¿Qué sucede tras las elecciones alemanas?

Artículo publicado el 3 de Diciembre de 2013
Artículo publicado el 3 de Diciembre de 2013

Seguidas con pasión por un gran número de europeos, las elecciones legislativas alemanas del pasado septiembre han suscitado un gran interés más allá de las fronteras germanas. Por primera vez, parece que estas elecciones podrían tener una verdadera trascendencia en Europa.

Al menos eso es lo que dice Ulrike Guérot, directora de la oficina berlinesa del Consejo Europeo de Relaciones Exteriores, tras haber constatado la sorprendente tasa de consultas (1.2 millones de visitas) de su análisis titulado: «What Europe expects from Germany and what Germany will not do», redactado en los momentos previos a las elecciones alemanas. Durante las elecciones legislativas del 22 de septiembre de 2013, la canciller Angela Merkel, a la cabeza del partido CDU-CSU (Unión conservadora), logró la victoria con el 41.5% de los votos. Sin embargo, deberá pactar con sus rivales del SPD (Partido social-demócrata) a fin de constituir un gobierno de «gran coalición».

PERCEPCIONES NEGATIVAS 

La representación de una hegemonía económica alemana en Europa se ha expandido ampliamente por los países europeos, alegremente difundida por los medios nacionales. Mientras que todo el mundo cree que el futuro de Europa depende de las decisiones políticas alemanas, la incógnita es ahora saber si el SPD logrará modificar la política exterior y económica perseguida hasta ahora por la canciller Angela Merkel. No hay nada menos seguro. Según Ulrike Guérot, Alemania tiene sus propias inercias, constitucionales y socioeconómicas, y no va a cambiar mucho su posición con respecto a Europa ¿Por qué? En primer lugar, la imagen de una Alemania que impone su liderazgo no encaja con la mentalidad alemana actual por razones históricas evidentes. Por ello, el país “no ve [o se niega a ver] que Europa se le pone en bandeja”. En segundo lugar, no hy que olvidar que el país aún recuerda su sometimiento a los Estados Unidos, motivo por el cual no recuperó su plena soberanía hasta 1989. Es también por estas razones por las que a su dominio económico no le sigue una política militar-estratégica fuerte.

Hay que subrayar que la percepción que se tiene en el exterior del poder económico alemán no siempre corresponde con la realidad. Es cierto que hay quien podrá ofrecer las cifras publicadas por un estudio de la consultora McKinsey en julio 2012. En este se demuestra que debido a la asimetría entre las economías nacionales, que funcionan bajo regímenes muy diferentes, las ganancias generadas por la introducción del euro no se han repartido de una manera completamente equitativa. En 10 años, en la eurozona, la actividad económica ha producido 300 mil millones de euros: la mitad corresponde a Alemania, una cuarta parte a la zona norte de Italia (gracias a la exportación) y la otra cuarta parte al resto de países miembros.

NO existe sóLO UNA ALEMANIA

Sin embargo, no hay que equivocarse. Ulrike Guérot menciona que el reparto señalado en el estudio se presta a confusión. Conviene señalar la desproporción entre el éxito económico atribuido a Alemania en este tipo de estudios y la realidad de la Alemania de hoy.

No hay una única Alemania, sino tres. Una Alemania del este, pobre. Una vieja Alemania del oeste que, a semejanza de Renania, en otros tiempo prosperaría de nuevo pero a la que los costes de la reunificación han debilitado las infraestructuras (especialmente en el sector de los transportes) hasta mostrar una progresiva decadencia del plan estructural. Por último, una Alemania del sur, rica y exportadora, única beneficiaria de las ganancias generadas por la introducción del euro.

Pensar que Alemania soportaría los problemas económicos de sus vecinos es todo un desafío. Alemania no tiene, por el momento, ni la ambición ni los medios necesarios para asumir este papel paternalista. Por mucho que el SPD parece haber empatizado con las dolencias de los Estados europeos que recaen sobre el país, en particular en lo relacionado con la suspensión del dumping social (no manteniendo el salario en línea con la productividad), lo cierto es que éste solo goza de un ligero margen de maniobra. El funcionamiento económico y social alemán no puede modificarse tan fácilmente, y menos todavía dentro del marco de una coalición de partidos de tendencias opuestas. Será entonces delicado para el SPD inscribir todos sus objetivos (entre otros, el salario mínimo de 8.50€ la hora, la política de grandes redes europeas y de la Europa social) en el contrato de la gran coalición.