Revolución digital y democracia: Instrucciones de uso

Artículo publicado el 7 de Noviembre de 2011
Artículo publicado el 7 de Noviembre de 2011
La revolución digital no se puede demonizar, pero tampoco exaltar y presentar como el único camino que nos lleva al futuro. Después de haber evidenciado los riesgos de la superficialidad de la militancia política en Internet, cafebabel.com da espacio a un análisis completo y exhaustivo. La democracia digital aún tiene que florecer.

La Red es aquello que nosotros hacemos de ella, como cualquier medio de comunicación. Cuando la radio, la televisión o incluso el teléfono vinieron al mundo, muchos soñaron un mundo nuevo donde la difusión de información y la educación nos llevaran a una nueva sociedad iluminada. Fueron la propaganda totalitarista primero y el consumo de masas después los que nos mostraron que los medios de comunicación no hacen otra cosa que transportar contenidos y que nosotros, los ciudadanos, tenemos la función de defender su calidad. El gran desafío de los próximos años es enseñar a la gente el poder, el valor y la belleza de la información y la confrontación democrática.

Ni el paraíso ni el infierno

Leer "Entre Breivik y Khaled Said: una revolución digital" en cafebabel.com

¿Tiene la Red un papel reservado en la democracia? Claro que sí. No solamente pensando en cómo Internet cambia las prácticas democráticas, sino al hecho irrefutable de que la gente lo usa para observar a la democracia (y casi a cualquier otra cosa). La Red es la única plataforma de comunicación en continua expansión, la única capaz de mezclar las bondades y maldades de todos los medios de comunicación que la precedieron. Internet es un amplificador, un acelerador de cualquier cosa que hemos visto previamente y, al mismo tiempo, un lugar para experimentar y crear nuevas formas de interacción. No es ni un El Dorado ni una maldición, simplemente una tecnología que está cambiando a la sociedad radicalmente.

Algo bien distinto es si la Red tiene o no un efecto democratizador. Desde un amplio punto de vista, una comunicación plural dentro de una sociedad es beneficioso para la democracia: permite a los ciudadanos buscar y encontrar la información que necesitan para tomar decisiones y hacerse una opinión con la que irán a votar. Generalmente aumenta la responsabilidad, haciendo más visibles y juzgables los comportamientos antidemocráticos de los poderosos. Sin embargo, muchas y razonables dudas han surgido sobre los peligros de un flujo de información demasiado potente y fuera de control.

Los riesgos

Todo esto configura tres dimensiones de riesgo potencial para la sociedad. Una es la proliferación de mensajes que incitan a la violencia o que ofrecen falsas informaciones fomentando el odio. El caso del vídeo del ultraderechista noruego Anders Breivik ha causado furor en este sentido, pero es difícil que estos mensajes tengan una difusión global y el propio Breivik no habría alcanzado la fama sin la publicidad de uno de los actos más infames jamás vistos.

La segunda dimensión de riesgo es más peligrosa, y multiplica los peligros de la primera. Se trata del efecto de la camaradería de la Red, que permite a grupos de personas con puntos de vista o intereses comunes crear una comunidad online impermeable a las influencias externas. Esto no es un problema muy grave si el interés en común fuera, por ejemplo, Star Trek, pero es muy preocupante cuando tiene que ver con nostalgias hitlerianas. Es verdad que ni los fans de Star Trek ni los grupos neonazis son una novedad en Internet, pero cómo ya hemos dicho Internet amplifica el significado de cualquier mensaje y permite la coordinación entre elementos que no podrían de otra forma entrar en contacto. De hecho, mucho se ha dicho y escrito ya sobre el papel que ha jugado Internet en el proceso de dar forma a las redes de extremistas islámicos de Al Qaeda.

La tercera dimensión peligrosa es la otra cara de la moneda de una de las más intrigantes propiedades de Internet, su gran capacidad de movilización. Esta es la característica que genera la mayor parte del discurso actual sobre Internet y la política. Se ha repetido hasta la saciedad cuál ha sido el papel de Internet en la Primavera Árabe, en la campaña electoral de Obama o entre los Indignados: Internet puede estimular las formas de movilización política, es un hecho comprobado. Pero el ejemplo de los disturbios en Londres muestra que tal tumulto puede ser incontrolado y carente de reivindicaciones políticas: aquellas que hayan sido las múltiples causas de los disturbios, la evolución de una protesta contra la violencia de la policía y la muerte de un hombre en un gran caos de incendios y saqueo compulsivo nos hace ver que algo se ha ido fuera de control: ya sea en la sociedad cómo en las dinámicas que han llevado a tales movilizaciones.

La crisis de Occidente, el deseo de cambio, el déficit democrático causado por la oxidación de décadas de sistema liberal, están en estos días llevando a miles de ciudadanos a manifestarse en las calles. Es verdad, como muchos críticos señalan, que falta un diseño común, una propuesta de alternativa creíble, pero esto es, quizás, solo el inicio, la chispa que encienda el cambio que gracias a Internet y las redes sociales ha tomado una dimensión global. ¿Será el próximo paso la discusión, el debate, la construcción colectiva de una nueva democracia?

Las semillas de la e-democracia

Hay numerosos ejemplos de cómo la Red puede ser usada para una movilización consciente (un ejemplo es Avaaz), para crear movimientos políticos participativos (por ejemplo, American Elect), formas de periodismo ciudadano (cafebabel.com o el más célebre Huffington Post) o foros de debate meditado (por ejemplo, “Economist debates” ha creado una ágora virtual para debates en estilo oxfordiano). Estas son las semillas de la e-democracia: busquémoslas, analicémoslas, difundámoslas y juntos contribuiremos a crear una nueva y sana democracia.

Lorenzo Marini estudia un doctorado en Comunicación Social en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona.

Fotos: portada (cc) charamelody/flickr; texto (cc) Pantomas/flickr