Radball, el fútbol sobre ruedas

Artículo publicado el 13 de Agosto de 2015
Artículo publicado el 13 de Agosto de 2015

Durante nuestras vacaciones en Alemania tuvimos un encuentro inesperado con el Radball, una especie de fútbol que se juega sobre bicicletas. El espectáculo es divertido, pero lo más bello es descubrir que, en el corazón de Europa, existe un deporte -desconocido para nosotros- con una gran pasión que lo rodea.

Las sensaciones son similares a aquellas vividas antes de muchos partidos. La espera del desafío, acompañada de un buen vaso de cerveza local y de cualquier pronóstico sobre el resultado final, mientras los atletas completan el precalentamiento y las banderas se ubican sobre las gradas del estadio. A continuación llega el momento en el que entran al campo los jugadores en pantalones cortos y camiseta, el árbitro, el balón y las bicicletas, seguidos de los gritos de ánimo del público y, finalmente, el silbido inicial y las primeras riñas en la cancha: despliegues acrobáticos, mucha destreza y enfrentamientos intensos. 

Descubriendo el  "fútbol en bicicleta"

Esperamos ver las redes hincharse pronto gracias a un gol espectacular, posiblemente del equipo local —a quienes animamos para devolverles la hospitalidad. El ritmo de juego es alto y el balón rueda de un lado al otro. Porque hay un balón, es cierto, pero no hablamos de fútbol, baloncesto, voleibol, balonmano, waterpolo o cualquier otro deporte que os pueda venir a la mente. En el centro de la escena destacan las bicicletas: se trata de un partido de Radball.

Estamos en Hahndorf, uno de los barrios más bellos de la ciudad de Goslar, en Baja Sajonia, a una hora en coche de Hanover y de Wolfsburgo. En realidad no vinimos hasta aquí con el propósito de ver este evento, estamos de vacaciones en Alemania por otras razones. Pero cuando nos propusieron descubrir un deporte desconocido, pero muy popular en estas latitudes, y asistir a un torneo internacional entre clubes de primera categoría, la curiosidad nos llevó a cambiar nuestro programa de viaje.

Así pues, aquí estamos, en el gimnasio municipal para animar al equipo R.C Alemania Hahndorf, que ya ha ganado todos los títulos que se puedan ganar en esta disciplina y que se enfrenta a un equipo suizo.

El placer de asombrarse

El Radball (en alemán, o Cycle ball según el término oficial en inglés) es una disciplina que se remonta al año 1893, con los primeros campeonatos del mundo inaugurados en 1929. En Italia, este deporte apareció repentinamente en 1951 cuando Milán celebró nada más y nada menos que el mundial de Cycle ball. Posteriormente —al menos según Google— no hay muchos rastros concretos de esta disciplina dentro de las fronteras tricolores.

Un entrenamiento especial de dos ciclistas-jugadores de Radball (Equinox Wheels/You Tube)

El Radball fue inventado a finales del siglo XIX por el germano-estadounidense Nicholas Edward Kaufmann, y se volvió particularmente popular en países de Europa central como Alemania, Austria, Suiza, República Checa, FranciaBélgica, pero también en Dinamarca, Japón y Rusia. Los parecidos con el fútbol son numerosos, aunque el campo es más pequeño y se practica esencialmente en interiores. El esquema del juego y las paredes del gimnasio nos recuerdan más al baloncesto y al balonmano, con tiempos de 7 minutos cada uno. Y, obviamente, se juega con los pies sobre los pedales y montado en una especie de bicicleta con un resorte fijo, ultra ligera y manejable, con el manillar estirado de modo que permita usar la rueda delantera como un palo de hockey para golpear al balón. Se regatea, se tira el balón, se detiene, todo con las ruedas de la bicicleta.

A estas alturas, como buenos cronistas, deberíamos proveer alguna información sobre el partido de Hahndorf. En realidad, el destino del partido se nos escapa de las manos mientras tomamos una foto y charlamos con las personas del lugar. Lo que más impresiona es la idea de que, en la era del deporte globalizado e hiper comercializado, en el corazón de Europa exista todavía la posibilidad de sorprenderse con un deporte ignorado en otros lugares, pero que dentro de estos muros transmite pasión y orgullo, o que constituye al menos un pasatiempo agradable. Y esa es una sensación maravillosa.