Reino Unido: Rebelión contra la universidad neoliberal

Artículo publicado el 27 de Marzo de 2015
Artículo publicado el 27 de Marzo de 2015

La educación superior en toda Europa se está volviendo cada vez más comercial y las universidades se convierten en centros de lucro más que en espacios de enseñanza. Eventos recientes en universidades de Inglaterra y los Países Bajos han demostrado que los estudiantes tratan de oponerse a esta marea de burocracia e irresponsabilidad.

Recordamos dos escenas de activismo estudiantil en Reino Unido. Una en 2012, durante el movimiento de protesta Occupy Wall Street. En ella, un grupo de estudiantes de la Universidad de Warwick, en Inglaterra, manifiesta su propia protesta de ocupación en el jardín de la Casa del Senado universitario. Una carpa es erguida y varios académicos de casi todos los departamentos aceptan hablar sobre temáticas que van del Marxismo  a la poesía.

La respuesta del personal de seguridad de la universidad es una mezcla de un extraño paternalismo y perplejidad; beben té en sus uniformes de poliéster, inseguros de qué es lo que está sucediendo realmente o cuál es supuestamente su trabajo.

La segunda escena se produce dos años después cuando un grupo similar de estudiantes se sienta en el vestíbulo del mismo edificio para debatir tranquilamente sobre una manifestación que se llevó a cabo más temprano ese mismo día.

El mismo grupo de seguridad llega en vehículos especialmente modificados con sirenas y pintura de Alta Visibilidad; ellos explican que la policía fue llamada por un incidente diferente, por lo que nadie se alarma. Segundos después, la policía llega. No está claro qué es lo que buscan ya que inmediatamente comienzan a empujar a los estudiantes, echándoles gas pimienta en la cara y apuntándoles con pistolas paralizantes. 

Un video del incidente entre los manifestantes y la policía  (YouTube)

Estos dos eventos no cuentan la historia completa de qué es lo que le ha sucedido a la universidad desde la triplicación de las tasas académicas a manos del gobierno de coalición en 2010. Sin embargo, son síntomas de las amplias consecuencias de este aumento, y la creciente comercialización de la educación superior a través de Europa.

A pesar de prometer situar “a los estudiantes en el corazón del sistema” de universidades de Inglaterra, resulta que en ese entramado los estudiantes se comportan tanto como los consumidores sonámbulos de cursos de formación de estilo empresarial, como productos relucientes de una línea de producción para empresas con cada vez menos recursos.

¿Educación para el lucro?

La ironía es que al intentar que las universidades se asemejen a las corporaciones globales, el Gobierno británico obtiene uno de sus logros políticos más incuestionables. Las universidades en Reino Unido, y en especial las inglesas, son iguales a las empresas de este país. Los salarios para quienes están en la cima incrementan año tras año mientras que los contratos educativos son temporales.

Como explicó la esritora e historiadora, Marina Warner, ha surgido una nueva nomenclatura de funcionarios y administrativos que se encargan de recortar costes. Mientras tanto, conseguir un trabajo permanente como investigador post-doctoral después de haberse graduado, es casi insólito. La explosión de este tipo de roles: secretario adjunto, jefe subsecretario del funcionario, asistente para el bienestar estudiantil, y otros muchos, no deberían ser vistos como el fracaso de la comercialización, sino como su cúspide.

El culto a la competencia a través de disciplinas extensamente diferentes, buscando beneficio incluso en las investigaciones más abstractas u obtusas, requiere del increíblemente costoso mantenimiento de una visión autoritaria para el futuro.

Hay un nombre para este tipo de cosas, y el antropólogo radical de la Escuela de Economía y Ciencias Políticas de Londres (LSE), David Graeber, da en el clavo al sostener que las pesadillas burocráticas del neoliberalismo tienen más cosas en común con el estalinismo que con cualquier tipo de capitalismo idealizado. La Universidad de Warwick, como se supo esta semana, ¡tiene incluso su propia policía secreta!

Entonces ¿en qué posición deja todo esto a los estudiantes que no quieren pasar su vida en el purgatorio de las prácticas no remuneradas y el cultivo de las competencias transferibles? Bueno, el fracaso del movimiento estudiantil de 2010 en Reino Unido, dirigido por la ahora Unión Nacional de Estudiantes (NUS), radicó tanto en la introspección como en la voluntad de ver más allá de las tácticas que habían heredado de una Unión políticamente comprometida.

Inspirándose en las victorias de la colectividad estudiantil CLASSE de Quebec, nuevos movimientos estudiantiles como los de Warwick, Sussex y LSE en el Reino Unido, y el de la Universidad de Amsterdam en Holanda, se han adaptado a una academia neoliberal cuya administración es aparentemente impermeable a la crítica o a la responsabilidad.

Eso no quiere decir que el argumento y el debate no sean importantes, ya que lo son, sino que el espíritu de los valores de esa iluminación solo puede ser corrompido por un sistema que demanda que los estudiantes sean consumidores irreflexivos.

Una nueva estrategia en contra de la comercialización de la educación superior

En cambio, las ocupaciones que continúan expandiéndose a través de Europa y otros lugares han cambiado el foco de su estrategia pasando de movimientos de amplio alcance como Occupy Wall Street a situaciones en las cuales los manifestantes actúan como si las condiciones para una universidad basada en el libre intercambio de ideas ya existiesen.

Esto explica por qué grupos como Warwick por la Educación Gratuita y los ocupantes en la Universidad de Amsterdam eligen los espacios que reclaman no solo por su valor simbólico sino porque están involucrados en el verdadero funcionamiento de la universidad misma. Por ejemplo, estaba previsto que el edificio de humanidades que actualmente alberga a los estudiantes que se manifiestan en Amsterdam, se convirtiera en un lujoso complejo hotelero antes de ser reclamado en nombre de “la nueva universidad”.

Del mismo modo, la Casa del Senado de Warwick es donde la gestión de la universidad se reúne a comer pastelería de lujo. La política aquí no es decir a qué nos oponemos, sino hacer algo al respecto. Estos espacios no son simbólicos, son productivos; producen de nuevas experiencias de enseñanza y aprendizaje, pero también de solidaridad y apoyo entre estudiantes, tutores, y personal de servicio sin los cuales la universidad simplemente no podría funcionar.

Para el Vicecanciller de Warwick, con chófer propio, pueden ser “gamberros”, pero para todos los demás son héroes.