¿Queréis derrocar a un tirano? Llamad a la OTPOR

Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2004
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Artículo publicado el 6 de Diciembre de 2004

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Tras Georgia, Ucrania. Los militantes del movimiento serbio OTPOR, después de haber derribado a Milosevic en el 2000, siguen exportando la revolución pacífica. Próxima parada: la Bielorrusia de Lukashenko.

En Kiev, a ocho grados bajo cero, las manifestaciones no se producen por casualidad. Para el presidente ucraniano Leonid Kutchma, las siglas OTPOR ("resistencia", en serbio) se han convertido en su peor pesadilla. Como en los tiempos de la revolución anti-Milosevic, un grupo de activistas serbios vive desde hace meses en Kiev y Minsk impartiendo lecciones de revolución (no violenta) a decenas de jóvenes hartos de la corrupción y la opresión de estos regímenes.

Todo empezó en Hungría

Todo empezó en Budapest. A comienzos de 2000, la guardia fronteriza serbia registró en pocos meses un flujo poco habitual de jóvenes serbios en visita al monasterio serbio de San Andrés en Hungría. En realidad, íban a ser recibidos en el Hotel Hilton de Budapest, donde el coronel estadounidense retirado Robert Helvy les enseñaría las técnicas más avanzadas de acción no violenta, de acuerdo con las tesis de Gene Sharp. Milja Jovanovic, que ha recibido en nombre de la OTPOR el premio "Libera Tu Mente" que concede el canal de televisión MTV, recuerda todavía la sorda respuesta de la Unión Europea a sus peticiones de apoyo: "enviad un módulo a Bruselas y en seis u ocho meses tendréis una respuesta". En cambio, fue Estados Unidos quien envió en dos semanas los recursos necesarios para abrir 70 sedes de la OTPOR en toda Serbia. Cuando iniciaron los bombardeos de la OTAN, la OTPOR escogió como símbolo el puño cerrado, pero de color negro, parodiando el viejo símbolo soviético tan querido por Milosevic. La OTPOR empezó a luchar contra la ley que imponía el control del gobierno sobre la educación y la universidad. Una lucha que se basó en la ideología de la resistencia individual de carácter no violento con casi dos millones de pegatinas colocadas en todas partes, y en particular contra los pilares del régimen: la policía y el ejército. Pocos meses después, el régimen de Milosevic se eclipsó.

Próxima parada: ¿la Bielorrusia de Lukashenko?

Hoy en día, el movimiento OTPOR no existe formalmente, después de la adhesión de una parte de los militantes al partido del presidente Boris Tadic y la creación del "Centro por la resistencia no violenta", dedicado a la exportación de la vía serbia a la revolución democrática. Aleksandar Maric es el nuevo "ministro de asuntos exteriores" de la nueva organización. Maric se ha encargado de formar a los jóvenes de la KMARA ("¡Basta Ya!"), la organización georgiana que pilotó la "revolución de las rosas" contra Shevardnadze y se ha pasado meses, junto con el centenar de observadores independientes coordinados por la ONG estadounidense Freedom House, dando instrucciones no violentas a los militantes de la PORA ("Ya era hora") con la vista puesta en las decisivas elecciones presidenciales Ucranianas.

La PORA, sin tomar partido ni por Yushenko ni por Yakunovic, ha transmitido a Occidente minuto a minuto y en directo las noticias de las calles, ha permitido a los militantes distribuidos por todo el país descargar material informativo y recoger denuncias sobre las irregularidades electorales.

Las banderas de la PORA eran las más vistosas sobre la capa de nieve que cubría la Plaza de la Independencia en Kiev. Sin embargo, éstas han sido ignoradas por la Unión Europea, así como durante 13 años ésta última ha ignorado los esfuerzos de democratización de Ucrania, negociando un partenariado que evitara la plena adhesión. Del mismo modo en que han pasado desapercibidos los grandes esfuerzos de los "chicos terribles" de la OTPOR en Sebia, la KMARA en Georgia y la PORA en Ucrania.

La próxima etapa, el próximo objetivo de estos "revolucionarios profesionales", serán las elecciones de 2006 en Bielorrusia, que podrían acabar con el más autocrático y aislacionista de los regímenes ex-soviéticos, encabezado por Lukashenko. ¿Será este objetivo compartido por la Unión Europea?