Quiero ser escritor alemán

Artículo publicado el 11 de Diciembre de 2007
Artículo publicado el 11 de Diciembre de 2007
¿Unos perdedores los veinteañeros? Menospreciada y sacrificada, la “generación de los ochenta” cuenta con muchos talentos en sus filas. Dos periodistas franco-alemanas intercambian vida, casa y familia para contárnoslo entre París y Berlín.

Generation 80 (Blog-Illustration: © Eva John/ Romy Straßenburg)

Al llegar a casa de Franz, cerca de la plaza Rosa Luxembourg, ignoraba una cosa acerca de él: “Tiene 24 años y quiere ser escritor”. Llamo al timbre; me recibe un chico alto, sonriente, vestido con vaqueros negros ajustados y jersey gris claro y una taza de té en la mano.

Primero me enseña el apartamento al que se acaba de mudar con su novia, Johanna. Comenzamos la visita por su despacho, que me muestra no sin cierto orgullo. “Es importante que la habitación en la que se trabaje no sea ni donde se duerme ni donde se come”, asegura. Es preciso aclarar que en Berlín son habituales estas tres grandes habitaciones que pondrían verdes de envidia a los parisinos de la misma edad. Por último, nos establecemos en el salón para realizar la entrevista. Mientras coloco el micro, recordándole el concepto de nuestro blog, me percato de la existencia de dos DVD de los mejores videos de Michel Gondry y de Spike Jonze en el suelo.

“¿Un retrato al día? Yo no podría…”, se sorprende Franz. Cuando se trata de escribir, le gusta tomarse su tiempo. Necesita sentir que está dentro de una crisálida, aislado en su bonito despacho. Por esta misma razón ha elegido una escuela que no es como las demás: el instituto alemán de literatura de Leipzig. Una “pequeña villa” de gran renombre, con tan sólo 60 estudiantes y a la que acuden regularmente algunas de las grandes firmas de la literatura alemana. Una escuela donde casi todos los estudiantes tienen un objetivo común: escribir una novela, ser publicados y poder vivir de ello. “Eso es lo que quiero yo también”, afirma Franz con determinación.

Escribir de buena mañana

Mucho más libres que en la facultad, los estudiantes se organizan como quieren. Los profesores les dan un tema sobre el que escribir, siempre bastante extenso. Cada texto es leído y comentado por los demás alumnos: “Es difícil, pero hay que aprender a aceptar las críticas”, explica Franz.

Desde su infancia, Franz se ha acostumbrado a un marco escolar particularmente protector. De niño acudía a una “Waldorfschule”, una de esas escuelas con métodos pedagógicos alternativos. “Animaban a cada alumno a desarrollar lo que sabía hacer mejor”, recuerda. En su caso, no cabía la menor duda de qué se trataba.

Franz no está más que un día a la semana en Leipzig. El resto del tiempo lo pasa en su habitación en Berlín, delante de su Mac. Para poder escribir de forma eficaz ha instaurado toda una serie de rituales: nada de duchas ni desayunos que se eternizan. No hay lugar para descanso en sus mañanas.

El mundo entero es una idea

Aparte de sus “deberes escolares”, Franz escribe sobre todo novelas y a veces algunos poemas. En este momento trabaja en su primer guión para un director amigo suyo. En cuanto a su primera novela, ésta será su proyecto de fin de carrera. ¿De dónde saca sus ideas? “¡De todo lo que hay mi alrededor! Basta con saber verlas. Todo resulta extremadamente interesante, todo es divertido, todo es alocado, todo es triste. Es más, el mundo entero es una idea. A veces, resulta agotador”, explica este fan de Thomas Bernhard, Peter Handke, Houellebecq y Proust.

Convencido de que terminará siendo publicado, Franz sabe que la dificultad reside en encontrar una buena casa editorial. A pesar de la existencia de bolsas para jóvenes escritores, sabe que el camino no será fácil. Para él, existe toda una generación que deberá despedirse de sus ilusiones: “Esperábamos días sin guerra, con más libertad, menos trabajo y menos pobreza. En verdad, nos damos cuenta de que todo es al contrario: hay que luchar sin descanso para preservar lo que tenemos. Hay que trabajar más, todo es más caro, los recursos se agotan.” Por último, concluye, la nuestra es quizás una generación de la nostalgia. “La nostalgia de la idea que nos hacíamos del futuro cuando éramos niños.”

Nos vemos en gen80.eu, un blog concebido como un calendario de Adviento virtual, dinámico, participativo y obligatoriamente franco-alemán para descubrir cada día el retrato de un miembro de la generación de los ochenta. Durante un mes, Eva John y Romy Strassenburg, dos jóvenes periodistas de 24 años intercambian sus apartamentos y sus ciudades para escribir el día a día de las vidas, los miedos, las dudas y los sueños que los jóvenes de su edad les cuentan gustosos... Un proyecto que cuenta con el apoyo de la Oficina franco-alemana de la juventud.