Reglas para el mundo sin reglas

Artículo publicado el 20 de Febrero de 2006
Artículo publicado el 20 de Febrero de 2006

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El carnaval es una fiesta medieval de la Iglesia en la que se pretendía poner ante los ojos de los creyentes lo horrible del infierno. A pesar de la pérdida de poder de la Iglesia, el carnaval sigue celebrándose en toda Europa.

Rottenburg am Neckar es un pueblecito idílico del sur de Alemania. En el corazón de su ciudad antigua se aprietan las casas de los vecinos unas con otras. Sólo una portentosa catedral destaca alterando la armonía del conjunto. El 26 de febrero el infierno abandona Rotenburgo: es entonces cuando los Ahlande (malditos) se pasean por las calles de la ciudad disfrazados de demonios cornudos, con cabezas cubiertas de pieles de cordero. De sus cuerpos cuelgan campanas de acero y cuando saltan y las hacen sonar, producen un ruido infernal.

El desenfreno entra a formar parte del programa

Como en Rotemburgo, en otros muchos pueblos de Europa reina el estado de excepción en los seis días previos al Miércoles de Ceniza. Sucede así en Cádiz, Niza, Colonia, Venecia o Praga: se organizan cabalgatas en los que pueden verse máscaras grotescas y donde se ridiculiza a los poderosos. Por todas partes se disfrazan hombres y mujeres, y celebran la fiesta día y noche. Las reglas sociales parecen ser abolidas durante este tiempo y el desenfreno forma parte del programa.

Por supuesto que la falta de reglas se basa en una ley clara: es la ley de la Iglesia. Se conocen fiestas previas al cristianismo que recuerdan al carnaval, como las saturnales romanas. Pero la tradición del carnaval no surge en Europa hasta la Edad Media, cuando la Iglesia consolida su poder en el continente y se puede comprobar una conexión directa con los rituales paganos. El carnaval es una fiesta que precede a los días festivos que comienzan con el Miércoles de Ceniza: Carnem levare significa la anulación, la prohibición de la carne.

Sólo en sus inicios se diferenciaban los carnavales en Europa entre sí. En Colonia empezaban a celebrarse el 11 del 11 a las 11.11h; en otras ciudades el 6 de enero. También esto tiene su raíz en la Historia de la Iglesia. El 11 del mes 11 empezaba la cuaresma y el 6 de enero terminaba la epifanía.

El bufón como habitante del infierno

En todos lados tiene su punto álgido el carnaval en los seis días previos al miércoles de ceniza, este año: del 23 al 28 de febrero. Si, según la Biblia, Dios creó el mundo en 6 días, el contramundo debe durar también 6 días. El historiador alemán de costrumbres populares Dietz-Rüdiger Moser ha investigado la relación entre el carnaval y la teología cristiana. "Se pretendía que la gente celebrara el Miércoles de Ceniza. Por eso era necesario el carnaval." Según la teoría de Mosers, hay que remontarse a la obra del padre de la Iglesia, San Agustín, que diferenció entre una ciudad de Dios y una ciudad del diablo, civitas Dei y civitas Diaboli.

Con el carnaval la Iglesia ponía ante los creyentes la ciudad del Infierno, para que sintieran la necesidad en estos días nefandos de volver a una vida cristiana. De este modo, la elección casual del rey del carnaval -como sucede en en Niza, Colonia o Viareggio- se contrapone a la elección divina de los monarcas. El bufón no es un ciudadano de la ciudad de Dios: el salmo 52 de la Vulgata latina (Biblia) explica que el bufón es el negador de Dios, pues con una vara corona a sus seguidores, con lo que es signo de las creencias paganas. Su vara, además, lleva en un extremo la reproducción de su rostro torcido, en un alarde de narcisismo reprobable a ojos de la filosofía cristiana.

El carnaval se celebra en todos los lugares donde el poder de la Iglesia se ha reducido. Todavía hoy tiene lugar, con excepciones, en países declaradamente católicos. Los primeros testimonios datan del siglo XIII, de Lille y Dijon (en Francia). Bastante reconocido es el de Nüremberg, que data del siglo XV, cuando vino la Reforma protestante que suprimió las festividades. La Ilustración y la Revolución Francesa trasladaron el campo de influencia del carnaval hacia el tema de la muerte porque se quería poner fin al fantasma del catoliscismo. Con la Restauración a principios del siglo XIX vive el carnaval un renacimiento. El de Colonia, Niza y numerosas ciudades renacen en este momento y se mantienen hasta nuestros días.

La amenaza emerge

La Iglesia ve hoy en día disminuida su preponderancia cultural. Por supuesto que el carnaval se sigue apreciando, pero surgen nuevas formas que no tienen nada que ver con la tradición eclesiástica. Los carnavales de verano, multiculturales como en Notting Hill (Londres), se extienden por Europa y amenazan a los tradicionales carnavales de invierno como el de Venecia que pierde fuerza como atracción turística. ¿Está perdiendo esta fiesta su significado y valor originales?

No piensa así Michi Knecht, investigadora del Insituto de etnología europea de Berlín. "El carnaval ya no es lo que era. Aunque esto no significa que no tenga sentido". Está convencida de que el carnaval facilita la comunicación social entre grupos. En un mundo cambiante dominan reglas claras. "El espectáculo ofrece a los hombres un espacio comunitario", afirma Knecht. El psicoterapeuta Wolfgang Oelsner también se suma a esta opinión. En su libro Fest der Sehnsüchte (La fiesta de la nostalgia) escribe: "en el carnaval el hombre se comporta como es realmente, sin ataduras. Esto produce efectos psicológicos colaterales: se deben hacer cosas que normalmente no están permitidas y los sentimientos reprimidos emergen".