¿Regreso de los republicanos a la Casa Blanca en 2009?

Artículo publicado el 30 de Enero de 2008
Artículo publicado el 30 de Enero de 2008
Tras ocho años de presidencia de Bush, los europeos tienen la esperanza de redefinir los intereses de EEUU.

Por primera vez desde 1928, no hay presidente o vicepresidente titular presentándose a las elecciones como candidato de un partido en las elecciones presidenciales de 2008. La contienda electoral está abierta, con un número sin precedentes de líderes candidatos.

Hillary Clinton y Barack Obama lideran a los demócratas. El anterior gobernador de Massachussets Mitt Romney (un hombre de negocios mormón), el ex alcalde neoyorquino Rudolph Giuliani (dos veces divorciado), el senador de Arizona John McCain (ex prisionero de guerra) y el ex gobernador de Arkansas Mike Huckabee (pastor evangélico) se presentan por el lado de los republicanos.

Clinton y McCain aparecen como los favoritos, pero la incertidumbre del sistema de primarias y Caucus podría llevar a cualquiera de los candidatos a ganar la nominación de su partido a la elección presidencial. Tres posibles escenarios afectan el resultado de la elección de 2008 sobre relaciones transatlánticas.

Tensiones transatlánticas aliviadas

En primer lugar, la llegada de un nuevo presidente estadounidense trae consigo el ansiado fin a la época de tensiones que ha marcado el periodo 2001-2008. Los posibles resultados de esta cooperación renovada incluirían el retorno francés a la estructura de mando militar de la OTAN, una mayor implicación europea en Afganistán (e incluso Irak) y la aceptación por parte de EE UU de alguna forma del protocolo renovado del cambio climático.

Una victoria de Clinton promete ser la posibilidad para la restauración a la situación anterior a Bush hijo. Significaría la vuelta de los oficiales de la primera administración de Clinton a los temas transatlánticos, estamos hablando de la mítica Madeleine Albright, ex secretaria de Estado de los EE UU, y Richard Holbrooke, antiguo embajador de Estados Unidos en Alemania y la ONU.

Europa en su propia capucha

En segundo lugar, un “cambio pacífico” en las relaciones transatlánticas vería a una Europa cada vez más centrada en sus propio vecindario y a los EE UU retrayéndose e incluso aislándose. Esto último podría considerarse una tendencia republicana, pero una victoria de Obama podría, después de un breve periodo de luna de miel, producir un resultado similar.

Por ejemplo, Barack Obama habla a favor del multilaterismo, pero tiene pocas ideas concretas. Cuando un presidente americano tiene una visión clara en política exterior, los intereses nacionales son los que finalmente dictan la política. Su falta de experiencia en política exterior se ha puesto de manifiesto con una serie de errores en su campaña política: desde proclamar el 2 de agosto de 2007 su deseo de invadir Pakistán (“Si el presidente Musharraf no actúa, nosotros lo haremos”), hasta sentarse a negociar con los ayatolás iraníes.

¿Futuro republicano?

De los candidatos republicanos, McCain es el que tiene la mejor capacidad para establecer la comunicación con atlantistas como Sarkozy, Merkel o Brown. Sin embargo, es probable que sea tan “maverick” (independiente e inconformista) en asuntos exteriores como en su carrera en el senado de EE UU.

Mientras tanto, a pesar de estar tercero en las encuestas, Giuliani es el más cercano a la tradición de la presidencia de Bush: su consejero en política exterior es el archineoconservador Norman Podhoretz, quien ha declarado sin ambages el comienzo de la “Cuarta Guerra Mundial” después de los ataques terroristas del 11 de septiembre en su libro La Cuarta Guerra Mundial: La larga lucha contra el fascismo islamista. En junio de 2007, expresó su apoyo al bombardeo de Irán.

En Europa, las suposiciones de que cualquiera que obtenga la nominación demócrata ganará las elecciones no son realistas. Tal y como subraya Pablo Pardo, corresponsal en Washington del diario español El Mundo, “si los ganadores principales son Clinton y McCain, hay una probabilidad considerable de que McCain gane la lucha electoral. Hillary no gusta entre el sector republicano y entre muchos independientes.” Además, es probable que incluso un presidente demócrata sufra severas presiones nacionales para no conceder terreno a colegas extranjeros, tanto en comercio como en reducción de emisiones de CO2 o en el apoyo de aliados de EE UU como Israel.

Tras siete años, los europeos no deben vivir sólo con la esperanza de redefinir los intereses de EEUU tras la era Bush. Tal y como Philip Stephens escribe en la edición del 23 de enero del Financial Times, mientras el “interés europeo reside en una América más moderada y multilaterista, Europa sólo influirá de forma adecuada a los dirigentes de Washington si demuestra su capacidad de ejercer su propio liderazgo.”