Ramon Kelvink Jr., El mundo a 25 metros de altura

Artículo publicado el 3 de Septiembre de 2007
Artículo publicado el 3 de Septiembre de 2007
Cara a cara en Liguria con este equilibrista francés de 35 años, para que nos explique su punto de vista –privilegiado- sobre Europa y el mundo.

El propietario de la taberna se le acerca con los ojos desencajados, golpeándose sobre la frente con el índice: “Debes de estar loco, hacer esas cosas allí arriba”. Después, la mueca innatural se transforma en una sonrisa: “¡Bravo, no sé como lo haces, pero bravo!”. Se trata de Ramon Kelvink Jr., de profesión: equilibrista. De raza. Y es que desde 1512 su familia observa el mundo desde lo alto de las cuerdas y los trapecios.

Manos callosas, No como Houdini

“¿Ves aquellas sogas? Soy yo quien las ha instalado. No soy del tipo de “que me preparen la papilla”, se arranca, enérgico. “He recorrido las plazas de toda Europa, y también de otras partes del mundo. He visto el planeta desde una perspectiva privilegiada. Trafalgar Square, Belfast, París, San Sebastián, media Italia, Québec”. Ahora bien, Italia es más su casa. “¿Has visto la peli La Strada, de Fellini? En Italia hay respeto y admiración natural, no hay necesidad de ponerse una máscara ni de disfrazarse”.

Trato de pedir un vaso de vino de Sciacchetrà, un licor de pasas local. Pero Ramon se me anticipa: “Un vaso de agua con gas, gracias”. Olvido que el alcohol no es buen amigo de quien vive a 30 metros de altura, sin redes de protección ni trucos. Sólo él, él y su cuerda. “Y el asta, hay también un asta”. “Verás”, me explica enseguida. “Houdini era excelente, pero era de todas formas un ilusionista. Fingía que se arriesgaba. Yo, en cambio, arriesgo de verdad. Si un día pongo mal un pie, ¡Plam! –grita de improviso golpeando la mano sobre la mesa- estoy acabado”. En otras palabras: “El mundo se divide en dos: lo real y lo virtual. Yo, con mis manos callosas, con mi cuerpo, me siento feliz de pertenecer al primer grupo”. La relación con lo corpóreo, el gran mal de nuestro tiempo.

Francia modelo. Cogéis a Sarkozy

Le pido que me hable de él, y Ramon le coge gusto al asunto. “Verás, he hecho cientos de espectáculos, pero cada vez es diferente. En el mundo quedamos poquísimos que realicemos este trabajo. ¿Cuándo tengo intención de dejarlo? No lo sé. Dentro de 10 años, quizás más. Pero antes querría pasar el testigo a alguien. Debo pensármelo bien. Sabes, si alguien se cae desde allí arriba y tu has sido su maestro, después, por la noche no es fácil encontrar el sueño.”

Las raíces de Kelvink vienen de lejos. “Soy un cosmopolita, pero sobre todo un europeo. Mi abuelo paterno era holandés, mi abuela rumana. La familia de mi madre argentina. Toda gente de circo, obviamente. ¿Si me han obligado a tomar este camino? No. Sólo me subieron un día al monociclo cuando yo tenía apenas cinco años. Después, he sido yo quién no ha sido capaz de apearme.”

Ramon hoy es un hombre feliz. Vive con Catherine Léger, su compañera de trabajo y de vida. “Cuando me llamaron los del Circo del Sol, les dije simplemente que no. Quiero continuar siendo Ramon Kelvink Jr, no uno de los equilibristas de un circo ambulante.” Parece leer una nota a pie de página de una crítica al sistema cultural francés. “En Francia estoy bien”, argumenta Kelvink, nativo di Bergerac, como Cyrano, “y creo que nuestro país puede ser un modelo para muchas cosas.” Mira Sarkozy: no le pide el carné de derechista a nadie. Si se encuentra con talentos en la izquierda le invita a trabajar con él. Hay necesidad de esto hoy en Europa para superar las diversidades que de otra manera nos dividirán.”

La actuación en Vernazza, un paseo a 30 metros de altura, no le arredra. ¿El viento no es un problema? “No, al viento estoy habituado. Aquello que puede ser un problema a lo sumo es la salinidad. A más sal en el aire, la cuerda se vuelve más resbaladiza.” ¿Es posible que en todas sus actuaciones no haya tenido nunca miedo? “Todo es peligroso: comer, caminar. Es necesario siempre meterse en el juego.”