Reconstrucción: ¡Atención, obras!

Artículo publicado el 26 de Septiembre de 2005
Artículo publicado el 26 de Septiembre de 2005

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Las recientes elecciones legislativas en Afganistán, durante las que se multiplicaron los ataques de la guerrilla talibán, demuestran las dificultades del proceso de reconstrucción.

¿Qué balance podemos extraer de la acción conjunta de la comunidad internacional y del nuevo gobierno afgano, 4 años después de la intervención americana contra los talibanes? Más de 8.400 millones de dólares ya han sido invertidos en la reconstrucción de un país desangrado por más de 25 años de guerra. Con la celebración de las últimas elecciones legislativas termina el proceso de democratización definido en la Conferencia de Bonn de 2002.

Con más de un 50% de participación y bajo la vigilancia de los observadores internacionales financiados con 4,1 millones de euros por la UE, los afganos han elegido, por vez primera desde 1969, a los 249 miembros de la Wolesi Jirga (parlamento afgano) y los 2.800 componentes de los 34 consejos provinciales en un día marcado por la muerte de nueve personas, entre ellas un candidato y un soldado francés, en diferentes atentados y ataques de la insurgencia talibán. Después de la celebración de las elecciones presidenciales de 2004, de las que salió ganador el actual presidente Hamid Karzai, estas elecciones representaban un nuevo peldaño en el proceso de democratización del país.

No obstante, la polémica de la influencia de los Señores de la guerra ha sobrevolado los comicios, ya que más de la mitad de los candidatos podrían tener lazos directos o indirectos con las milicias irregulares de estos, violando el veto impuesto por la Comisión electoral afgana a cualquier persona con lazos con grupos armados. Aunque a lo largo de estos años se haya puesto en marcha un proyecto de desarme de las milicias irregulares y se hayan tomado decisiones cosméticas como la conflictiva destitución de Ismail Khan como gobernador de Herat, los líderes locales siguen manteniendo una gran influencia sobre sus feudos.

Una seguridad muy insegura

Más allá de procesos y polémicas electorales, la seguridad continúa siendo la principal preocupación de Hamid Karzai. El tiempo pasa y el Estado central afgano aún no es capaz por sí mismo de dotar de un mínimo de estabilidad y seguridad a sus ciudadanos. Aunque se hayan hecho grandes adelantos en la constitución del ejército (25.000 soldados ya han acabado su entrenamiento) y la policía nacionales, la supervivencia de la administración depende en exceso de las fuerzas de pacificación extranjeras de la ISAF, que comprende 11.000 soldados de 36 países. Sin ellas, el gobierno de Hamid Karzai difícilmente podría controlar las áreas lejanas a la capital ante los periódicos ataques de la insurgencia talibán. Los secuestros, asesinatos, coches bomba o simples ataques armados no sólo no han disminuido, sino que han aumentado a lo largo del tiempo. Entre 1.000 y 1.400 personas habrían muerto en lo que va de año en el país asiático: la peor cifra desde 2001. El presidente Karzai, en una entrevista con la BBC, destacaba la necesidad de revisar la política antiterrorista llevada a cabo en la actualidad. Ante esto, no es extraño que el Consejo de Seguridad de la ONU haya prorrogado el mandato de la ISAF recientemente.

Un creciemiento del 7% y una vida de 44,5 años

Si revisamos los diferentes índices económicos y de desarrollo humano, podemos apreciar la triste realidad del país. Una esperanza de vida de sólo 44,5 años, un 53% de tasa de pobreza, un 48% de individuos con problemas de malnutrición, un analfabetismo del 71%, una mortalidad infantil de 115 por mil, 3,5 millones de personas refugiadas en los países vecinos, una gran cantidad de minas antipersona diseminadas por el territorio, un desproporcionado peso del negocio del opio del sobre el total de la economía afgana y, en definitiva, un Producto interior bruto (PIB) de sólo 186 dólares por cápita son la demostración de la tragedia humana de Afganistán. El propio gobierno afgano reconoce la dimensión del problema en la presentación del Informe "Asegurando el futuro del Afganistán" ante la audiencia selecta de la cumbre de Berlín en 2004. Datos confirmados por el propio secretario general de la ONU, Kofi Annan, en sus periódicas intervenciones de evaluación de la situación ante el Consejo de Seguridad.

Pero los 8.400 millones de dólares invertidos por los donantes internacionales a Afganistán no han caído en saco roto. Un millón de refugiados han podido regresar al país a lo largo de este último año, 4,3 millones de niños y niñas (la mejor cifra de la historia afgana) fueron a la escuela el año pasado, los centros urbanos empiezan a recuperar los ritmos habituales de antes de la guerra y la economía afgana crece un 7,2% respecto al PIB del año anterior. Por no hablar de la eficaz colaboración entre las fuerzas de seguridad multinacionales y la administración afgana en la gestión de las graves inundaciones que azotaron buena parte de las zonas rurales la primavera pasada. Son los primeros resultados efectivos del gobierno de Hamid Karzai.

Para fortalecer estos adelantos, para hacer frente a las dificultades existentes, “la comunidad internacional ha de seguir apoyando el proceso de reconstrucción hasta que las instituciones afganas se hayan instalado completamente y sean funcionales”, afirmaba recientemente Kofi Annan. Por muchas elecciones presidenciales y legislativas que se celebren, la democracia afgana no tendrá ningún futuro si no se toman en serio los desafíos de seguridad, estabilidad y desarrollo del país. La comunidad internacional, liderada por la Unión Europea y por los Estados Unidos, conoce de sobras las consecuencias trágicas de la anterior quiebra del Estado-nación afgano. Es por esto que la conferencia internacional sobre Afganistán que se celebrará en Londres el próximo mes de enero de 2006, tendrá una gran importancia en la concreción de las nuevas guías del futuro del Afganistán.