¿Qué tienen en común el gaélico irlandés y el bielorruso?

Artículo publicado el 20 de Noviembre de 2012
Artículo publicado el 20 de Noviembre de 2012
La historia de la desaparición del gaélico como la principal lengua hablada en Irlanda parece impresionar a los polacos que llegan allí. Sin embargo, en su país también tienen un caso similar. Mientras que desde Dublín se defiende y se lucha por el gaélico, el bielorruso ha sido perjudicado como consecuencia de una guerra política no solo en Polonia, sino también en su tierra de origen.

Cuando llegué de Polonia al aeropuerto de Dublín, pensé que esas inscripciones en gaélico en las que podía leerse “Slí Amch” (salida), “Busanna” (autobuses) y “Tacsaí” (taxis) no eran útiles para los lugareños. Aunque las dos lenguas —una celta y la otra germánica— tienen muy poco en común en cuanto a gramática, vocabulario o pronunciación, tanto el gaélico irlandés como el bielorruso poseen una trayectoria de colonización y declive. Sus historias son de un parecido sorprendente y tuvieron lugar más o menos en la misma época.

Don de lenguas

En una visita guiada por las calles de Dublín, los turistas descubren que, justo hasta la hambruna que sacudió Irlanda a mediados del siglo XIX, al menos un 50% de la población de la isla hablaba gaélico. La extrema inanición y la emigración provocaron una disminución de la población del 25% y el gaélico fue absorbido por el hiberno-inglésinglés de Irlanda—. A ello, hay que añadir que hasta 1922 Irlanda formó parte del Reino Unido, el cual mantenía una política hostil hacia las lenguas nacionales de las provincias. Según el censo irlandés de 2011, solo 94.000 hablantes nativos de gaélico utilizan esa lengua en casa.

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De la misma manera, el bielorruso sufrió su primer declive en el siglo XIX. Fue la lengua principal del Gran Ducado de Lituania hasta que, en 1795, el territorio en el que se hablaba bielorruso pasó a estar bajo dominio de Rusia. El imperio ruso llevó a cabo una política de rusificación sistemática: el ruso era la única lengua permitida en la enseñanza y en la administración pública —igual que el inglés en Irlanda bajo la corona inglesa—. En 1918, Polonia y Lituania recuperaron la independencia, pero el territorio bielorruso se repartió entre el nuevo Estado polaco y la Rusia soviética. Por su parte, la lengua se fue estableciendo en las zonas rurales del este de Polonia. Tras la Segunda Guerra Mundial, Bielorrusia fue anexionada como república soviética y la afluencia de rusos provocó la marginación total de la lengua nacional. En la República de Bielorrusia, que surgió con la disolución de la URSS, el ruso es la lengua más hablada pese a que el bielorruso es el primer idioma oficial; igual que el gaélico en Irlanda. Un informe llevado a cabo por el Gobierno en 2009 revela que menos de un millón de bielorrusos, de un total de 10 millones de habitantes, hablan su lengua en casa.

La Unión Europea y la autocracia postsoviética

Irlanda es una democracia parlamentaria que cuenta con casi 100 años de tradición republicana, mientras que Bielorrusia no tiene una condición de Estado tan sofisticada. Su democracia de corta vida desapareció tras las elecciones presidenciales de 1994, en las que ganó Aleksandr Lukashenko, quien se mantiene en el puesto desde entonces. En Irlanda, los sucesivos gobiernos, elegidos democráticamente, aspiraban a proteger la lengua en peligro de desaparición con políticas como las Placenames Orders de 2004, que convirtieron todas las señales de tráfico de la república en indicaciones bilingües. El gaélico perdura en regiones de habla irlandesa llamadas Gaeltachtaí (Gaeltacht en singular), a las que se puede enviar a estudiar a los más jóvenes para obtener un currículum cien por cien irlandés. Asimismo, en 2005 el gaélico irlandés se convirtió en lengua oficial de la Unión Europea.

La situación de Bielorrusia es bastante diferente. El Gobierno prorruso aprobó un polémico referéndum que volvía a introducir los símbolos soviéticos en la vida pública y equiparaba el estatus del ruso con el de la lengua nacional. Desde entonces, el bielorruso ha ido cayendo en desuso progresivamente, pero ha sido recuperado recientemente por la oposición democrática y la juventud del país. Por ejemplo, el portal de oposición belaruspartisan.org dispone de una versión de su página en bielorruso. La lengua también sigue siendo oficial en algunas gminy —unidades administrativas básicas— del este de Polonia, donde la comunidad tiene señales de tráfico bilingües y programas de televisión diferentes —parecido a lo que ocurre en las áreas Gaeltachtaí—.

Para los polacos, que en el siglo XIX tuvieron que mantener su cultura bajo dominio extranjero, el caso de Irlanda es un reflejo de lo que podría pasar si no centran su recuperación nacional en la conservación de la lengua (hay que recordar que los alemanes y los italianos reunificaron sus países sobre bases vernáculas). En 1922, las zonas Gaeltachtaí de Irlanda eran mucho mayores, pero los monóglotas rurales animaron a sus hijos a comunicarse en inglés ya que era una lengua de prosperidad y educación. Igualmente, cuando Bielorrusia estaba haciéndose con la independencia entre 1990 y 1992, sus líderes apelaron a una bielorrusarización de la vida pública, a lo cual se oponía la mayoría de habla rusa: motivo por el que Lukashenko salió elegido en 1994. Hoy en día, hay una creciente afinidad hacia estas lenguas entre la población urbana joven —tanto en Dublín como en Minsk—. De hecho, están apareciendo cada vez más clubs, sociedades y programas residenciales universitarios en gaélico, incluyendo el Trinity College. Los jóvenes de Bielorrusia conservan lo que aprendieron de bielorruso en el colegio para “no olvidarse de los orígenes”. Con un poco de suerte, en el futuro oiremos ambas lenguas con mayor frecuencia por las calles de Europa.

Este artículo ha sido elaborado por el equipo local de cafebabel.com en Dublín: el más reciente de nuestra red paneuropea de blogueros, traductores, periodistas y fotógrafos. A la espera de su nuevo blog a principios de 2013, puedes unirte ya a su página oficial en Facebook.

Foto: (cc) Richard Milnes/Flickr.