Redes no tan 'sociales' como parecen

Artículo publicado el 5 de Mayo de 2015
Artículo publicado el 5 de Mayo de 2015

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Imprescindibles en nuestra sociedad actual y particularmente entre los jóvenes, las redes sociales conllevan sin embargo ciertos usos indebidos. ¿Es posible un equilibrio entre vida real y virtual? 

Yo like, tú follow, él tweet.

Estos anglicismos forman ya parte del vocabulario habitual, señal de la importancia que las redes sociales ocupan en nuestra sociedad actual. Al principio, solo se podía acceder a ellas a través de nuestro ordenador. Sin embargo, con la aparición de los smartphones y de Internet en el móvil, tenemos acceso a ellas en todas partes: en el metro, en el curro y hasta en la cama. Pero ¿cuál es el impacto de estos "compañeros de vida" (que es lo que han llegado a ser) en nuestras relaciones interpersonales?

Una vida privada convertida en pública

Desde la aparición de las redes sociales, nuestra concepción de la vida privada ha cambido radicalmente. Esta se ha sometido a una dura prueba, puesto que está constantemente expuesta a los ojos de todo el mundo; y esto, con nuestro consentimiento. En efecto, ahora revelamos informaciones que antes no habríamos divulgado jamás, ni siquiera a nuestro vecino de la puerta de al lado. Y esto puede tener repercusiones importantes como, por ejemplo, robo de identidad, oportunidades de trabajo precarias o incluso un cara a cara con la pedofilia en el caso de los más jóvenes.

No obstante, los usuarios son cada vez más conscientes de estos peligros y tienen más cuidado. Paradójicamente, esto no les impide utilizar las redes sociales con frecuencia ya que las valoran positivamente y se benefician de ello, aun siendo defensores de la protección de su esfera privada. Esto puede hacernos pensar que la noción de vida privada ha cambiado y se ha ampliado, de ahí un cierto laxismo en los datos que permitimos que se filtren en Internet.

Tan cerca y, sin embargo, tan lejos

¿No os ha sucedido alguna vez estar con vuestros amigos y que uno de ellos esté dando golpecitos en el teclado? Desgraciadamente, es una escena que se ha convertido en algo común y aceptado por todos; y, por eso, las redes sociales nos han desociabilizado en cierto modo. En lugar de valorar el contacto personal, preferimos un contacto indirecto. Las personas que se encuentran a menudo en esta situación no intentan aislarse del mundo, todo lo contrario. Andan en busca de un sentimiento de reconocimiento y de realización. En efecto, se sienten valoradas cuando reciben decenas de  like  o retweet en sus publicaciones y, de esa manera, se sienten útiles y se realizan como ser humano. Sin embargo, los límites de las redes sociales aparecen en el momento (en) que nos encontramos con nuestros contactos virtuales en la vida real. En ese caso, ¿cuántas veces se nos ha «olvidado» saludar a una persona aunque la tengamos como «amigo» en Facebook?

'Gran Hermano'

Otra paradoja, las redes sociales son sensatas al dar la palabra al pueblo y concederle una cierta libertad de expresión. Sin embargo, esta libertad es limitada, incluso casi nula. De hecho, las numerosas revelaciones de Edward Snowden, exagente de la CIA y de la NASA, nos han dado a conocer la existencia de PRISM, un programa norteamericano de vigilancia de Internet. En principio, la intención es loable: vigilar la red con el fin de detectar posibles acciones terroristas y cortarlas de raíz. No obstante, resulta imposible ocultar el hecho de que los malos usos son inevitables. Millones de personas han visto su vida privada completamente pisoteada bajo el pretexto tan utilizado y manido de la «seguridad del Estado».

Esto plantea el tema de una cierta paranoia en nuestra sociedad por una carrera hacia la seguridad y el control absoluto de las acciones y gestos de cada uno. Desde el 11 de septiembre del 2001 hasta los trágicos acontecimientos de Charlie Hebdo, hemos descubierto que nuestros países democráticos eran permeables a acciones terroristas. Esto ha influido en las acciones políticas de nuestros altos dirigentes, quienes hacen de la seguridad nacional una prioridad. ¿Cómo tener algo en su contra? Pero, ¿puede ese pretexto justificar una intromisión total en nuestra vida privada?

Me, Myself and I

Internet nos proporciona con mucha frecuencia su ración de neologismos, más o menos útiles y utilizados. Entre ellos se encuentra el famoso «attention whore». Este término (del que os ahorraré la traducción), designa a las chicas que se desnudan en Internet con el fin de llamar la atención. Sin embargo, su definición se ha ampliado con el paso del tiempo para pasar a designar, finalmente, a las personas -mujeres y hombres- que buscan llamar la atención en las redes sociales y, en un contexto más amplio, en Internet. Tanto en Instagram, Facebook o incluso en Twitter, nos encontramos con personas cuyo único objetivo es dejarse ver y cuyo único miedo es que se olviden de ellas. Esas personas no viven más que para los likes o los retweets y se alimentan únicamente de la atención de los demás.

Además, tendemos a filtrar nuestra vida en las redes sociales. De hecho, la vida que proyectamos a través de esos canales no es más que la punta del iceberg, la que queremos mostrar. Es una especie de puesta en escena de nuestra vida que la orquestamos de manera que no mostramos más que lo positivo. E irremediablemente, esto puede tener consecuencias para el bienestar de nuestros contactos en las redes sociales, puesto que ver a otras personas vivir una «vida de ensueño» mientras que nosotros atravesamos un momento delicado no es el mejor modo de ser felices. Pero las personas que se deprimen viendo ese tipo de cosas no deberían olvidar dos cosas: poseemos dos vidas, la nuestra y la que queremos mostrar en las redes sociales.

Inconvenientes, pero no más que...

A pesar de todos esos peligros, no hay que satanizar a las redes sociales: conllevan numerosas ventajas.

En primer lugar, se trata de una herramienta de comunicación formidable. Twitter, por ejemplo, donde la gente puede interactuar con sus ídolos o con políticos desde el anonimato, les brinda un verdadero medio de expresión. Además, una red social como Twitter se puede utilizar para estar informado sobre la actualidad, yendo así un paso por delante respecto a los medios de comunicación convencionales. Este tipo de medios también nos permite mantener el contacto con personas que queremos y que están lejos, así como encontrar nuevos amigos, y todo ello en las cuatro esquinas del mundo. En definitiva, hay que subrayar el papel esencial que las redes sociales han tenido en la «primavera árabe», permitiendo a los jóvenes que luchaban contra regímenes dictatoriales comunicarse y derrocar a los gobiernos in situ.

Resumiendo, no podemos demonizar las redes sociales porque conllevan tanto ventajas como inconvenientes. Sin embargo, es interesante señalar que, según la utilización que se haga de ellas, los inconvenientes pueden superar a las ventajas y viceversa.

Para terminar, aquí os dejo un vídeo extremadamente bien hecho sobre las redes sociales y sobre los posibles peligros relacionados con la utilización de Internet. By Prince Ea.