¡Quien se fue a Sevilla!

Artículo publicado el 30 de Enero de 2008
Artículo publicado el 30 de Enero de 2008

¡¡Desafiemos las evidencias!! Si el célebre adagio francés “quien fue a la caza, perdió su plaza” es el reflejo perfecto del alemán weggegangen, Platz gefangen (“ido y sitio cogido”), pero la desaparición del acento circunflejo que originariamente tenía el término chasse tiene historia.

Detrás de ese “sombrero” subtilizado por la malicia de un tipógrafo, se esconde nuestra astucia del día. En un principio, había que leer “relicario”, que hace referencia a un gran cofre de madera, piedra o metal, y que contiene los restos de un Santo. Nada que ver con la acción guerrera, fusil al hombro y a cazar conejos el domingo por la mañana. (En francés el verbo cazar es chasser, de ahí el juego de palabras)

En el “relicario”, las reliquias estaban colocadas como objeto de veneración en la Edad Media. Incluso se partía en peregrinación, como a Santiago de Compostela, para arrodillarse ante los restos sagrados y rezarles. Pero una vez regresado de la peregrinación, el cristiano se encontraba a veces con que su plaza en la asamblea de fieles había sido ocupada por otro. ¡Ah, qué idea ésta de partir a la “reliquia”!

¡Pero que el francés se tranquilice! No es el único: a su regreso a Roma, el italiano no encuentra su sillón, como indica la expresión chi va a Roma, perde la poltrona. Lo mismo el español que en ruta hacia Sevilla no las tiene todas a su vuelta para recuperar su sitio y es que “quien va a Sevilla, pierde su silla”.

Sin embargo, si todos los caminos llevan a la Ciudad Eterna, ¿por qué demonios acorralar al jabalí hasta Andalucía? En fin, sobre las riberas del Guadalquivir, durante las procesiones de Semana Santa, nuestro cazador no tiene otra salida que descubrirse. Si el alemán se mantiene neutro en este asunto, en el otro lado del Canal de la Mancha, los desafortunados derraman algunas lágrimas como en finders keepers, loser weepers “el que algo encuentra, pérdida llora”.

¿Se debe entonces concluir que en el norte la Reforma protestante miraba mal estas prácticas tildadas de supersticiosas? Por muy límpido que parezca, un proverbio no debe ser tomado como un evangelio. A todo esto, las “châsses” en argot significa “los ojos”. ¡A partir de ahora pues, tengamos el ojo bien abierto!