problemas como los relacionados con la inmigración clandestina; por otra parte, se ve  como una amenaza para los acuerdos energéticos entre Rusia y otros países europeos, además del peligro geopolítico que supondría la adhesión de países como Ucrania a la Unión Europea, y consecuentemente a la OTAN, como podría haber ocurrido en 2004.

Así como durante la época soviética Moscú creaba movimientos comunistas en Europa, ahora apoya económica y políticamente a partidos de derechas con fines geopolíticos, pero sobre todo con fines económicos. En relación con este hecho, The Guardian informa de que algunas de las fugas provenientes de Estados Unidos y difundidas en el escándalo de Wikileaks en 201o, hablarían de cómo el acuerdo energético entre Italia y Rusia de 2010 estaría contaminado por beneficios “personales” reservados por Moscú al entonces presidente del Consejo de Ministros, Silvio Berlusconi. El Kremlin, de hecho, ve la extrema derecha fácilmente influenciable gracias a la financiación, oficial u oficiosa, convirtiéndola así en vanguardia en una Unión Europea de la que parecía definitivamente excluido.

Duro, intransigente, intolerante

Estos motivos de política exterior realistas y pragmáticos serían por tanto la base del “mito” que estos partidos han creado y continúan alimentando sin cesar para mantener sus circunscripciones. El personaje duro, intransigente e intolerante contra las minorías como la musulmana, despiadado frente a sus oponentes políticos (el misterio aún planea sobre el caso de la muerte de Nemtsov), parece ser el estereotipo que la derecha necesitaba para encandilar a su electorado. Lo que parece olvidar es que en política no hay ningún tipo de gobierno que funcione, manteniendo todo constante, en contextos sociales y económicos profundamente diferentes.

La actual Federación Rusa tiene una extensión que casi dobla la de Europa, con el mismo número de habitantes que Italia y Alemania juntas y en la que existen áreas totalmente deshabitadas como Siberia. Por otra parte, la historia del país es completamente diferente a la de los estados europeos, tanto desde el punto de vista social (hasta 1991 no se emancipó de la dictadura) como cultural, religioso y económico. La represión de las minorías, una política desfavorable frente a los homosexuales o una política exterior insolente, pueden servir para atraer alguno de los votos que han quedado huérfanos tras la centralización de las derechas tradicionales pero, parece no tener nada que ver con las verdaderas motivaciones que seguramente unen a Putin con las nuevas derechas europeas.