Reino Unido: Fenómeno Nimby VS Parques eólicos

Artículo publicado el 4 de Febrero de 2014
Artículo publicado el 4 de Febrero de 2014

Los beneficios de los parques eólicos son aceptados de forma universal; y los molinos terrestres son la fuente de energía renovable más eficiente al alcance de los británicos. Ya que se espera que Gran Bretaña obtenga el 15% de su energía de fuentes renovables antes de 2020, es hora de preguntarse por qué no hay más áreas que aprovechen la oportunidad de acoger parques eólicos en sus comunidades.

El fe­nó­meno NIMBY, sigla in­gle­sa para “Not In My Back Yard” (no en mi jar­dín), hace re­fe­ren­cia al re­cha­zo de ins­ta­la­cio­nes como par­ques eó­li­cos o ver­te­de­ros de ba­su­ra en el área local, aun acep­tan­do por com­ple­to sus be­ne­fi­cios en otro lugar. Como na­ción, los bri­tá­ni­cos apo­yan la ener­gía re­no­va­ble (el 82%, para ser pre­ci­sos). Esta cifra cae en pi­ca­do de modo que tan sólo la mitad de los bri­tá­ni­cos dan apoyo a pro­yec­tos de ener­gía re­no­va­ble en sus pro­pias co­mu­ni­da­des. Los par­ques eó­li­cos son gran­des, y al­gu­nos sos­ten­drán que poco atrac­ti­vos. Ade­más, la ma­yo­ría de los nue­vos pro­yec­tos de ener­gía – desde par­ques eó­li­cos hasta el fra­cking o frac­tu­ra hi­dráu­lica – son pro­pues­tos en las zonas menos po­bla­das. El con­ser­va­dor Lord Ho­well se hizo fa­mo­so por meter la pata al ale­gar que había mu­chas áreas “de­sola­das” en el no­res­te y que éstas eran per­fec­tas para las ope­ra­cio­nes de frac­tu­ra hi­dráu­li­ca. Como era de es­pe­rar, el es­cán­da­lo es­ta­ba ser­vi­do.

El con­flic­to de in­tere­ses es sim­ple: las áreas con una menor po­bla­ción y, por tanto, más apro­pia­das para la ex­plo­ta­ción de la pro­duc­ción ener­gé­ti­ca, son nor­mal­men­te zonas ru­ra­les y, por con­si­guien­te, de gran be­lle­za y ama­das por sus ve­ci­nos. Qui­zás, lo más iró­ni­co de todo es que puede que aque­llas per­so­nas cuya mi­sión es pro­te­ger su área de la in­va­sión de la pro­duc­ción de ener­gía re­no­va­ble estén con­de­nan­do su área, al igual que el resto, a largo plazo.

El pro­pio Bill Bry­son dijo: “Gran Bre­ta­ña to­da­vía tiene los cam­pos más be­llos del mundo. Odia­ría for­mar parte de la ge­ne­ra­ción que per­mi­tió de­jar­los per­der”. El fe­nó­meno NIMBY equi­va­le al na­cio­na­lis­mo a es­ca­la mi­cros­có­pi­ca: la gente está pre­pa­ra­da para poner en ries­go el con­jun­to con la fi­na­li­dad de pro­te­ger aque­llo que con­si­de­ran que es suyo.  

PO­SI­BLES so­lu­cio­nes

Una po­si­bi­li­dad es hacer lo que hizo el pro­yec­to Green­wi­re: evi­tar el fe­nó­meno NIMBY por medio de un cam­bio en las ubi­ca­cio­nes. Ir­lan­da, tal vez menos esnob que sus ve­ci­nos bri­tá­ni­cos, no dejó es­ca­par la opor­tu­ni­dad de pro­du­cir ener­gía eó­li­ca te­rres­tre y ven­dér­se­la a éstos. Más efi­cien­te y, por tanto, más ba­ra­ta que un pro­yec­to de si­mi­lar en­ver­ga­du­ra en el mar, esta ins­ta­la­ción pro­por­cio­na a Ir­lan­da una enor­me re­com­pen­sa eco­nó­mi­ca. Ellos pro­du­cen el di­ne­ro y la ener­gía. La ener­gía de Gran Bre­ta­ña es re­no­va­ble y sus pre­cio­sos cam­pos están in­tac­tos. Las cla­ses altas están con­ten­tas.

Sin em­bar­go, el in­con­ve­nien­te de este plan es que 10.000 pues­tos de em­pleo que po­drían haber sido para la mal­tre­cha eco­no­mía bri­tá­ni­ca fue­ron ex­por­ta­dos. Ade­más, con tal de ase­gu­rar bue­nos pre­cios al pro­vee­dor de ener­gía, el coste de ésta au­men­ta inevi­ta­ble­men­te para los bri­tá­ni­cos. 

Otra op­ción es dar gran­des in­cen­ti­vos a las co­mu­ni­da­des. Los ope­ra­rios de los par­ques eó­li­cos de Es­co­cia han pro­por­cio­na­do a las co­mu­ni­da­des que les aco­gen unos be­ne­fi­cios de más de 5 mi­llo­nes de li­bras. Se­gu­ro que un par­que eó­li­co es más bo­ni­to si está si­tua­do junto a un res­plan­de­cien­te salón de actos o junto a una senda para bi­ci­cle­tas. Un pro­yec­to como este ayudó a un cine local a re­abrir sus puer­tas des­pués de trein­ta años

¿hay otra forma?

La mayor his­to­ria de éxito de In­gla­te­rra es la de West­mill Wind Farm Co-ope­ra­ti­ve, en Swin­don. Pro­pie­dad al 100% de la co­mu­ni­dad, sus cinco to­rres pro­du­cen su­fi­cien­te ener­gía para una media de 2.500 fa­mi­lias. Una cam­pa­ña de re­cau­da­ción de fon­dos per­mi­tió a la co­mu­ni­dad com­prar ac­cio­nes desde el prin­ci­pio; ha sido su par­que eó­li­co en todo mo­men­to. En su video se mues­tra que es un pro­yec­to del pue­blo para el pue­blo. Los mo­li­nos no son una man­cha en su pai­sa­je, sino algo de lo que la co­mu­ni­dad se sien­te or­gu­llo­sa y este or­gu­llo trans­mi­te su bri­llo al par­que eó­li­co.       

Así fun­cio­na el mundo

La idea de la ne­ce­si­dad que tiene el hom­bre de es­tro­pear el pai­sa­je no es, ni mucho menos, nueva. Las to­rres de alta ten­sión, las vías fe­rro­via­rias y los sa­té­li­tes te­rres­tres siem­pre han sido odia­dos y re­cha­za­dos en cuan­to sal­tan los pla­nes para su desa­rro­llo. La gran di­fe­ren­cia es, desde luego, que todo esto con­tri­bu­ye a las emi­sio­nes de CO2 y al ca­len­ta­mien­to glo­bal; mien­tras que los par­ques eó­li­cos ayu­dan a re­du­cir­los. Cuan­do los va­lo­res de los que “viven en verde” y de los que “aman el verde” en­tran en con­flic­to, te­ne­mos un pro­ble­ma: ambos gru­pos lu­chan jun­tos de tanto en tanto con­tra ob­je­ti­vos que les be­ne­fi­cian res­pec­ti­va­men­te y, de hecho, tam­bién a cada uno de no­so­tros.  

Al Reino Unido le queda mucho ca­mino por re­co­rrer para po­ner­se al nivel de sus ve­ci­nos eu­ro­peos, lo cual es una vergüenza dada la abun­dan­cia de vien­to que es des­apro­ve­cha­do. Sin em­bar­go, con un go­bierno que ac­tual­men­te cen­tra la mayor parte de sus es­fuer­zos en la frac­tu­ra hi­dráu­li­ca – los mi­nis­tros bri­tá­ni­cos  han ad­mi­ti­do re­cien­te­men­te que están in­ten­tan­do re­vo­car las leyes de vio­la­ción de la pro­pie­dad que per­mi­ten a las em­pre­sas frac­tu­rar de­ba­jo de las casas sin el con­sen­ti­mien­to de sus pro­pie­ta­rios – los se­gui­do­res del fe­nó­meno NIMBY pron­to po­drán vol­ver a las jus­tas pro­tes­tas de an­ta­ño, donde las po­lí­ti­cas me­dioam­bien­ta­les y las opi­nio­nes eco­lo­gis­tas no tenía pro­ble­mas para po­ner­se de acuer­do.