¿Resistirán los europeístas?

Artículo publicado el 8 de Mayo de 2006
Artículo publicado el 8 de Mayo de 2006

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Aunque Europa haya tenido éxitos, está en crisis. Los europeos temen al paro, al extremismo radical, o a la entrada de Turquía. Sólo ahora empiezan a entender que Europa existe.

En la actualidad los medios son unánimes: nunca le ha ido tan mal a Europa como ahora. El juicio hiere. Tampoco nunca antes hubo tanta Europa como hoy en día. A mediados de los noventa, muchos países levantaron con el acuerdo de Schengen los controles en sus fronteras. En 2002, 12 países introdujeron el Euro y dos años después la Unión Europea se amplió en un histórico avance hacia el Este.

Una Europa con experiencia pero en prácticas no remuneradas

En el ínterin la euforia se ha desvanecido. El “Non” de los franceses a la Constitución europea el año pasado demostró que muchos ciudadanos de Europa occidental ya no ven a la Unión como una oportunidad, sino como la causa de sus problemas. Y el problema es el paro. Particularmente afectados se ven los jóvenes, al no encontrar trabajo tras su etapa de formación. El paro juvenil alcanzaba en 2005 el 15% en la UE, y en Francia e Italia se situaba en torno al 20%. Otros se tienen que conformar con prácticas o con trabajos mal remunerados. “Hoy es casi imposible encontrar un buen trabajo”, comenta Fanny, una joven francesa de 23 años. “Muchas empresas cubren con unas prácticas un puesto de jornada completa, y aún así no quieren remunerarlas”. Por ello, Fanny ha decidido -tras la finalización de sus estudios- unirse al movimiento Generación Precaria, que también podría llamarse “Generación Incertidumbre”. Esta iniciativa anima en su página web a becarios a que comenten sus experiencias de prácticas profesionales y a recoger firmas para una petición que desean elevar al Parlamento europeo en pos de mayores derechos para los becarios.

La política comunitaria es para los jóvenes de la Generación Precaria demasiado neoliberal, y en este sentido, también Fanny votó en contra de la Constitución en mayo del año pasado. Su compromiso va más allá de las fronteras de su país. “Hemos comprobado que también existen en Alemania iniciativas con los mismos objetivos”, comenta. En febrero, se reunió su Generación Precaria con representantes alemanes de la asociación Fair Work (Trabajo Justo). Como resultado, la “Generación P”, donde “P“ vale lo mismo para “Precaria“ que para “Prácticas”. La cosa desembocó en una manifestación algo floja que tuvo lugar el 1 de abril en Berlín, París y Viena. Los jóvenes desfilaron con máscaras blancas por las calles. “Soy sustituible por cualquiera, el mercado de trabajo no me necesita”, tal era el lema y un sentimiento que comparten muchos jóvenes del oeste del continente.

Islamofobia a toneladas

Pero no sólo preocupa a los europeos su futuro laboral. Un informe de la Federación Internacional por los Derechos Humanos anunciaba en Helsinki en marzo de 2005 un “aumento de la desconfianza y la animadversión” hacia la minoría musulmana de la Unión Europea. La causa de tal desconfianza parecía ser los atentados islamistas. No se salvan ni aquellos países que juzgaban sus políticas de inmigración como ejemplares. En el invierno de 2004 se produjo la muerte del director de cine Theo van Gogh en los Países Bajos. El autor fue Mohammed Bouyeri, un islamista fanático con pasaporte holandés y marroquí. Las consecuencias después del “Fin de la tolerancia” fueron sonadas en Holanda. Así, en la ciudad de Rotterdam entró en vigor un código de ciudadanía que obligaba a los ciudadanos a hablar holandés “en la escuela, en el trabajo y en la calle”. La ministra de Inmigración Rita Verdonk, conocida por su línea dura, quiere ahora extender ese código a todo el país. Ideas similares se han dejado oír también en Gran Bretaña tras los atentados en el metro de Londres. En el país anglosajón se discute sobre un examen en el que los inmigrantes deban demostrar su conocimiento de la cultura británica si quieren ser ciudadanos británicos. Una idea que también va tomando fuerza en Alemania y Austria.

La perenne mala fama de Turquía

Esta discusión sobre la integración de los musulmanes ha traído cola en el seno de la Unión. Aquí la cuestión se centra en si Turquía debe o no pasar a formar parte de la Unión Europea. Según una encuesta del eurobarómetro de diciembre de 2005, sólo el 31% de los encuestados se mostraba a favor de la adhesión de este país. Más de la mitad se declaraba contraria. Turquía se situaba en el último lugar del ranking de candidatos a la entrada según la encuesta, por detrás, incluso, de países como Serbia-Montenegro y Albania. Durante mucho tiempo, fueron sólo los populistas los que se movilizaban contra la incorporación de Turquía, mientras que ahora cada vez más líderes conservadores dan a entender que no son partidarios de tal adhesión, como es el caso de Nicolas Sarkozy en Francia o de Ángela Merkel en Alemania.

También en la sociedad civil se agita la resistencia. Un ejemplo de ello es la asociación checa European Values (Valores Europeos). “Europa debería definir su propia identidad antes de que Turquía pueda entrar en la Unión”, manifiesta Anna Matuskowa, de 27 años, activista y representante de la asociación. European Values organiza -con el apoyo de la Fundación Honrad Adenauer-, próxima a los democristianos alemanes, discusiones sobre la identidad europea. Cuando se le pregunta a Matuskowska qué es para ella la identidad europea, hace referencia a “la Ilustración, el Racionalismo empírico y los Derechos Humanos”, y por ello no ve lugar para Turquía en el Club europeo.

Argumentos como éstos no son la primera vez que los oye Ahmet Evin, profesor de la Universidad Sabanci de Estambul, pero no pueden convencer a los politólogos. “Muchos europeos consideran a Turquía como un Estado islamista. Son pocos los que saben que en la Turquía moderna, iglesia y Estado están separados”, dice. Evin ve el actual rechazo a la entrada de Turquía como una consecuencia de la crisis interna que sufre Europa. Los políticos intentan utilizar el miedo al islam relacionándolo con el tema de Turquía. Mientras tanto, el Parlamento europeo también se muestra escéptico con respecto a Turquía. A mediados de marzo, aconsejaba concluir la reforma de las instituciones antes de la próxima ampliación.

¿Se encuentra Europa en la crisis más difícil de sus Historia? Puede ser. Las discusiones sobre la crisis de la Unión Europea muestran que la simpatía hacia Europa empieza a tambalearse. Muchos critican a la Unión por su política, pero si lo hacen es porque se sienten europeos. Como Fanny, becaria en París, que aunque votó hace un año contra la constitución, hoy proclama: “Quiero cambiar las cosas y no sólo decir que ‘No’: en definitiva, quiero ser una europea convencida”.