Referéndum en Hungría: la historia del perro con dos colas

Artículo publicado el 30 de Septiembre de 2016
Artículo publicado el 30 de Septiembre de 2016

El próximo 2 de octubre, los ciudadanos húngaros votarán en referéndum si están de acuerdo o no en aceptar las cuotas de refugiados impuestas por la Comisión Europea. La campaña a favor del NO a los inmigrantes del primer ministro húngaro Viktor Orbán ha generado odio, xenofobia y desinformación. Sin embargo, un pequeño partido, el Kutya ofrece una visión más alegre y positiva de los hechos. 

La inmigración en Budapest es un problema serio. Tan serio que el gobierno no da el visto bueno a la decisión de la Unión Europea de asignar también a los húngaros una parte de los inmigrantes que llegan a Europa. Como respuesta, el gobierno de Viktor Orbán ha decidido convocar un referéndum sobre el que no cuesta mucho deducir cuál será el resultado: "¿Quiere que Bruselas decida, sin el consentimiento del parlamento húngaro, sobre el asentamiento de ciudadanos no húngaros en Hungría?". Para dejar aún más clara su posición, el gobierno de Orbán inició hace unos meses una verdadera campaña mediática de terror, atacando con publicidad y carteles que a menudo ofrecen una información exagerada y absolutamente falsa sobre la inmigración que existe en Europa y sobre las políticas migratorias de Bruselas.

¿Algunos ejemplos? "Los inmigrantes que Bruselas quiere enviar a Hungría podrían ocupar toda la ciudad". Esto es cierto, siempre y cuando se trate de una ciudad muy pequeña, ya que serían menos de 1.300 personas. "Los terroristas de París eran inmigrantes". Definitivamente falso: eran franceses y belgas. En otras palabras, la campaña contra las supuestas "cuotas de inmigrantes" de la demoníaca Bruselas se lleva a cabo sin límites. Sin embargo, han pasado por alto un pequeño detalle: en todo el país hay en total menos de 2.000 inmigrantes. Lo llamativo es que, precisamente, quienes se oponen a esta campaña cargada de odio y violencia no son paradójicamente los partidos de la oposición, sino un movimiento satírico creado de broma hace diez años que lleva un nombre bastante curioso: Magyar Kétfarkú Kutya Part, el Partido Húngaro del Perro con Dos Colas.

Oposición hecha en casa

Situado en la estación Blaha Lujza tér de Budapest, el Muszi es algo así como un centro cultural autogestionado: libertad en los espacios, libertad en el orden, y una lista ilimitada de actividades e iniciativas. También es el lugar donde el Partido Kutya ha establecido su cuartel general de actividades y campaña contra el referéndum. Para ello se basan en un concepto muy simple: ridiculizar y burlarse de la campaña del gobierno generando una respuesta paralela con el mismo formato, pero con mensajes irreverentes, sarcásticos y graciosos destinados a desenmascarar la obra de persuasión por el No. Entre los mensajes de los carteles se leen algunos como "¿Sabía que Bruselas es una ciudad?" (en referencia a la pregunta del referéndum, que habla exactamente de "Bruselas" y no de la "Unión Europea") o "¿Sabía que en promedio un húngaro ve más ovnis que inmigrantes durante el curso de su vida?". El Kutya hace campaña desde hace varias semanas en la capital húngara, sobrepasando en número y variedad a los carteles de Orbán y su partido. Y es justamente en el Muszi, en una pequeña habitación que apesta a tabaco, papel impreso, pintura y pegamento, donde preparan los carteles y los organizan para su posterior distribución. Sus pancartas llegan a las calles de Budapest a través de los voluntarios que vienen aquí a buscar decenas, y a veces cientos de ellas, para luego repartirlas por la ciudad.

Los voluntarios pertenecen a todas las edades y clases sociales: jóvenes estudiantes que vienen con sus mochilas, profesionales vestidos de chaqueta y corbata con una caja vacía en una mano y las llaves de un Mercedes en la otra, e incluso algunos ancianos en bicicleta. Entre ellos está János, un estudiante de derecho de 21 años: "Creo que lo que estamos haciendo aquí es verdaderamente útil, el humor es un arma formidable. Creo que el 'NO' ganara de todas formas, pero la campaña dice mucho. No todo el mundo está a favor del gobierno... ¡y no somos pocos!".

Ironía, cerveza y economía

Gergely Kovács es el líder del Partido Kutya, el del perro con dos colas. Viste una camiseta gastada, pantalones anchos, zapatillas viejas, y una sonrisa de esas que ponen de buen humor a cualquiera. No es para nada el tipo de político al que estamos acostumbrados. "Todo comenzó en 2006 durante la campaña electoral, cuando comenzamos a burlarnos de las promesas vacías pero serias de los partidos, inventando una formación que ofreciera cosas como cerveza gratis y vida eterna en caso de ser elegidos", cuenta Kovács.

"Todo nuestro movimiento se basa en el trabajo de aproximadamente 1.000 voluntarios. Pagamos lo que es realmente necesario, desde los espacios para publicar nuestros carteles hasta el papel para imprimirlos. Nos finaciamos a través de donaciones y campañas de crowdfunding. En el último tiempo conseguimos reunir 45 millones de florines (aproximadamente 150.000 euros)” explica Kovács. "La idea de crear carteles satíricos nace fundamentalmente del deseo de luchar contra la propaganda del odio y de la violencia del gobierno con sus mismas armas, demostrando lo absurdo que es". Kovács se muestra relajado y sonriente, y explica con calma e ironía la visión de su movimiento sobre la campaña por el referéndum puesta en marcha por el primer ministro Orbán, como si hablase de un viejo amigo un poco astuto: "Creo que esta campaña de odio que lleva ya un año y medio ha sido un gran error. Un fallo por el cual, sin embargo, se ha gastado un montón de dinero [no se sabe cuánto, puesto que el gobierno húngaro no ha publicado los costes de la campaña, ndlr]. Nuestra respuesta ha sido una campaña que ha utilizado supuestamente el 1% de la cantidad que se ha gastado el gobierno. Si tuviésemos su dinero podríamos reconstruir algunas paradas de autobuses o pintar más bancos. Y con el resto… ¡Cerveza gratis para todos los colaboradores!".

Un país dividido en dos

Paseando por Budapest se puede notar el poco espacio dedicado a dar razones para que vote por el 'SÍ'. Además de los carteles del Partido Kutya, sobre los muros de la ciudad no hay rastro alguno de señales de vida por parte de la oposición. Incluso los medios de comunicación húngaros están en la misma frecuencia, y los asuntos que más salen en la TV son siempre los inmigrantes y la seguridad, casi siempre presentados en una relación que implique que los primero son una amenaza para la segunda. Entrar en un bar para hablar sobre política y apoyar las razones de la recepción de inmigrantes y de la diversidad cultural, incluso entre amigos, puede significar ser acusado de ser un extremista peligroso ignorante e inconsciente que no le importa el bienestar ni el futuro de Hungría ni de su gente. Aunque las cifras sugieran escenarios mucho menos apocalípticos que los descritos, la propaganda del miedo del gobierno ha logrado su cometido. Se cree que el NO ganará por goleada.

Hungría llega a este referéndum prácticamente dividida en dos: por un lado están quienes siguen a los medios tradicionales, controlados en buena medida por el gobierno y por la propaganda positiva de sus acciones, y por otro lado quienes buscan la información, a veces con perseverancia. Sin embargo, es un país que llega a las urnas sin ni siquiera prestar atención a otras cuestiones fundamentales. Los escándalos, el parálisis económico, la creciente pobreza en algunas regiones... Todo se ha sacrificado en nombre de la lucha contra el demonio de la inmigración clandestina y de la "malvada" Bruselas. "Nos pasamos la vida hablando sobre inmigrantes e inmigración, pero no hacemos un referéndum sobre los verdaderos problemas" afirma Kovács. "Por ejemplo, la candidatura de Budapest para celebrar los Juegos Olímpicos de 2024. Nosotros no nos podemos permitir el lujo de hacerlo, pero es todo propaganda. Me gustaría ver cuántos dirían SÍ a un referéndum sobre el asunto…".

"Nos detestamos ya de por sí los unos a los otros"

"La verdad es que nosotros no hacemos campaña sobre la inmigración y los inmigrantes. Estamos en contra de toda esta campaña de odio y violencia. Creo que los húngaros nos odiamos ya bastante entre nosotros, así que lo último que necesitamos es incluso más odio en nuestra sociedad" explica Kovács. "Quizá sea bueno que toda esta violencia esté centrada en los inmigrantes porque aquí no hay ninguno, así que fuera peligro" admite sonriendo, provocativo.

Ideas y reflexiones muy maduras y completas para un movimiento satírico nacido para reír. El "Perro con las dos colas" es la única fuerza política que se ha opuesto a las ideas nacionalistas del primer ministro en referencia a la cuestión de los inmigrantes [la oposición se ha limitado a no tomar una posición al respecto]. Asimismo, goza de un amplio apoyo en la capital, que por sí sola ya representa más de 1/10 del electorado húngaro. En los cafés y en los círculos culturales de la ciudad la gente comienza a preguntarse qué sucedería si Kovács se burlase y desafiase a Orbán en las próximas elecciones de 2018. "¿Qué haré después de este referéndum? ¡Dormiré por una semana, sin duda!". Nos confiesa Kovács, con una sonrisa jovial y espontánea. Continúa, ahora con tono más serio: "Sabemos que tenemos cierto apoyo aquí en Budapest, que muchas personas desearían que fuésemos candidatos y votarían por nosotros", admite, "pero en este momento no es lo más importante, es demasiado pronto".

¿De dónde viene el nombre del Partido del Perro con Dos Colas? "La idea se nos ocurrió por un refrán del inglés: cuando el perro está muy feliz mueve la cola tan fuerte que parece que tiene dos. Ésa era la idea que queríamos transmitir: felicidad y positivitidad". Justamente eso es lo que Hungría necesita ahora. Más que nunca.