Reforma de la Ley electoral ¿Necesidad o deseo?

Artículo publicado el 22 de Noviembre de 2011
Artículo publicado el 22 de Noviembre de 2011
Tras la aplastante victoria del Partido Popular en España el pasado 20 de noviembre, la ciudadanía se replantea la idoneidad de la actual Ley electoral que favorece a los grandes y perjudica claramente a los partidos minoritarios. Ante la crisis parece que el pueblo español ha gritado todos a una ¿Será la vía más correcta?

Foto: Partido Popular de Melilla // Flickr

Mucho se está comentando en estos días post-electorales acerca de la injusticia de nuestro sistema electoral para con los partidos de ámbito nacional minoritarios (léase UPyD e IU en relación a los escaños obtenidos por otras formaciones nacionalistas y su menor número de votos en el conjunto del país. Está en todos los mentideros que el problema radica en la Ley D´Hont, pero esto no es exactamente cierto.La Ley D´Hont no es más que un sistema de asignación de escaños, con sus pros y sus contras. Lo que realmente provoca el desequilibrio denunciado por dichos partidos es la demarcación electoral, que en nuestro sistema es provincial, con un número mínimo de escaños asignado a cada provincia con independencia de sus habitantes, aunque otorgando a las provincias con más población un mayor número de escaños. En cualquier caso, el sistema ya nace viciado, porque la asignación de escaños para cada provincia, respecto a su censo electoral, no es proporcional.

Para entendernos; un escaño de Madrid corresponde a unos 130.000 electores censados, y en Soria, apenas 26.000. Y de igual forma, los votos necesarios para conseguir ese escaño. Antes de analizar el verdadero problema de la circunscripción electoral provincial, sería de utilidad señalar cómo quedaría el Parlamento si cada voto tuviera el mismo valor .

Como puede fácilmente comprobarse, el Partido Popular no alcanzaría la mayoría absoluta (160 diputados por los 186 realmente logrados) pese a su aplastante victoria electoral, y UPyD e IU tendrían 17 y 25 diputados frente a los 5 y 11 obtenidos respectivamente.

Así mismo, resulta interesante indicar que con un sistema más proporcional estarían representados nada menos que 17 formaciones políticas. Incluso, en clave andaluza, el PA obtendría un diputado. La reflexión más significativa que se infiere de estos datos es que el Partido Popular tendría que coaligarse con otra formación política para formar gobierno, en este caso, por proximidad ideológica, con UPyD y solo así, entre ambos partidos, alcanzarían 177 diputados, tan solo uno por encima de tan codiciada mayoría. Y todo esto después de que los populares hayan conseguido casi once millones de votos, un 44 % de sufragios.

El sistema de demarcación provincial está pensado y cocinado precisamente para ello. Por dos razones: por un lado, para que aquellos partidos que no consigan más de un 3 % en dicha provincia, no puedan optar a un escaño y por otra, para que en muchas provincias, dados los pocos escaños a elegir, los partidos minoritarios consiguan un apreciable número de votos, pero no son los suficientes para un escaño y dichos votos ya no sirven a nivel estatal.

Existe además otro problema, y es que favoreciendo nuestro sistema como favorece a los mayoritarios de cada provincia, en realidad se bonifica a los nacionalismos periféricos que solo compiten en las demarcaciones de su autonomía, en las que son mayoritarios, o al menos fuertes, y consiguen un importante número de escaños, con muchos votos a nivel provincial pero pocos a nivel del conjunto estatal.

Dicho más claramente, UPyD o IU compiten en toda España y muchos de los votos que obtienen son descartados a nivel de representación parlamentaria, quedan como votos muertos en las provincias en las que no consiguen mayoría. Amaiur en el País Vasco, o CIU en Cataluña solo compite en 4 provincias, las catalanas, y no tiene votos muertos o residuales en ninguna otra provincia que no sea de dicha autonomía. De ahí el desequilibrio. A todo ello, hay que sumar la gran incógnita del conjunto vasco, ya que muchos de sus miembros pertenecieron a partidos políticos ilegalizados por demostrarse ante la justicia su vinculación con ETA y hoy tienen 7 escaños en el Congreso de Diputados de España.

Este sistema es premeditado, y se cocinó en la Transición para favorecer el bipartidismo y facilitar la formación de gobiernos estables, duraderos y con mayoría suficiente. También, por la anomalía española en cuanto a sus nacionalismos periféricos se favoreció a los partidos nacionalistas, engordando ficticiamente sus representaciones en relación a su número de votos.

Jugando a la política ficción, si tuviéramos un sistema más proporcional como el propuesto en la página web a la que hemos hecho referencia, y ante una victoria más moderada del Partido Popular, éste quedaría tan lejos de la mayoría absoluta que debería formar gobiernos probablemente con uno, dos o tres partidos más. Exactamente igual que en la Italia del “pentapartito” o en la Segunda República Española.

Y esa es la verdadera clave de todo este embrollo: la sombra de la II República con su sucesión interminable de gobiernos. Se quiso evitar una nueva dictadura del minoritario, favoreciendo la consolidación de dos partidos nacionales fuertes que se alternaran en gobiernos estables. ¡Oído cocina!

La pregunta que cabe hacer es: ¿Estamos dispuestos, en pro de la democracia y la representatividad justa, a exponernos a una inestabilidad latente, a la precariedad de los gobiernos y de su base parlamentaria? ¿Están España, sus partidos, su economía, su sociedad, preparados para asumir con madurez y sin dramas ese horizonte político?

Quien suscribe no tiene respuesta a esa pregunta, pero sugiere a todos los lectores que reflexionen objetivamente todos los pros y los contras de uno y otro sistema. Y mientras reflexionan, dejen que me despida con una frase del acervo popular… “Cuidado con lo que deseas...

...porque lo puedes obtener”.

Joaquín Saravia