Radovan Ivsic, un europeo surrealista

Artículo publicado el 3 de Enero de 2006
Artículo publicado el 3 de Enero de 2006

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Dinosaurio del Surrealismo, Radovan Ivsic ha atravesado el siglo XX entre poesía, dramaturgia y compromiso político. Durante una estancia en Bruselas, este parisino de adopción comparte con nosotros una vida europea llena de buenos y malos momentos.

“Los colores me atrapan y me revuelven”. Esta frase pertenece a Radovan Ivsic y parece haber hecho de ella su seña de identidad. Iluminado por una corbata amarillo fluorescente, un guiño a su aparente eterna juventud, este poeta franco-croata acaba de participar en Bruselas en una manifestación cultural dedicada a Rumania. Tras haberse librado, a duras penas, de amigos y admiradores que trataban de saludarle, nos invitó a su mesa. Vestido de negro riguroso, descubrimos a un hombre esbelto que conserva, a sus ochenta y cuatro años una audaz media melena. Poeta y dramaturgo apreciado por Breton, “el maestro”, como algunos le llaman, pertenece a una “especie en vías de extinción”, a imagen de su amigo de origen rumano, Eugène Ionesco, el padre del teatro del absurdo.

Artista decadente

Nacido en Zagreb, en 1921, Radovan Ivsic descubre París a los dieciséis años. Al año siguiente, en 1938, cuando todavía estudiaba en Grenoble, se desplaza a Orange para asistir al Festival de los “Coregas”, una obra de Sófocles representada por la Comedia Francesa que le impresiona de tal manera que decide dedicar su vida exclusivamente al teatro. De vuelta a Yugoslavia, intentará llevar a cabo ese proyecto, pero la Segunda Guerra Mundial se lo impide rápidamente. De 1941 a 1945, el régimen nacionalista neo-fascista Ustachi dirigió Croacia como un Estado-marioneta nazi y, para las autoridades, Ivsic encarna la idea de “un símbolo del arte decadente”. Su poema “Narciso” se prohíbe desde 1942 y su función de teatro “El Rey Gordogán” habrá de esperar más de diez años antes de ser exhibida. Radovan Ivsic volverá a tener la misma suerte con la República Federal Socialista de Tito. “Si los fascistas me dieron pruebas concretas de lo que estaba prohibido, los comunistas fueron mucho más astutos, logrando la mayor parte del tiempo prohibir sin prohibir”, afirma. Al no poder expresarse de manera directa, Ivsic tiene que refugiarse en la traducción al croata de los clásicos de la literatura francesa, antes de partir definitivamente hacia París, en 1954. “Abandoné con ilusión la Yugoslavia de Tito porque éste había adoptado la Doctrina Jdanov, el sistema estaliniano, el realismo socialista, llámelo como quiera, hay mil maneras distintas de describir el mismo horror”.

París, 1950

Una vez instalado en la capital francesa, Ivsic tiene la gran suerte de encontrar, sin haberlo buscado expresamente, a uno de los grandes poetas surrealistas, Benjamín Péret. Además, entusiasmado por “el Rey Gordogán”, André Breton le invita a formar parte de aquella corriente artística. A partir de entonces, Ivsic frecuenta personalmente, además de a Breton o Péret, al pintor checo Toyen o al español Miró. En el Montmartre de los años cincuenta, el Café Musset se convierte en el punto de encuentro de las representaciones diarias del denominado Grupo Surrealista, todo ello hasta 1969, fecha del fin, o mejor, de la “suspensión” del movimiento. A la pregunta de si se siente a gusto en la piel del último gran surrealista, Ivsic responde entre desencantado y melancólico: “no puedo pretender ser surrealista cuando todo el mundo quiere serlo después de la desaparición del movimiento”.

Europeo desde el origen, nuestro invitado mira a Europa con atención y también con cierta inquietud. “No temo a la Unión Europea, y ello pese a que no podemos olvidar que de Europa procede buen número de catástrofes” y nuestro personaje nos recuerda que los europeos han exterminado, robado, colonizado e incluso inventado la bomba atómica. Por otro lado, no le extraña en absoluto la actitud mantenida por parte de la UE frente a la Guerra de Croacia y de Bosnia Herzegovina. “¿Cómo no condenar a una Europa que no ha reaccionado ante las masacres de Vukovar o Srebrenica?”, exclama Ivsic. ¿La clave de la situación actual en Croacia, al margen de la UE? “Los croatas son europeos. Me parece anormal que aún no formen parte de Europa. ¡Es una injusticia!” A los ojos del poeta, el mito de una Europa pacificadora parece haber perdido su aura.

Libre de servidumbres

Por otro lado, Ivsic rechaza reducir el mundo a Europa. Yugoslavo de origen, franco-croata en la actualidad, habla además de croata y francés, el italiano, alemán, inglés y ruso, entre otras. “Un pueblo pequeño tiene que saber idiomas”, afirma. En cuanto a su compromiso ciudadano, confiesa que “huye de los políticos” al tiempo que reconoce que paradójicamente, la mayor parte de su obra es profundamente política, citando como ejemplo “el Rey Gordogán”, escrita bajo la ocupación alemana y donde se plantea el debate entre el poder y la servidumbre voluntaria. Rechazando los honores y demás distinciones literarias confiesa: “me pareció indigno de Ionesco que ocupara un puesto en la Academia Francesa. Desde entonces, nuestros encuentros terminaron”. Finalmente, reconoce que es el lugar que el hombre ocupa en el universo moderno lo que realmente le interesa. “Lo que sucede en Irak, la ecología, la bomba atómica: esos son problemas de verdad. Hay que resistir en este mundo.” El paso de los años no ha apaciguado el carácter reaccionario de Ivsic. “En Croacia, la gente vive con pensiones miserables, como en muchos otros países del Este en los que cada día son más evidentes las diferencias entre ricos y pobres, y eso sin hablar de China”. Inquieto y al mismo tiempo optimista, Radovan Ivsic quiere creer aún en el poder que supone poder decir que no, recordando que “la libertad de expresión es fundamental”.