Religión en las escuelas: el experimento británico

Artículo publicado el 18 de Septiembre de 2006
Artículo publicado el 18 de Septiembre de 2006
Mientras en el Reino Unido se incluye la religión en las escuelas, en Francia se prohíbe el uso del velo en los colegios. Una vez más, el debate sobre la educación se centra en el Islam.

Los franceses lo llaman la rentrée, los alemanes, der Schulbeginn, lo llamen como lo llamen, a medida que los niños de toda Europa vuelven a las aulas tras el descanso estival, tan sólo un asunto concreto causa más polémica que nunca. Francia abrió la brecha en 2004 al prohibir “los símbolos religiosos evidentes” para defender lo que el Gobierno anunciaba como una amenaza creciente a la consabida tradición gala de laicismo (separación de la Iglesia y el Estado). Alemania, por su parte, todavía está enfrascada en su propia polémica entre los Estados (Länder), para determinar si se debe o no permitir que profesoras y niñas musulmanas acudan a las escuelas públicas ataviadas con pañuelo en la cabeza. Con este panorama, la cuestión sobre cuál es el papel de la religión en las escuelas europeas, si acaso tiene alguno, parece estar más en el candelero periodístico que nunca.

Poca separación entre religión y Estado

En Gran Bretaña, el ambiente no está menos caldeado. Por una parte, la Reina se agarra a su título de “defensora de la fe”, por otra, el Primer Ministro es quien designa al mismísimo jefe de la Iglesia anglicana. No es de extrañar que, así las cosas, las discusiones en este país no se centren en la separación entre Iglesia y Estado, pues ambos han permanecido intrínsecamente unidos desde hace mucho tiempo. Sin embargo, el tema que muchas veces ocupa multitud de columnas en los rotativos británicos es el que cuestiona la conveniencia de una educación basada en la fe. Si bien es cierto que las escuelas religiosas no son ninguna novedad en Gran Bretaña, ya que no hay que olvidar que, por ejemplo, la Iglesia de Inglaterra es responsable de la educación de alumnos en cerca de 4.700 colegios, hoy en día, el asunto ha cobrado un nuevo significado. El ejecutivo de Blair quiere ahora financiar escuelas que representen a otros grupos religiosos, como el musulmán, constituido por un millón y medio de personas en el país. Como describe el destacado comentarista liberal, Polly Toynbe, “la idiotez constitucional que supone la Iglesia establecida en las escuelas nos parecía algo irrelevante; ahora, esta misma medida obliga a otorgar privilegios similares al resto de religiones”. El resultado se ha traducido en un aumento en el número de escuelas públicas musulmanas. En este momento, el Gobierno planea introducir hasta 100 escuelas islámicas ya existentes dentro del sistema educativo estatal en los próximos años, y también tiene pensado crear una escuela pública para seguidores de la doctrina Sikh en Hillingdon, al oeste de Londres. Del mismo modo, se ha dado luz verde a una escuela pública hindú en Harrow.

¿Segregación o transparencia?

Los episodios de terrorismo recientes están haciendo emerger la cuestión sobre cuál es el grado de integración de las minorías étnicas en Gran Bretaña y, por qué un número ínfimo de musulmanes británicos se han adherido a las ráfagas de fundamentalismo islámico. Los que critican la política del Gobierno, como la Sociedad Nacional Secular (NSS) aseguran que la segregación de niños en los colegios por motivos religiosos es sin duda un paso en la dirección equivocada. Tal y como alega el director ejecutivo de esta organización, Keith Porteous Wood, esta tendencia creciente que clasifica a los niños según la religión de sus padres aumenta la ignorancia y la desconfianza entre distintas comunidades, que tendrán menos oportunidades de conocerse mutuamente.

“No es exactamente así”, replican los ministros del Gobierno, quienes también afirman que “la mejor manera de dejar constancia de lo que se enseña a los niños en escuelas religiosas es precisamente convirtiendo estos centros escolares en públicos, de forma que sea más fácil observarlos desde cerca. “Además”, dicen, “el hermanamiento entre diferentes centros escolares religiosos ayudará a fomentar el entendimiento intercultural”. De acuerdo con las palabras del doctor Muhamad Mukadam de la Asociación de Escuelas Musulmanas en el Reino Unido (AMSUK), los alumnos que asisten a escuelas religiosas obtienen, por lo general, mejores resultados que los alumnos de colegios laicos. Se cree que la ética religiosa que preconizan tales escuelas da como resultado estudiantes mejores y más atentos en clase. Pero los detractores afirman que esta circunstancia no es tanto producto de una educación religiosa, sino más bien responde al hecho de que las escuelas religiosas pueden elegir a sus alumnos, mientras que en las estatales no existe tal selección. No obstante, el jefe de la Comisión para la Igualdad Racial (CRE), Trevor Philipps, asegura que aquellos que se oponen a la política del Gobierno están en peligro al sugerir que “no se les puede confiar a los musulmanes la gestión de las escuelas de la misma forma que los cristianos lo han venido haciendo desde hace siglos”. En consecuencia, si el sistema actual de escuelas públicas patrocinadas por la Iglesia sigue vigente, el ofrecer a otras religiones sus propias escuelas es simplemente una cuestión de igualdad.

Sistemas en crisis

Todavía no está claro si la postura del Gobierno de Blair dará sus frutos en la complicada batalla contra la exclusión social y el fundamentalismo religioso. Sin embargo, el descubrimiento reciente de un presunto entramado terrorista en el que unos jóvenes musulmanes pretendían hacer estallar una bomba en las compañías aéreas transatlánticas sirve como ejemplo una vez más para darnos cuenta de la verdadera magnitud del asunto al que se hace frente. Por su parte, los que apoyan la política de Tony Blair señalan que la alternativa del modelo integracionista francés es un fracaso. Y así lo atestiguan las oleadas de violencia y los disturbios que se adueñaron de las zonas periféricas de París a finales de 2005. Estos altercados son prueba de que ni una defensa férrea de la separación entre la Iglesia y el Estado, ni una insistencia en que las comunidades de inmigrantes adopten las normas y los valores que determina el Estado, han conseguido mejores resultados que el modelo multicultural británico. Es más, si tenemos en cuenta que el 20% de los alumnos franceses vuelven este mes a escuelas católicas independientes, aunque con importantes subvenciones del Estado, está claro que ni tan siquiera en Francia el asunto está tan zanjado como a muchos les gustaría. Si a esto sumamos el hecho de que Turquía, Estado oficialmente laico, es hoy en día candidato oficial para adherirse a la Unión Europea, , es más que probable que la polémica sobre el uso del pañuelo en la cabeza en las aulas continúe debatiéndose después del próximo curso escolar.