Rate.ee: El sitio web de la juventud estonia y de muchas más

Artículo publicado el 9 de Noviembre de 2007
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 9 de Noviembre de 2007

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Rate.ee es la red social que ha cambiado la vida de los jóvenes estonios y que parece destinada a dar la campanada. Hablamos con su creador, Andrei Korobeinik.

(Foto rate.ee)

“Aunque es una parte muy importante, el estudio no es lo mejor que la universidad ofrece a los estudiantes. Siempre habrá un grupo de personas extraordinarias que sólo se encuentran si se va a clase o se frecuenta el campus. Personas con las que discutir ideas, sueños y, por qué no, tonterías también”, comienza diciendo el joven empresario estonio Andrei Korobeinik mientras nos adentramos en los pasillos de su central. Se respira una atmósfera tan poco ex-soviética, que de no estar seguro de encontrarme en Tallin, podría pensar que estaba en la ajetreada redacción de una revista norteamericana.

¿Quién es Andrei Korobeinik?

Hasta hace poco, este chaval con la camisa sacada por fuera era un estudiante normal. Uno de tantos que, entreviendo las posibilidades del ámbito de las nuevas tecnologías, decidió sumergirse en el mundo de la Universidad de Tartu (Estonia) e intentar construirse un futuro cortando de raíz con el pasado. Parece que le ha salido bien. Es el creador de rate.ee, un sitio web que ha cambiado la vida de los jóvenes estonios y que, según promete Andrei, está destinado a tener el mismo efecto en muchos otros países. “Ahora nos estamos concentrando en los países de la Europa del Este, y he de confesar que algunos proyectos están yendo francamente bien”. Antes de finales de 2007 planean expandirse por 15 países y, la próxima primavera, Korobeinik espera que su sitio húngaro se sitúe entre los 10 más visitados del país. Y visto el ritmo al que está creciendo, cumplen todos los requisitos para conseguirlo.

Una mina de oro

En un momento en el que nadie se resiste a hablar de Facebook ni a inventar neologismos como on se facebooke? (N. del A.: ¿nos vemos en Facebook?), muchos aún no saben que, por estas tierras, la revolución de las redes sociales es una revolución ya vista y tan asimilada a la cotidianeidad que nadie se sorprende cuando se piden dos minutos para entrar en la cuenta y responder a los mensajes de los amigos. El mecanismo es muy sencillo: se abre una cuenta, se suben fotografías y se espera a que alguien las vote. Esto tan sencillo se ha convertido en una mina de oro para su creador. Hoy en día en Estonia, al menos un tercio de la población tiene una cuenta en rate.ee. Casi todos los jóvenes de entre 13 y 22 años han publicado fotografías en el sitio y acuden cada día a ponerse en contacto con sus amigos, votar y ser votados.

“Cuando empecé no tenía una idea muy clara de lo que iba a hacer. Sólo sabía que no era un momento muy bueno para iniciar un negocio en Internet, ya que muchos de los sitios web que sobrevivían gracias a la publicidad iban de mal en peor. Pero sabía que si era capaz de crear una red grande, que involucrara a una cantidad de gente considerable, iba a conseguir sacar algo bueno, de alguna manera”.

La situación en Italia

“La verdad es que la universidad es el lugar ideal para dar inicio a nuevos proyectos, porque siempre hay personas extraordinarias dispuestas a echarte una mano; ya sea un matemático, un experto en economía o uno en informática. Lo bueno de estar aquí es que se comparten un montón de ideas interesantes. Sólo algunas saldrán adelante, pero ya sólo el discutir es una riqueza inestimable”.

Korobeinik tiene las ideas bien claras. “Sé que en Italia”, afirma, “el mundo de la universidad es un poco diferente al nuestro. Los jóvenes allí siguen estudiando incluso varios años después de la duración normal de las carreras, mientras aquí es normal abandonar los estudios porque un banco o una empresa grande te ofrece un puesto de trabajo”. En Estonia, como en la mayor parte de los países del norte de Europa, los jóvenes se van de casa muy pronto, una tendencia sin duda cultural, pero que también está estrechamente ligada a las mayores posibilidades de empleo. “En Italia, un licenciado en Informática, si no encuentra un trabajo acorde con su cualificación, no tiene problemas con quedarse en casa de sus padres hasta los 35”, insiste Korobeinik, y añade: “En Estonia, simplemente, buscas otra cosa, y haces lo necesario para encontrarla lo antes posible”.

Es tranquilo, tiene seguridad en sí mismo y no es ni tímido ni jactancioso, es simplemente un muchacho que ha conseguido lo que se había propuesto, que ha entendido cómo aquellas interminables discusiones nacidas en torno a las mesas de una cafetería, cuando se avecinaban los exámenes y los libros triplicaban su peso, pueden transformarse en un tesoro enorme. Un tesoro de 2,5 millones de euros.