Rebelión en la granja: el retorno

Artículo publicado el 23 de Enero de 2006
Artículo publicado el 23 de Enero de 2006
Si George Orwell hubiese escrito hoy Rebelión en la granja, quizás sus animales no se conformarían con derrocar al granjero. Quién sabe si la gripe aviar no sería el último intento del reino animal por acabar con la humanidad para siempre.

Squealer (Chillón), un cerdo tan persuasivo que los demás animales aseguraban que podía convertir el negro en blanco, se subió al escenario, hizo una pausa para recuperar su aliento y secarse el sudor de su ancho rostro y luego se dirigió a los animales reunidos en el viejo granero:

¡Queridos camaradas en la enfermedad! Todos ustedes conocen la carga soportada por nuestro Líder y por nosotros, sus humildes compañeros porcinos, actuando como humanos para averiguar lo máximo sobre ellos y finalmente destruirlos para siempre.

Este nuestro gran sacrificio ha triunfado sólo en parte con el apoyo de unos pocos activistas de los derechos de los animales, y a pesar de que son abiertamente pro-animales, no son lo suficientemente anti-humanos. A través de ellos, nuestro objetivo final de "muerte a la humanidad" no puede ser alcanzado.

Se ha decidido que el mejor camino para lograr que el mundo se rinda ante nuestra ideología política del Animalismo sea esparcir una epidemia. Sólo así tomarán los humanos a los animales y sus derechos en serio.

Recuerden las palabras del Viejo Mayor: "El hombre es el único enemigo real que tenemos. Eliminen al Hombre del escenario, y la causa madre del hambre y la explotación será abolida por siempre". Este ha sido el caso por siglos pero, durante las últimas décadas, las condiciones se han deteriorado más y más para la gente animal aquí en la Tierra. Nos volvemos locos en jaulas, fábricas y laboratorios abarrotados; morimos dolorosamente envenenados por cremas de belleza o alimentos transgénicos para asegurar que los humanos no se dañen con sus propios productos.

¡Pájaros del mundo! Ha llegado la hora de que muestren lealtad a esta granja y a nuestro Líder, el Camarada Napocochinón. Las vacas locas no tuvieron el éxito esperado y por ello la rebelión mundial recae sobre vuestros hombros. ¿Están listos para morir por nuestro sueño común? La influencia aviar, que entrará en los libros de Historia con el nombre de gripe aviar, llamada así por sus grandes portadores, asegurará que nuestra rebelión se exporte a todos los países y granjas del mundo y garantizará el rápido fin de la especie humana y el eterno gobierno de los animales.

En 1997, logramos contagiarla a los humanos por primera vez y, desde ese momento, más de la mitad de los infectados han muerto. Si el virus se convierte en una corriente mortífera y una pandemia se desata, podemos contar con que millones de humanos mueran. ¿No sería eso maravilloso? Y si los humanos los matan, venden y consumen antes de que los síntomas aparezcan, esos números podrían incluso aumentarse.

¿Por qué les pedimos este favor a vosotros, pájaros? Vosotros, multitudes migratorias, todavía son vistos como mensajeros y diseminadores de propaganda, y en sus viajes fácilmente podrán esparcir la enfermedad a otros pájaros. Gorriones, vosotros podréis volar desde y hacia las más famosas plazas, lanzar su excremento infectado a la gente y verlos reírse y decir que tendrán suerte. Pollos y pavos, vuestra carne es la preferida por mucha gente más que la de vaca porque se la considera más saludable, y no hay nada que los humanos valoren más que su propia salud.

Vosotros sabéis que los siete mandamientos del Animalismo dictaminan que ningún animal debe matar a otro animal, y que todos los animales son iguales. Pero vosotros estáis invitados a sacrificar vuestras cortas vidas por una causa mayor. Y a pesar de que aceptar la misión implica una muerte certera, asúmanla con dignidad. Apunten a blancos civiles y, cuando los alcancen, asegúrense de matar a tantos humanos como les sea posible.

Póstumamente, se les otorgará la medalla de Héroe Animal de Segunda Clase y vuestras familias se sentirán orgullosas de vosotros. No hay que temerle a la muerte –La Montaña Caramelo, ese país feliz donde nosotros, pobres animales, descansaremos para siempre de nuestras labores, os aguarda. Allí es domingo los siete días de la semana, hay infinitos campos de tréboles y la torta de linaza y los terrones de azúcar crecen en los campos.

¡Adelante, camaradas! ¡Volad por el mundo y esparcid vuestra influencia! ¡Muerte a la Humanidad! ¡Larga vida a la Granja de los Animales!