Referéndum: ¿poder popular o instrumento político?

Artículo publicado el 18 de Noviembre de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 18 de Noviembre de 2004

Atención, este artículo no ha sido revisado ni publicado en ningún grupo

Las organizaciones en favor del referendo exigen este tipo de consultas y los políticos están deseando plantearlas.

Mientras Lituania ratifica la Constitución Europea sin someterla a referendo, nos debemos cuestionar por qué los gobiernos quieren que ciertas cosas se sometan a votación popular.

Las propuestas de referendo están en alza: sobre la Constitución Europea, sobre el acceso de Turquía a la Unión o incluso para limitar futuras ampliaciones de la UE. Esto no conlleva necesariamente una profundización en los valores democráticos. Los casos que pueden dar lugar a un referendo están estrictamente tasados y cuando no reúnen los criterios exigidos se puede desembocar a un abuso de poder. Hoy en día, hemos delegado la toma de decisiones en unos pocos políticos especializados cuyo trabajo consiste en tomar decisiones en nuestro lugar. La participación en las elecciones continúa descendiendo; si los ciudadanos no se deciden a votar cuando hay en juego cuatro años de toma de decisiones debemos ser extremadamente cautos a la hora de proponerles votaciones sobre asuntos concretos.

Sólo los más preparados deben adoptar las decisiones

Siempre debe ser la persona más cualificada para el tema en particular la que tiene que tomar la decisión. Por eso es por lo que las decisiones sobre agricultura las toman los ministros de agricultura y las que atañen a las carreteras los ministros de Fomento. Es por esto mismo que los ciudadanos sólo deben tomar las decisiones cando realmente sean ellos, y sólo ellos, quienes mejor sepan hacerlo. Para esto es esencial no sólo que conozcan todos los hechos, sino que además se pueda confiar en que usen su conocimiento de la situación de una forma prudente, es decir, que no adopten su posición en base a circunstancias irrelevantes para el asunto debatido. Tomemos por ejemplo la propuesta de Chirac para efectuar una consulta popular sobre el acceso de Turquía a la UE. El acceso de Turquía conllevaría importantes consecuencias para los ciudadanos europeos pero son los políticos los que más informados están sobre los posibles efectos económicos, políticos o sociales que implicaría la entrada de un gran país musulmán en la Unión. Preguntarle a los franceses algo como “¿Cree usted que Turquía debería ingresar en la Unión Europea?” podría con facilidad ser parafraseado con esta otra cuestión “¿Quiere usted que haya más turcos viviendo en su barrio?”. Está claro que mucha gente votaría contestando a esta última pregunta.

¿Por qué los políticos plantean referendos? ¿Quizás porque lo que se debate es de extremada importancia para los ciudadanos y tan sólo ellos saben qué es lo que más conviene, mientras que los políticos desconocen en qué sentido se pronunciara su pueblo? En el caso del referendo francés sobre Turquía la repuesta es un rotundo no. El punto de vista de Chirac sobre Turquía es bien sabido por todos y el resultado de ese posible referendo se puede intuir con facilidad. Aquí Chirac no esta siendo ese líder benevolente que le da a su pueblo la oportunidad de pronunciarse sobre un tema sobre el que él no se siente preparado para elegir por si mismo. Lo que está haciendo es usar a los electores como arma política sabiendo de antemano que la opinión de los ciudadanos coincidirá con la suya.

Gloria Lituana

Más que materializar una Unión más controlable por el pueblo, este mal empleo de los referendos propicia que los políticos sean menos responsables los unos ante los otros, lavándose las manos a la hora de tomar decisiones impopulares y pasándonos el testigo a nosotros -el pueblo- y diciendo: “no es mi opinión, es la de mi pueblo”.

La otra cara de la moneda la representa Lituania donde se rumorea que se sometió la ratificación de la Constitución Europea al voto parlamentario en su último día de mandato para que los diputados se llevasen la gloria (no el pueblo) de ser los primeros en aprobar formalmente el tratado. Cuando se propone un referendo ya se sabe su resultado; tan sólo dejan que seamos nosotros los que nos manchemos las manos mientras los políticos se encogen de hombros y evitan cualquier reproche.