Retrato de los padres enterradores

Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2003
Publicado por la comunidad
Artículo publicado el 18 de Diciembre de 2003

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Los dirigentes de la Unión han sido incapaces de superar sus divisiones. Ponen la Constitución en peligro. Y con ella a Europa.

La detención de Sadam ha desviado la atención, pero no ha cambiado la triste realidad. El proyecto de constitución europea no ha sido adoptado. Fracaso relativo, ya que un compromiso mínimo o un entierro definitivo hubieran sido peores. Pero fracaso evidente, ya que el 95% del texto tenía el consenso y un último acuerdo era posible.

¿Quién es el responsable?

En primera línea, el gobierno polaco. Todavía en camino y ya bloqueado. Justo detrás, el español, Aznar, más nacionalista que europeo, más de Washington que de Bruselas. Pararlo todo no le importa. Ambos querían mantener el privilegio desorbitado que fue acordado en Niza: pesar casi tanto como Alemania en número de voces en las votaciones del Consejo. Como punto de partida, era comprensible. Mantenerlo hasta el final, inadmisible.

Responsable también el presidente en funciones del Consejo, Berlusconi. Su eminencia no ha estado a la altura de su suficiencia. Justo antes de Bruselas, anunció altanero tener la solución en el bolsillo. Ya en harina, exigió terminar antes del partido del Inter de Milán contra el Bolonia. En el almuerzo crucial, lanza un hablemos de mujeres y de fútbol. Con el asunto terminado, y malogrado, se congratula, afirma sin reír que todo el mundo le ha felicitado, desaira a los periodistas diciendo que conoce el manejo de los hombres y añade que ha agradecido a los demás su presencia llamándoles por su nombre de pila.

Prodi evita estas vulgaridades, sin ser en realidad más eficaz. Tras haber criticado, incluso torpedeado el proyecto de constitución, estaba mal situado para defenderlo y no lo hizo hasta que concluyó la cumbre.

Chirac no podría exculparse de sus errores. Los primeros, en Niza en 2000, fuente de muchos males. Los más recientes, que han jalonado 2003: los nuevos miembros invitados a callarse, el Pacto de Estabilidad pisoteado. Los últimos, in situ, donde daba la impresión de que no hacía falta cambiar nada. Gracias a lo cual desfila como europeo intransigente y reemplaza a las calendas griegas la molesta decisión sobre un referéndum en Francia, lo cual es acomodaticio. Y la guinda, apenas consumado el fracaso, lanza una llamada para constituir grupos pioneros. Para qué enfrentar un poco más a la mayoría de los otros contra nosotros, y, por otra parte, para qué torpedear a Europa si todo se realizara como se ha sugerido.

¿Cómo salir?

Los que nos gobiernan no se interesan por Europa si no es bajo presión. La de los medios de comunicación, los ciudadanos, los acontecimientos, los calendarios. Muchos de ellos enterrarían la constitución sin más lágrimas que las de cocodrilo. Sus defensores no deben ceder. Oficialmente todos los gobiernos, a la cabeza el belga, el alemán, en circunstancias normales el francés, el italiano, el danés, el húngaro, el checo, el holandés, y, en cierta medida, el propio Blair. El Parlamento europeo quiere la constitución. Giscard, Amato, Dehaene, los Convencionales continuarán defendiéndola, incluidos los parlamentarios nacionales. Last not least, númerosas asociaciones, una multitud de ciudadanos europeos... Dejados de la mano, los gobernantes pueden aflojarse. Bajo presión, flaquearán.