¿Qué significa realmente?

Artículo publicado el 31 de Enero de 2005
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 31 de Enero de 2005

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Aunque no haya mucha gente que tenga ganas de leer la Constitución Europea, es importante saber cómo afectará a nuestras vidas, sobretodo cuando hay que votar en un referéndum.

En octubre, los líderes de los 25 países de la Unión Europea (UE) firmaron el segundo Tratado de Roma, también conocido como el Tratado Constitucional. Si es ratificado por todos los Estados miembro, la UE tendrá pronto una Constitución. Ante ello, los ciudadanos europeos tenemos que hacernos dos preguntas vitales: por qué necesitamos una constitución y qué significará para nosotros.

Aclaración de los antiguos tratados

La Convención Europea (que redactó el Tratado Constitucional) se formó, según palabras de su presidente Valery Giscard d’Estaing, para aclarar un bizantino sistema que es “demasiado complicado para la gente”. La idea era que, combinando todos los tratados existentes en un documento más comprensible, se podría aliviar la crónica desconexión entre el pueblo y las instituciones europeas. Una constitución democrática enmarcaría las relaciones entre gobiernos y gobernados y limitaría el poder de los legisladores a través de un sistema de controles y equilibrios. Esto haría a la UE más responsable.

Implicaciones

El lenguaje de la Constitución es complejo y legalista, pero tiene implicaciones reales que necesitan ser comprendidas –especialmente por los ciudadanos de los países en los que se celebrará un referéndum para su aprobación. En general, la Constitución dará más poder a Bruselas, aunque ciertos ámbitos –como industria y cultura- continuarán siendo prerrogativas de los Estados miembro. La creación del cargo de Ministro de Asuntos Exteriores de la UE y el incremento del número de competencias de la Unión –energía, deporte y propiedad intelectual entre otras- centralizará un poco más el poder, dando de ese modo a la UE mayor presencia a nivel internacional. También se ha previsto la elección de un presidente del Consejo Europeo, quien -previa aprobación del Parlamento Europeo- ejercerá un mandato de dos años y medio. A partir de que el documento ampare legalmente un himno, una bandera, un territorio definido, una legislatura y una corte suprema, la UE habrá conseguido dotarse, por derecho propio, de una importante identidad política.

La forma en que se toman las decisiones legislativas también será modificada. Actualmente, aún hay muchos ámbitos en los que se requiere unanimidad para tomar decisiones; no importa que conseguirlo suponga toda una hazaña teniendo en cuenta la reciente ampliación de la UE a 25 miembros. Con la Constitución, el número de áreas que requerirán mayoría cualificada se incrementará a 153, quedando sólo 44 que necesitarán de acuerdos unánimes para ser legisladas. Es más, el límite requerido para lograr la mayoría cualificada se reducirá: el bloque de votos necesario para la mayoría representará, al menos, el 55% de los miembros del consejo que comprendan como mínimo 15 Estados miembro que a su vez representen al 65% o más de la población de la Unión. Estas propuestas harán más sencilla ý más democrática la toma de decisiones, pero disminuirán la capacidad de los Estados de defender sus propios intereses.

Otro elemento crucial de la Constitución es la Carta de Derechos Fundamentales, que salvaguarda la vida y la libertad como derechos individuales inalienables. También promueve un mayor número de "derechos positivos", derechos que los ciudadanos pueden exigir en cualquier Estado en el que residan. Se incluyen aquí los derechos a asistencia en el hogar, a seguridad social, a protección del consumidor y otros servicios de "interés económico general". De esta forma, las instituciones de la UE legislarán y arbitrarán muchos más asuntos políticos que hasta ahora han sido competencia de los Estados.

Hay pocas dudas de que la Constiitución profundizará el proceso de integración. Existe, no obstante, un acalorado debate si este será un movimiento positivo o negativo. Los escépticos mantienen que centralizará el poder y frustrará el libre comercio. Por otro lado, los defensores del texto aseguran que la reforma es necesaria para hacer el proceso de toma de decisiones más sencillo en una UE ampliada y para darle una mayor presencia en los asuntos internacionales. Pero en última instancia será el pueblo el que juzgará si la Constitución supone o no un desarrollo saludable y constructivo.