Reflexiones irlandesas sobre Alemania: de lo romántico a los estereotipos

Artículo publicado el 18 de Enero de 2013
Artículo publicado el 18 de Enero de 2013
El espíritu actual austero de una Irlanda en medio de un lúgubre fiasco financiero ha contribuido a distorsionar si cabe aún más la visión que se tiene en el país acerca de Alemania y de todo lo germano. En el siguiente artículo, un expatriado irlandés reflexiona sobre sus propias experiencias después de haber vivido casi siete años en el país centroeuropeo.

Aunque hayan transcurrido siete años, sigue viniendo a mi mente con facilidad la triste expresión que aparecía en los rostros de los irlandeses después de enterarse de que residía en Alemania. Creyendo que podrían suavizar la gravedad de mi afirmación, en una acción llena de buenas intenciones, amabilidad y compasión, me cogían el brazo, ladeaban su cabeza con comprensión y planteaban preguntas tales como: “¿Por qué Alemania?”, “¿Tuviste que irte allí por tu trabajo?” o “¿Cuántas horas tardas en ir?”. Normalmente mi mirada perpleja pasaba inadvertida. Mis experiencias joviales y efervescentes del país caían con frecuencia en saco roto.

Aunque parece evocar a Irlanda, la imagen fue tomada en Múnich.

El país de Bach, Beethoven y Brahms, la excepcional poesía de Goethe, la Selva Negra, la ruta romántica, los imponentes lagos alpinos y los castillos de cuento al abrigo de los majestuosos Alpes bávaros eran invisibles a ojos de los irlandeses. En su lugar, veían un país caracterizado por el valle industrial del Ruhr, la ingeniería, los crudos inviernos, una raza diligente, dogmática y arisca, así como las esvásticas y las SS, la Luftwaffe (fuerza aérea en la época nazi) y obviamente Hitler y la Segunda Guerra Mundial.

¿Todo el monte es orégano?

La historia limita y confunde nuestra visión del mundo exterior, sobre todo en lo relativo a Alemania (incluso antes de que llegara la mordaz y tóxica crisis financiera). La ignorancia desconoce nacionalidades y afecta tanto a irlandeses como a alemanes. Estos están aferrados a imágenes arcaicas de Irlanda: abundan los adjetivos verde, agrícola, musical, limpio, rústico y británico. Los meteorólogos alemanes pasan de puntillas por Irland y prefieren hablar de frentes que entran por die Britischen Inseln (las islas británicas). Muchos alemanes, particularmente la generación de edad más avanzada, cuando se refieren a los irlandeses (o cualquier persona de Inglaterra o Irlanda), utilizan habitualmente el término genérico die Engländer (los ingleses) y no el término die Iren (los irlandeses).

La ignorancia desconoce nacionalidades y afecta tanto a irlandeses como a alemanes.

Sin embargo, si parafraseamos al escritor de Kerry, Bryan MacMahon, ¿qué maravillas esconde realmente Alemania tras esas tupidas cortinas de ideas preconcebidas? Alemania es un lugar abierto, moderno, multicultural, respetuoso, bello, limpio y seguro para vivir. Sus veranos cálidos y secos (si los comparamos con los irlandeses) contribuyen a pasar más tiempo al aire libre. Familias y amigos se reúnen en magníficos parques, junto a los ríos y lagos para hacer barbacoas, deporte o divertirse. Por doquier, hay cafeterías en las que sentarse y pasarse horas leyendo u observando a los transeúntes en tardes agradables bañadas por los rayos de sol. Después de trabajar, es obligatoria una parada en una cervecería bávara con terraza exterior, a la sombra de los castaños y los tilos, donde se sirve la mejor cerveza que jamás haya degustado la humanidad.

¿Quién dijo que en Alemania, al menos en Baviera, no hacía buen tiempo?

En el trabajo, se rigen por aquella máxima de calidad mejor que cantidad, como dicen sucintamente los cristianos irlandeses. Trabajan concienzudamente, consistentemente, pero no quieren que únicamente se les defina por el aspecto laboral. No es raro que los alemanes los viernes abandonen sus oficinas a mediodía. Los sueldos son altos. Los sindicatos continúan siendo fuertes y suponen un peligro para sindicatos más pequeños. Horarios flexibles, trabajo desde casa y más vacaciones (aproximadamente 30 días más festivos) son el plato de cada día en Alemania. No obstante, una ridícula burocracia exacerbada y los costes excesivos para las empresas de nueva creación han frenado ese intenso y ardiente espíritu emprendedor.

No hay ninguna puerta mágica

Asimismo, están de moda el cierre de los establecimientos en domingo y el seguimiento de las festividades religiosas. La tradición ejerce un mayor control en acontecimientos de carácter cultural, religioso o lingüístico, en los que los límites se amplían para facilitar la despiadada marea de la globalización. Aún así, existen signos claros de que Alemania no se ha escapado por completo de ese gran flujo globalizador. Palabras procedentes del inglés se han introducido en los últimos años en el idioma alemán hasta alcanzar un estado de omnipresencia: meeting substituye a Besprechung (reunión), team a Mannschaft (equipo) y chatten a plaudern (charlar), entre otras. Este fenómeno lingüístico se ha bautizado con el nombre de Denglisch, formado por la unión de Deutsch (alemán) y English (inglés).

En una ocasión tuve que explicar qué era una conversación superficial. Resultó ser un gran reto cultural.

Aunque el hecho de ser irlandés no hará que inmediatamente se abran puertas mágicas de color esmeralda en Alemania, a los locales les suelen gustar los irlandeses. Su gran habilidad para escuchar complementa nuestro incesante discurso. Admiran la actitud despreocupada de los irlandeses, así como su alegre y agradable compañía de la que se puede disfrutar sobre todo en muchos pubs esparcidos por el país. En estos lugares a menudo se sembró la semilla del amor, normalmente entre chicos irlandeses y chicas alemanas (en pocas ocasiones, era al revés). Tal vez el equilibrio se alcanzaba aunando la terquedad irlandesa y el compromiso alemán por cumplir las normas...

Fiesta de la primavera en Theresienwiese, un conocido parque de Múnich.

No obstante, es triste afirmar que casi nunca he visto a tantas personas solitarias en toda mi vida. Las ves en las cafeterías, restaurantes, bares, überall (por todas partes). Los alemanes normalmente son muy reservados y solo conversan con aquellos con los que han llegado acompañados: que alguien desconocido quiera mantener una conversación con ellos les provoca desconfianza, recelo y les hace pensar en motivos ocultos. En una ocasión tuve que explicar qué era una conversación superficial. Resultó ser un gran reto cultural. Conocer a gente nueva parece ser muchísimo más difícil en su cultura. Muchos alemanes confiesan sus ganas de emigrar un día, pero solo cuando perciban sus pensiones. Se sienten extranjeros en su propio país. ¿Quizás forasteros en un paraíso oscuro?

Fotos: portada, (cc) gravitat-OFF; texto, (cc) akante1776/Flickr, (cc) Sporthotel Achental/Flickr y (cc) Traveller_40/Flickr.