Rehabilitar el feminismo

Artículo publicado el 12 de Enero de 2004
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 12 de Enero de 2004

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El feminismo ha perdido a las mujeres : ellas le dieron la espalda. Hombres y mujeres deben reanudar la militancia con el respeto a la ley para acabar con las desigualdades que todavía perduran.

¿Cómo uno puede reírse del feminismo? ¿Cómo una mujer puede afirmar: “No soy feminista”? ¿Cómo puede uno vivir en un país, Francia, en el que la diferencia de sueldo está estimada en un 27% en favor de las hombres (1) y afirmar que esta lucha no nos concierne? ¿Cómo uno puede vivir en un país en el que las jóvenes de los barrios difíciles afirman usar el velo islámico para protegerse de la violencia de los hombres, sin que nadie se alarme?

¿Cómo uno puede aceptar estar gobernado por una asamblea masculina al 87% sin estar asustado por el desequilibrio evidente, que ni siquiera una ley voluntaria como la de la paridad logra modificar? ¿Cómo aceptar que una parte del mundo afirma que la mujer es complementaria, y no igualitaria al hombre, y que por eso tiene que vivir como en la Edad Media, sin hacernos preguntas sobre la responsabilidad de todos nosotros, hombres y mujeres, que creemos vivir en una sociedad moderna y culta? ¿Cómo uno puede aceptar que la mujer sea designada en las culturas y religiones tradicionales como la parte salvaje de la humanidad cuyo cuerpo y espíritu deben recibir una rehabilitación supuestamente para alcanzar la virtud, y así privarles de poder gozar de su cuerpo, su seducción y sus derechos?

¿Será culpa del individualismo moderno y del fin de las luchas para la emancipación? ¿O culpa de las propias feministas que perdieron su tiempo en querellas estúpidas de barrios burgueses de la capital, discutiendo sobre la herencia de Simone de Beauvoir y dando la espalda a las mujeres, víctimas potenciales de la violencia de los barrios difíciles? ¿O culpa de un pensamiento feminista radical que, excluyendo al hombre de su campo de acción, hizó perdurar las diferencias y alimentó la guerra de los sexos? ¿O culpa de los hombres que siempre y todavía se ríen de estas «perras» histéricas con el discurso estereotipado e invariable? ¿O culpa del sistema republicano que considera que la ley es la solución suprema a los problemas de desigualdades, injusticia, representación, cuando la propia ley demuestra que es incapaz de reducir los desequilibrios ?

¿A quién creer?

Frente al fracaso de la militancia feminista y al fracaso de la ley como protección y garantía del respeto de los derechos humanos, ¿qué pueden hacer las mujeres para que se oiga su voz? ¿Catherine Millet? ¿Isabelle Alonzo (2)? ¿El velo islámico? No. Aunque se puede encontrar talento literario a Catherine Millet, sonreír y compartir las preocupaciones mediáticas de Isabelle Alonzo y entender la preocupación de las jóvenes de los barrios difíciles que buscan el respeto usando el velo, estas pruebas de la lucha de las mujeres son demasiado contextuales, personales, provocadoras y marginales, para poder encontrar una respuesta al dilema.

Lamentablamente o afortunadamente, la ley y la militancia siguen siendo los dos únicos pilares de los avances de los derechos de las mujeres, sobre los que se puede contar en un mundo en el que la preocupación por las cuestiones fundamentales y las histerias con problemas menores hacen difícil un trabajo de fondo. La sociedad en su conjunto debe simplemente considerar estos dos pilares de otra forma, y prestarles la atención y el respeto que se merecen, sin violar la ley, ni reírse de la militancia.

No ver más “The Bachelor”

En primer lugar, hay que aplicar la ley y hacer que su propia existencia no sea un pretexto para no actuar. La definición de los dominados de este mundo cambió porque una nueva ideología, legalista, afirma que si existen leyes anti-discriminación, las discriminaciones desaparecen automáticamente. Que las sanciones se apliquen y que inciten a no aceptar la situación que no cambiará si uno sólo observa de forma pasiva. Que la ley sobre la paridad se aplique. Que el derecho se cumpla en las empresas, que las buenas prácticas se desarrollen, sin tener que esperar que aparezca un caso de discriminación y una queja de una víctima, que siempre llega tarde, una vez el mal ya hecho y las sancciones inútiles. Que la República no acepte la aplicación de un comunitarismo que se cree portavoz de una libertad de conciencia, pero que en realidad, esconde una situación en la que las mujeres viven bajo la autoridad de sus padres, hermanos o hijos.

Que las feministas nos devuelvan las ganas de creer de nuevo en sus acciones, concentrándose en el trabajo de campo y recuperando sus espacios legítimos de palabra y de debate. Que la educación y la sensibilización nos enseñen a todos a no reírnos de los comportamientos sexistas, a no ver más “Greg el millonario” (o “The Bachelor”) (3), a no callarnos frente a las reflexiones machistas, sea un chiste o una verdadera amenaza. No existe ninguna cultura que pueda mantenerse lejos del progreso, ninguna observación que no se transforme en acción, ninguna violación que no tenga sanción apropiada, o ninguna sociedad que pueda desarrollarse gracias al derecho y a la acción cívica, los cuales no deben estar impuestos unilateralmente, sino nacer y desarrollarse bajo la influencia positiva del debate republicano.

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(2) Catherine Millet es la autora de «La vie sexuelle de Catherine M. » (« La vida sexual de Catherine M. »), libro que trata de sus experiencias sexuales -poco convencionales- de mujer liberada y que suscitó gran polémica. Isabelle Alonzo es la presidenta de las «Chiennes de Garde» («Perras de Guarda»), grupo que defiende los derechos de las mujeres. Sus apariciones en los medios son frecuentes.

(3) Programa de televisión en el que un supuesto millonario elige a su pareja entre 12 candidatas…