Reinhard Blomert: "El sacrificio se ha hecho, pero falta la recompensa"

Artículo publicado el 27 de Abril de 2005
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Artículo publicado el 27 de Abril de 2005

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El liberalismo económico de los últimos años ha llevado a una creciente desigualdad, y la Constitución amenaza con reforzar esta tendencia, dice el sociólogo Reinhard Blomert en nuestra entrevista café babel.

Reinhard Blomert trabaja como publicista y profesor universitario en Berlín. En su libro Los codiciosos, critica los excesos del capitalismo de los años noventa, que ha conducido hacia un menor control de los mercados financieros. Este experto en temas europeos y miembro de ATTAC sugiere que Europa preserve su tradicional orientación hacia la producción y mantenga unos altos estándares sociales.

El Coffee Storming de café babel en Berlín se planteó el 18 de marzo sobre la siguiente cuestión: "El modelo económico de la Constitución Europea: ¿una Europa social o un supermercado liberal? ¿Quién conoce la respuesta?"

Los aspectos económicos relevantes de la Constitución están claramente dominados por los principios neoliberales de la política económica. La liberalización del mercado, la privatización así como el retroceso del Estado como guía aparecen en la tercera parte de la Constitución.

Objetivos sociales como el pleno empleo, el progreso social y la mejora de la calidad del medio ambiente también se encuentran en el texto. ¿Por qué critica entonces ATTAC la Constitución por ser "antisocial"?

Lo decisivo no es sólo lo que aparece sino también dónde aparece: en la primera parte de la Constitución, que no compromete a nada, es donde se nombran estos objetivos sociales. En la tercera parte, más concreta, sólo se habla de una economía libre de mercado, y el adjetivo "social" no aparece por ninguna parte. Y en relación con el pleno empleo sólo se menciona que ha de conseguirse un nivel de empleo razonable. Lo que en la tercera parte de la Constitución se garantizaba como la consecución de las llamadas "cuatro libertades" (libre circulación de personas, libre circulación de bienes, libre prestación de servicios y libre circulación de capital), limita en gran medida las posibilidades de gestión social por parte de los Estados. No contiene ningún elemento social en el ámbito de la Unión Europea.

¿Explica esto la experiencia de los últimos años, por ejemplo en Gran Bretaña, que desmiente que la liberalización y la limitación de las prestaciones sociales conduzcan a un mayor crecimiento?

Los índices de crecimiento por si solos dicen poco acerca de la situación de una sociedad. Inglaterra tiene muchos indigentes que el éxito económico ignora, y tradicionalmente, una situación de partida diferente por completo: el sector financiero está muy desarrollado; por el contrario, la industria de producción es, en comparación, débil. En el continente pasa lo contrario, aquí domina la producción. Que haya un desarrollo coyuntural distinto es normal. Esto no debería llevar, sin embargo, a que de repente en el continente cuestionemos nuestra Constitución sólo porque no se le haya prestado atención al "tótem" del crecimiento.

La diferencia entre Gran Bretaña y el continente es desde luego muy acusada, pero también entre otros Estados de la Unión Europea hay diferencias institucionales. ¿Se puede hablar de un modelo económico europeo?

Sin duda hay un modelo europeo. Esto es obvio y está documentado desde fuera, como por ejemplo en el libro de Jeremy RifkinEl sueño europeo. Una particularidad es, junto a su orientación hacia la producción, que en muchos países europeos las estructuras económicas municipales tienen una gran trascendencia. Esta mezcla de formas económicas ha sido cuestionada por la política de liberalización de la Unión Europea. Esto ha llevado a una considerable desestabilización de nuestra sociedad.

Con respecto a las particularidades de los modelos europeos habla John Ruggie del "compromiso del liberalismo invertido": los ciudadanos aceptan con apertura económica los riesgos que esto implica, los Estados flexibilizan las condiciones del empleo y la política social. ¿Se perciben en la Constitución Europea pasos hacia la consecución de este compromiso?

En efecto, la fórmula de competición entre los diferentes lugares sugiere que los sacrificios de hoy se verán recompensados con ganancias en el futuro, y también que finalmente todos los miembros de la sociedad se beneficiaran del liberalismo. Desde el comienzo de la gran ola de liberalización hace más de diez años esta promesa aún no se ha materializado: cada vez hay menos puestos de trabajo y las desigualdades sociales han crecido. El sacrificio se ha hecho, pero la recompensa aún no ha llegado.

¿Qué solución ve usted para reconciliar el éxito económico y las exigencias sociales en la política social y económica?

Primero se debe establecer ante todo una política económica europea, porque hasta el momento sólo hemos tenido la política monetaria del Banco Central Europeo. Este componente monetario no representa por el contrario ninguna competencia para la política fiscal a nivel europeo, mientras el margen de maniobra de los Estados miembro se vea considerablemente limitado debido al pacto de estabilidad y crecimiento. Un gobierno económico federal sería una posible solución a través de la superación de estos desequilibrios. En cualquier caso debe fortalecerse el principio de subsidiariedad de tal modo que se pueda mantener la mezcla de sistemas económicos con competencias municipales más fuertes en el campo de las infraestructuras de y las prestaciones de servicios.