¿Qué le está permitido a la sátira? ¡Todo!

Artículo publicado el 23 de Septiembre de 2008
Artículo publicado el 23 de Septiembre de 2008
El significado de la risa, el humor y la sátira en la sociedad europea

Solo los seres humanos pueden reír. Retorcerse, partirse, troncharse de risa. Desternillarse, temblar, reírse para sus adentros. Todo humano, ¿no? Henri Bergson así lo daba por hecho a principios del siglo XX en su conocido estudio sobre la risa Le Rire: la risa estaba reservada al ser humano. Pero hoy por hoy estudios etológicos muestran que también los animales ríen en ocasiones: los homínidos imitan la mímica y pueden responder a una sonrisa, mientras los ratones se estimulan mutuamente hasta reír muy bajito.

Pero lo que permanece genuinamente humano según nuestros conocimientos actuales es la capacidad de abstracción, de reírse de algo, del humor, de la sátira. Filósofos, lingüistas, psicólogos, neurólogos y eruditos se ocupan desde la antigüedad del fenómeno del humor. Bergson, en su tesis sobre la risa, la trató más como fenómeno social que como proceso neuropsicológico en el que se contrae el diafragma. A principios del siglo XXI existen innombrables teorías sobre el humor. Sin embargo, encontrar una explicación extensa para algo tan cotidiano parece inaccesible. Extraño, ¿no?

Aristóteles y Freud juntos contra un tercero

Aristóteles argumentaba que la gente necesitaba reirse de los otros para sentirse superior

Aristóteles argumentaba que la risa estaba motivada por la necesidad de algunos de reírse de sus semejantes para sentirse superiores a estos. Pero la teoría de la altivez solo puede explicar un pequeño porcentaje de todo lo que hace reír a las personas. Sigmund Freud, que fue pionero en intentar dar una definición científica a la risa y al humor, describe el humor a principios del siglo XX como un método para liberarse de las tensiones interiores. Le siguió Victor Raskin, lingüista de la Purdue University (Estados Unidos), quien a finales de los 80 formuló su Teoría General del Humor Verbal.

Lo que suena como una teoría de la relatividad del humor, reduce el humor a contradicciones funcionales y semánticas: desde Raskin, son los lingüistas quienes dominan la investigación del humor, clasificándolo en estructuras lingüísticas y convirtiéndolo así en algo explicable, es decir, previsible. Un chiste siempre contiene dos elementos, que desentonan al principio. Estos crean primero una incertidumbre, hasta que finalmente un sorprendente desenlace resuelve la tensión. Entonces hay que reírse. Un ejemplo del cómico Karl Valentin, contemporáneo de Hitler: “Menos mal que Hitler no se llama Kräuter (hierba, planta). “El público vacila y se extraña de esta constatación sin sentido, hasta que Valentin continúa: “Sino habría que saludarle con un ‘¡Heil Kräuter!’ (planta medicinal)”.

Sátira: ¿Poesía política?

El humor y el chiste están relacionados con la semántica, es decir con los significados de los signos lingüísticos, y dependen a menudo, aunque no siempre, de la lengua materna. La sátira y la caricatura son sub formas del humor particulares: son expresiones particularmente burlescas de un pensamiento lleno de humor, muchas veces de connotación política y en cualquier caso ligadas al momento histórico. Las dos cubren con una mezcla de arte y periodismo características contemporáneas de una sociedad, donde surgen como productos culturales.

Dicho de otra manera: humor y chiste suele permanecer en la esfera privada. En cambio la sátira se publica y es reproducible. El gran filosofo alemán Georg Friedrich Hegel condenó la sátira en sus escritos como algo que no produce ni verdadera poesía ni verdaderas obras de arte. Aunque tenga esta pretensión, no avanza hacia la realidad, sino que se escurre, según Hegel, en una fútil ciénaga de disgusto.

La sátira necesita libertad

La cultura de la sátira en Europa es muy variopinta. La palabra caricatura para referirse a este tipo de retratos comenzó a utilizarse en Europa en el siglo XVI, tras la aparición de unas horribles pinturas de Annibale Caracci, que fueron definidas con el término caricare (sobrecargado).

Sátira y censura, pocas cosas en la historia de la prensa van tan ligadas, y en ningún lugar tiene esta poco amistosa relación una historia tan marcada como en el mundo germano. Durante la República de Weimar pudieron desahogarse Tucholsky, Grosz y Valentin por un tiempo.

Al ingresar en la Unión Europea todos los países deben garantizar la libertad de prensa, y por lo tanto de sátira. Ya que, como constata definitivamente Tucholsky en su famoso artículo del año 1919: “¿Qué le está permitido a la sátira? ¡Todo!”.