REACH: ¿cuánto nos cuesta?

Artículo publicado el 21 de Febrero de 2007
Artículo publicado el 21 de Febrero de 2007
El nuevo reglamento europeo sobre las sustancias químicas rinde cuentas. Para la industria y para los animales. El mundo de la investigación no ha dicho su última palabra.

Bonito pero caro. Así se podría definir REACH, el reglamento europeo sobre las sustancias químicas, aprobado en diciembre de 2006 por la Unión Europea. Por lo demás, REACH –que significa Registro, Evaluación, Autorización y Restricción de Químicos, en sus siglas en inglés– puede preciarse desde ahora de un récord. El de ser el conjunto normativo más amplio de la Historia comunitaria. Aparte, Reach representa también, con respecto al sector químico, la legislación más progresista del mundo en cuanto a impacto socio-económico, cuidado de la salud pública y tutela del medioambiente. Eso sí: tiene un precio económico.

“Más de dos millones de puestos de trabajo en peligro. Sólo en Alemania”

La industria química, con su inversión en la aportación de pruebas para demostrar el carácter inocuo de sus productos, tendrá que asumir la responsabilidad de la certificación de más de 30.000 sustancias presentes en el mercado y de todas aquellas que se introducirán en el futuro. Por lo tanto, se entiende cómo desde el inicio del proceso legislativo las industrias no han ocultado su preocupación. En 2002, un informe de la consultora Arthur D. Little –financiado por la Confederación alemana de industria Bdi– sostenía que, sólo en Alemania, la introducción de REACH habría supuesto en el peor de los casos la pérdida de 2,35 millones de puestos de trabajo (lee el documento). Los estudios de La Unión francesa de Industrias Químicas se situaban en la misma línea de pensamiento, cuantificando la carga que Francia habría sufrido en torno al 1,6% del producto interior bruto del país (leer el documento). En 2003, le tocó el turno a la Comisión Europea que, con su estudio, llegaba a conclusiones mucho más moderadas (y compartidas). El informe indicaba que REACH no tendría un impacto tan nefasto sobre la economía de la química europea, teniendo también en cuenta las numerosas facilidades concedidas a la pequeña y media empresa. Los costes directos a cargo de la industria europea para poder cumplir con los procesos de cpntrol y registro se estimaban en torno a lo 2.300 millones de euros en un período de 11 años. Una cifra elevada pero similar al 0,05% de las ventas, excluyendo los productos farmacéuticos. Por el contrario, el mismo informe europeo estimaba en 50.000 millones de euros el beneficio económico, a treinta años vista, en términos de salud pública: una relación de fuerzas aplastante que ha desempeñado un papel fundamental en la aprobación del texto definitivo, con una amplia mayoría en el Parlamento Europeo. Por lo demás, en 2005, el propio Comisario europeo para la industria, el alemán Günther Verheugen, tachó de “exageradas” las cifras usadas en el pasado por la industria.

La investigación sobre el genoma: un asunto de todos

Los costes se mantienen, y más allá del incremento de las prácticas burocráticas, el gasto más fuerte saldrá de la multiplicación del número de controles específicos solicitados para poder comercializar una sustancia química. Según el Nacional Toxicology Programme estadounidense, en la actualidad, probar una única sustancia cuesta entre 2 y 4 millones de dólares y requiere un tiempo medio de por lo menos 3 años. No sólo eso. La Liga Antivivisección denuncia que se necesitarían hasta 1.700 animales para cada sustancia: un argumento más que ha empujado a los legisladores europeos a mantener la actividad del Ecvam, (Centro Europeo para la Validación de Métodos Alternativos) para contener el número de controles e incentivar el desarrollo de métodos alternativos.

Por lo demás, el hecho de que los controles en animales estén destinados a desaparecer no es una novedad: la prestigiosa revista científica norteamericana Nature ya ha mostrado su condena sin apelación posible en noviembre de 2005, considerándolos “incapaces de extraer datos precisos sobre la toxicidad para el hombre”.

Así que todos los ojos apuntan hacia la toxicogenómica, que estudia los efectos de las sustancias químicas en el genoma de las células humanas. En una entrevista concedida al diario italiano La Repubblica en enero de 2006, Claude Reiss, toxicólogo molecular que ha trabajado durante años en el CNRS (Consejo francés de investigaciones científicas), calcula que el coste efectivo “podría alcanzar los 5.000 euros por sustancia”. Según Reiss, preparando un centro dedicado a la toxicogenómica se tendría la posibilidad de probar cientos de sustancias al mismo tiempo, bajando , por consiguiente, los costes, y colocando los gastos entre el 0,25% y el 5% de los costes anuales de los controles. Todo un negocio para la industria, los animales y la salud pública.