Renato Guttuso: mujeres, estancias y objetos

Artículo publicado el 9 de Febrero de 2017
Artículo publicado el 9 de Febrero de 2017

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Renato Guttuso ha vuelto a Bagheria. Villa Cattolica reabrió sus puertas el 26 de diciembre de 2016, 105 años después del nacimiento del pintor siciliano. Los de Cafébabel Palermo hemos visitado para vosotros el Museo Guttuso tras su restauración.

Poco después de la curva que lleva a Villa Cattolica parece que no ha cambiado nada desde que hace un año y medio el Museo Guttuso cerró sus puertas. A riesgo de deteriorarse, su aspecto permanece inmutable. Sin embargo, el acceso lateral está abierto desde el pasado 26 de diciembre, día del nacimiento de Guttuso, que hoy tendría 105 años. Los trabajos de restauración se han terminado.

Al cruzar la puerta de acceso nos encontramos ante el complejo monumental de Villa Cattolica. Con el rabillo del ojo, a nuestra izquierda, podemos llegar a ver el azul del mar, reconfortante también en enero; a nuestra derecha, como suele ocurrir en lugares olvidados durante mucho tiempo, vemos una fábrica abandonada. Un amasijo de hierros que es como un puñetazo en el estómago.

El museo

Superado este pequeño trauma, se llega a la pequeña puerta interior del museo, que nos revela sus tesoros: la colección está distribuida en tres pisos. En la planta baja, hay una colección de «carretos» sicilianos, obra de maestros y miembros de las familias Ducato, Emilio Murdolo y otras. Sobre ellos Guttuso afirma: «Fueron ellos mis primeros maestros del color». En la misma planta hay una exposición de fotografías de Sicilia, casi todas en blanco y negro. En todas, las fotografías de Mimmo Pintacuda y Ferdinando Scianna inmortalizan los lugares, los hombres, las tradiciones que Guttuso apreció y odió durante toda su existencia.

El visitante, preparado para esta inmersión en el background cultural del pintor originario de Bagheria, está listo para adentrarse en sus pinturas y para subir a la primera planta, que constituye el corazón del museo. Las salas se suceden como un laberinto impenetrable en el que rostros anónimos, colores magnéticos y cuerpos expresivos parecen querer llamar tu atención. Con mirada escrutadora nos sumergimos en todo ello: mujeres en éxtasis, mujeres sin cara, cuerpos desconocidos, cabellos largos, mensajes sociales, paisajes verdes e incluso más rebuscados. Es un torbellino de emociones que te une íntimamente al pintor, te hace percibir lo que piensa, desde los primeros tímidos paisajes que realizó cuando tenía solo 13 años hasta los trabajos de sus últimos años, casi cercanos a la fecha de su muerte.                                                             Solo falta la última planta, la más luminosa, ya que desde todas las ventanas se divisa el mar. Aquí se encuentran obras y trabajos de artistas contemporáneos, aparte de numerosos diseños del propio Guttuso.

Pasado, presente y futuro del pintor, todo está presente en Villa Cattolica, en su Bagheria natal. En una entrevista con Indro Montanelli de 1959 Renato Guttuso dice: «Yo espero que mis cuadros me sobrevivan, al menos hasta doscientos o trescientos años después de mi muerte.» Después de salir de Villa Cattolica uno tiene la sensación de que su deseo se ha cumplido. El genio artístico, profundamente inspirado, continúa inspirando. En todos los artistas expuestos se percibe, con mucha fuerza, la huella de Guttuso, como una especie de alambre rojo que sostiene sus orígenes, su vida en movimiento y su arte.

La tumba

Su cuerpo reposa en el exterior de la villa, frente al mar, en la tumba que su amigo el escultor Giacomo Manzù realizó poco después de su muerte. No está dentro de un cementerio, sino cerca de sus obras, su arte, a la cual dedicó toda su vida. Es como si fuera un guardián puesto allí para asegurarse de que su inspiración no se eche a perder. Es lo último que veo antes de irme, para saludarlo y darle las gracias por tanta belleza.

Alzo los ojos y el mar siciliano, tan azul como siempre, permanece allí, reconfortante incluso en enero.