Quiero una Europa con rayos uva

Artículo publicado el 2 de Febrero de 2004
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Artículo publicado el 2 de Febrero de 2004

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No os fiéis de las imitaciones. Ya ha llegado la Europa de las dos velocidades made in Francia y Alemania. Las instrucciones de uso y alternativas ya se encuentran disponibles en el mercado.

Otra vez él. Una vez más, Berlusconi vuelve a crear escuela. Precursor de múltiples y asombrosas reformas ampliamente extendidas por el mundo, como la llamada videocracia, el conflicto de intereses entre estado y empresas. Una vez más, el viejo Silvio ha dado en el blanco. ¿La última moda creada por Su Eminencia? El lifting, bien sûr. Tan trendy, tan fashion, tan chic que, esta vez, son Chirac y Schroeder sus imitadores. ¿El sueño de estos últimos? Dar un retoque de una vez por todas a las decrépitas instituciones de la UE, lanzando al mercado con todo lujo de detalles el último producto que se vende como churros en el supermercado de la política europea, la Europa a dos velocidades.

Federalistas ingenuos y pragmáticos

La idea es casi tan vieja como el ya antiguo rostro de Berlusconi: crear un grupo de “países pioneros” que quieran desmarcarse de los más ineptos. Básicamente, no es más que una versión antiamericana de las llamadas “coalitions of the willings" o coaliciones de los dispuestos. Todos aquellos que se dejen manejar desde Washington, reacios a "caminar hacia adelante" serán incluidos "de oficio" en la lista de los malvados. En desobediencia al "Iraq divide". ¿El motivo de tanta división? Simple, señores: ¡la ampliación!

Una Europa formada por 25 estados es demasiado grande, demasiado compleja como para ser gobernada con eficacia. Con la creación de un hueso duro,con la primera clase de la red Intercity Europa, con el club de los afortunados “visionarios” que desean mantener alto el orgullo del Viejo Continente.

Sin embargo, la realidad es, por desgracia, muy diferente. Y, como suele ocurrir, a este lifting de las estrellas amarillas y el fondo azul también le acecha una sospechosa podredumbre. Lo demuestra la intencionada ambigüedad del discurso carolingio sobre la naturaleza institucional de este grupo pionero. No, no se trata de una Europa federal, como muchos federalistas ingenuos se empeñan en seguir creyendo. No volveremos a ver nacer las instituciones federales de la unión entre París, Berlín y cualquier otro barrio europeo.

Descentralización del poder

El proyecto es otro totalmente distinto. Es un proyecto basado en una idea que para todos los líderes nacionales se presenta espantosamente clara, si bien no tanto para la opinión pública: el concepto de soberanía nacional se acabó. En la Europa del año 2000, un estado, por sí solo, es prácticamente impotente. Con lifting o sin él. No se trata únicamente de un importante tema de actualidad política que pueda ser gestionado de un modo eficaz mediante los instrumentos clásicos del Estado de las Naciones. Para eso está Europa. Sin embargo, la cuestión es que, bien se trate del carbón y del acero, bien de la creación de una unión aduanera o bien, en última instancia, de las vacas o de los tomates, entre en juego el derecho internacional. Es decir, el método intergubernamental. Pero cuando se trata de la gestión del flujo migratorio (acuerdos de Schengen), de la moneda (el euro) o incluso de las infinitas, repito, infinitas reglamentaciones del derecho comunitario que en este momento representan más de la mitad del corpus legislativo de los países miembros, ¿podemos decidirnos por un tratado (porque eso es lo que era la Constitución que nos querían hacer tragar), eso que históricamente, en la democratísima Europa, decidían los gobiernos electos después de debates y de campañas abiertas? La respuesta es simple: no. De acuerdo con lo que se explica a muchos estudiantes distraídos de ciencias políticas, que, a menudo, son los mismos que ondean las banderitas de la Europa democrática de Giscard y Prodi, la política no es sino la gestión, el control y la lucha por el poder. Y ese poder, en la actualidad, se gesta a nivel europeo. ¿Queremos seguir soportando la descentralización del poder, la Europa de los Tratados, la eurocracia de las capitales que barajan los naipes de la política? Lo que obtendremos por parte de nuestros dirigentes será siempre irresponsabilidad e ineptitud. La cuestión es, sin embargo, que una UE a dos velocidades no conseguirá más que empeorar las cosas.

15 + 10 = 4

¿Por qué? Señores, un poco de imaginación. Año 2008. La gloriosa Francia, gobernada por un Chirac sometido también a un lifting y, más aún, a una hibernación, lanza la conocida “defensa europea”. Al grupo se unen Alemania, Bélgica y Luxemburgo. A golpe de programa ratificado, decretos ley y circulares, ve la luz un cuartel general formado por 90 gatos, perdón, por 90 “personas”. ¿Quién va a legitimar esta iniciativa? ¿Un Mini-parlamento Europeo formado por cuatro estados? ¿Quién va a ponerla en práctica? ¿Una Mini-comisión Europea dirigida por un Fischer agotado que recordará con nostalgia aquellos años en los que iba hablando de federalismo en la Universidad Humboldt de Berlín? Y, ¿qué tipo de Mini-parlamento y de Mini-comisión queremos preparar para la creación de los campos de concentración euro…uy!, perdón… para los centros de acogida que Inglaterra quiere construir en los estados limítrofes con la UE? ¿Qué vendrá después? ¿Cuántos van a ser? ¿Cinco, seis, diez países?

La realidad es que una solución de tales características supondrá el triunfo de la Europa intergubernamental. Simplemente porque el ejercicio de la democracia, que ya de por sí supone un aspecto problemático en la UE de hoy en día, será imposible en relación a la llamada "geometría invariable”. Y no sólo eso. La doble velocidad de Europa detendrá de un plumazo el mencionado proceso de "federalización" de las instituciones europeas esbozado, con escaso éxito más bien, desde la Comisión de Romano Prodi, el primero en hacerse llamar en su página web oficial "Presidente Prodi". El resultado, por tanto, será una fragmentación política. Y lograremos resolver, cuales tristes ilusionistas de circo, la ecuación 15 + 10 = 8, 5, 6 o incluso 11…

La única solución real que nos queda para este asunto es la de la Europa democrática, la elección de una clase de dirigentes europeos dotada de poderes políticos reales y responsables frente al pueblo. Debemos conseguir derribar el muro de las culturas y derrocar la Torre de Babel que se erige sobre nuestras cabezas y que nos dice que «no, es absolutamente imposible tener el mismo gobierno federal que alemanes y franceses, que daneses y polacos…» ¿Y por qué motivo? ¿Quizás por motivos históricos? Hasta que se demuestre lo contrario, es precisamente la alternativa democrática la que constituye el fruto más sano, la evolución natural de nuestra historia. Porque es hija de un iluminismo que todavía ahora es iluminante y porque el momento que vivimos se presenta histórico para nosotros. El lifting carolingio me disgusta. Prefiero los rayos uva de la democracia.