¿Qué demonios es una concentración?

Artículo publicado el 17 de Octubre de 2008
Artículo publicado el 17 de Octubre de 2008
Cada año, la Comisión europea pasa revista a más de mil procesos de concentración de empresas. No todas juegan limpio.

Todas las concentraciones de empresas que superen los umbrales de volumen de negocio previstos en el Reglamento CE 139/2004 deben ser notificadas a la Dirección General de Competencia de la Comisión Europea y no pueden ser ejecutadas hasta recibir su aprobación. Hasta el 31 de julio de 2008 se han notificado a la Comisión 3.882 concentraciones.

A menudo, las operaciones de concentración entre empresas resultan beneficiosas para la sociedad, al posibilitar, por ejemplo, la aparición de nuevos productos o la reducción de costes de producción o distribución. Sin embargo, en determinadas circunstancias estas operaciones pueden obstaculizar la competencia, en particular si crean o refuerzan una posición dominante en el mercado, restringiendo así la innovación o dando lugar a incrementos de precios. Con el objeto de velar por los intereses de los consumidores, la Comisión Europea puede prohibir o someter a condiciones la realización de aquellas operaciones de concentración que puedan desembocar en una “obstaculización significativa a la competencia efectiva en el mercado”.

Un poder gigantesco

con independencia de la nacionalidad de las empresas

La jurisdicción de la Comisión europea abarca el examen de cualquier concentración susceptible producir efectos en mercados comunitarios con independencia de la nacionalidad de las empresas parte en la operación, algo que, en ocasiones, ha sido fuente de controversias.

Esta concentración, que habría supuesto la mayor fusión industrial de la historia, había recibido con anterioridad el visto bueno de las autoridades norteamericanas

En 2001, la Comisión europea vetó la propuesta de fusión entre las compañías estadounidenses General Electric y Honeywell al concluir que la entidad resultante de la operación tendría una posición dominante en los mercados de motores para grandes reactores regionales; grandes reactores comerciales; reactores corporativos, así como en el mercado de las pequeñas turbinas de gas marinas. Esta concentración, que habría supuesto la mayor fusión industrial de la historia, había recibido con anterioridad el visto bueno de las autoridades norteamericanas, motivo por el que el veto comunitario fue muy criticado al otro lado del Atlántico.