Recuperar la ciudadanía

Artículo publicado el 5 de Octubre de 2005
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 5 de Octubre de 2005

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Un 53% por ciento de los europeos cree que su voz no cuenta en el proyecto europeo. ¿Cómo debemos reconstruir el debilitado nexo entre la ciudadanía y las instituciones?

Los varios referendos sobre la Constitución europea celebrados a lo largo de la primavera pasada mostraron una de las grandes debilidades de Europa: la incapacidad de las elites políticas de legitimar el proceso de integración ante sus propios ciudadanos. Los Noes francés y holandés acaso no sean más que una protesta “dirigida hacia la totalidad de la clase política”, según manifestó al periódicoEl País el filósofo alemán Jürgen Habermas días después del estallido de la crisis constitucional.

Si lo dice el Eurobarómetro...

Meses después, el Eurobarómetro -la oficina de análisis de la opinión pública de la Comisión Europea-, confirma la tesis en su último sondeo (en pdf). Aunque los ciudadanos europeos siguen afirmando que la pertenencia de sus Estados a la Unión es muy positiva y que aspiran a una mayor integración, la imagen de las instituciones europeas ha empeorado en relación al anterior sondeo publicado en 2004. Por una lado, la Comisión obtiene un nivel de aprobación del 46% cuando tan sólo hace un año disfrutaba de un 52%. Por el otro, el 31% de los europeos no confía en la máxima institución de representación democrática europea, el Parlamento (26% de desconfianza en 2004). Aunque tampoco deberíamos extrañarnos; las últimas elecciones europeas ya tuvieron la peor participación de la Historia: un elocuente 45,7%.

¿Pero por qué se produce esta falta de confianza?

Es posible que una de las principales razones sea la falta de información. El mismo sondeo del Eurobarómetro puntualiza que 7 de cada 10 europeos tienen poco o nulo conocimiento de las políticas llevadas a cabo por las instituciones comunitarias. Otra causa muy relacionada con la anterior podría ser la falta de valoración de las expectativas de los ciudadanos hacia los gobernantes. Así, un 53% de los europeos afirma que su voz no tiene importancia ante las instituciones europeas.

Todo esto, sin olvidar una situación política y económica de incertidumbre ante las transformaciones de la globalización que despejan el camino a las argumentaciones y actitudes euroescépticas. Como recalcaba Habermas: "Durante mucho tiempo el proyecto pudo obtener la legitimidad gracias a sus propios resultados. Pero en tiempos de cambios económicos a escala mundial se avecinan conflictos de reparto en la Europa compleja de los 25 en la que este tipo de legitimidad por resultados ya no basta. Ahora, los ciudadanos quieren saber adónde conduce este proyecto que influye a diario en sus vidas."

El debate cívico como solución

Si no se quiere despejar el camino a los euroescépticos, las instituciones europeas deben reaccionar ya recobrando la confianza y la legitimidad ante sus propios ciudadanos. Las vías son múltiples.

Para el sociólogo alemán Ulrich Beck, la solución pasa por "crear nuevos espacios de participación europeos co-nacionales y nacionales" y "crear una estructura democrática que fortalezca la implicación y la supervisión tanto del Parlamento Europeo como de los parlamentos nacionales", como sugería en su artículo El alma democrática de Europa, publicado en El País.

Según el politólogo francés Sami Naïr,"está claro que las elites dirigentes de la Europa de hoy son incapaces de ofertar este proyecto europeo común. Las sociedades civiles europeas deben hacerlo suyo y, a través de un debate serio, abrir las vías para la formación de una verdadera opinión pública europea. No es el único. Desde el otro lado del Atlántico, el pensador y economista norteamericano Jeremy Rifkin proponía en su artículo Crear una conciencia europea realizar "un gran seminario europeo sobre el futuro de Europa" en el que se oiga la voz de las diferentes instituciones no gubernamentales de cada comunidad. Su objetivo: "que la sociedad civil, el tercer sector de Europa, salga a la palestra y promueva el debate público".

Sea como sea, las instituciones deben tomar nota de ello. Solamente creando una verdadera opinión pública europea, el sueño europeo podrá continuar.