Régimen, pan duro y vodka en el Carnaval de Cádiz: ¿Quién dijo crisis?

Artículo publicado el 5 de Marzo de 2012
Artículo publicado el 5 de Marzo de 2012
A pesar de las drásticas medidas de austeridad, el Carnaval de Cádiz, celebrado entre el 16 y el 26 del pasado febrero, mantiene toda su grandeza. Un joven francés, infiltrado en esta fiesta, ha ido a ver si el evento solo era un medio para canalizar el furor del pueblo o una verdadera voluntad de comunión cara a la crisis que sacude España. Reportaje.

Dentro de un chispeante contexto político y económico, un joven europeo mal informado podría esperarse un ambiente tenso durante las celebraciones, pero se equivocaría al no conocer el carácter andaluz, ya que el carnaval mantiene toda su grandeza. Puede ser, incluso, el momento donde toma todo su sentido. Desde la época del Imperio Romano, el carnaval, “panem et circenses”, es un medio para canalizar el furor del pueblo y para desviar su atención de los problemas sociales y políticos. La tradición se conservó en la Edad Media, cuando los nobles permitían que los campesinos se sentaran con ellos en su mesa y les imitaran por un día. En Cádiz, la tradición del carnaval se remonta a varios siglos atrás y se mantiene de generación en generación. En las calles, todos los gaditanos se disfrazan sin importar la edad que tengan. Sin embargo, desde hace algunos años, las fiestas acogen por igual a otras poblaciones como, por ejemplo, la de los jóvenes Erasmus que estudian allí.

La generación Erasmus goes to Cádiz

Entre ellos encontramos a Emeline, una estudiante Erasmus de 20 años proveniente de la Universidad Paris-Sorbonne que nos guía por la ciudad. Ella comparte su piso con dos ingleses pero, desde hace 10 días, su hogar ha llegado a ser un verdadero Auberge espagnole formado por ingleses, belgas, franceses y americanos que se turnan para dormir en camas supletorias. Una vez llegados a la estación, nos damos prisa. Sin pensárnoslo dos veces, nos ponemos los disfraces mientras vamos a la plaza central. En cuestión de segundos, el inglés, francés y alemán se mezclan con el español en las conversaciones. Todos se contonean al ritmo de clásicos del rock versionados a la española. El alcohol sale a borbotones y se siente el olor a hierba en el aire. Lejos de la austeridad generalizada en Europa y lejos de planes de rigor y acuerdos entre ministerios, la generación Erasmus se divierte.

Las reivindicaciones políticas no dan signos de vida. Después de todo, estamos aquí por la fiesta y lo demás nos da igual. Sin embargo, los motivos de protesta nunca faltan para los jóvenes europeos. En España, la policía arremetió contra activistas en plena manifestación. En Grecia, el Gobierno validó otra sangría presupuestaria al desdeñar los llamamientos desesperados de su pueblo. En Francia, la situación no parece mejor debido a la alta tasa de paro o la mayor precariedad de los estudiantes, entre otras cosas. El balance no es bueno pero, no importa, el cantante entona un Let it be en versión flamenca que resume bien el espíritu de la noche. Carpe Diem.

“Aquí, el mundo y la política nos pilla lejos” cuenta Emeline, “después de estar 6 meses en Cádiz, aún no sé cómo se llama el alcalde ni de qué partido político es.” El Carnaval es una tradición antigua y no va a ser la crisis la que merme la moral de los gaditanos porque “les gusta demasiado la fiesta como para estar desmoralizados”.

Despolitizado no es lo mismo que desinteresado

¿Tenían razón los romanos? ¿El pan y el juego bastan para mantener al pueblo en calma y seguir con la sangría? No del todo ya que estamos equivocados al mezclar despolitizado con desinteresado: “Con la crisis, muchas tiendas han cerrado, incluso un local de okupas que ofrecía actividades gratuitas y solidarias en Cádiz”, lamenta Emeline.

Los andaluces responden a la crisis a su manera. En el entramado de calles de esta ciudad, se forman pequeños grupos que, en cada cruce, entonan cantos en español. Bajo sus disfraces de monjas, señoritas y demás payasos se ríen de las élites y del poder aunque su mensaje es serio. Estos grupos son los que, a través de sus canciones, muestran de manera irónica los dramas sociales y económicos que viven cada día. Otros llevan la sátira más lejos: nos encontramos, por ejemplo, con Contador luciendo el maillot francés o incluso a un Berlusconi en miniatura seguido de cerca por un Anonymous. En resumen, dan ritmo al carnaval gracias a su compromiso.

“La cultura pone los cimientos al sentimiento europeo”

Después de una noche de fiesta con más o menos alcohol y pocas horas de sueño, el Carnaval toca su fin y es el momento de volver a la normalidad. De madrugada, me cruzo con un Tarzán que lleva a rastras su porra mientras que en la acera de enfrente una cafetería ya ha abierto. Es hora de volver al trabajo. Para los Erasmus, es también hora de volver a la Universidad. Emeline está nerviosa: “¡Tengo que hacer 3 hojas de deberes para la vuelta y aún no he hecho absolutamente nada!”.

El Carnaval es una tradición antigua y no va a ser la crisis la que merme la moral de los gaditanos

¿Es consciente de pertenecer a esta generación Erasmus? Algunos están despolitizados pero no desinteresados, pues piensan en Europa de manera diferente, piensan en una Europa más solidaria y con fronteras relativas. Más allá de esta orgía semanal que resume el Carnaval de Cádiz, se juega mucho más que la diversión: “La cultura […] pone los cimientos al sentimiento europeo”, afirmaba hace ya algunos años el pensador Umberto Eco. Tiene razón. Durante la semana, no hubo muestra del euroescepticismo británico, ni del sentido de rigor alemán ni de la pretensión francesa, solo una voluntad unión.

A pesar de la austeridad generalizada en Europa, Cádiz nos da una razón para seguir promoviendo la convivencia entre todos: la refundación del sentimiento europeo pero, ¿hay que creer en esto? Eso espero... aunque también puede ser que tanta fiesta me haga desvariar.

Todas las fotos: © Emeline Idil; vídeo: (cc) youtube